domingo, 28 de diciembre de 2014

¿Me pones una canción?



-Hola, Señor, ¿me pones una canción?
Juan se dio media vuelta y no pudo contener la sonrisa, ni la sorpresa.
-Perdona, ¿cómo has dicho, pequeña?
-Si me pones una canción.
-¿Una canción? -repitió confundido mirando a todos lados en busca de los responsables de la niña que tenía sentada en un taburete demasiado alto para ella, como demasiado negros y expresivos los ojos que lo estudiaban esperando una respuesta.
-Sí, una canción.
-¿Dónde están tus papás?
-Ahora vendrán -respondió serena-. Entonces, ¿me vas a poner una?
Juan se echó el trapo para secar la vajilla al hombro y se giró hacia el reproductor de música. "¿Y qué le pongo?" , pensó, "¿me estoy haciendo demasiado mayor ya o qué?". La petición le resultaba incluso más compleja que la de cualquier sábado noche.
Ojeó uno a uno los cds y los vinilos ordenados en las estanterías y se volvió para comprobar que su pequeña clienta continuaba frente a la barra, apoyándose con los codos en ella para evitar caerse del asiento.
Eligió a Joe Cocker y la belleza de una de sus baladas "You are so beautiful". En cuanto sonó la voz ronca del cantante de Sheffield, observó a la niña.
-¿Te gusta? Es Joe Cocker. Y tú, ¿cómo te llamas? Yo soy Juan.
-Yo, Amalia. Dice mi mamá que quiere decir "amorosa".
-Es un nombre muy bonito. 
Amalia sonrió. Bajó la cabeza como intentando evadirse de la conversación para escuchar mejor la música y en cuanto acabó la canción, con un saltito bajó del taburete, dio las gracias y se fue.

Juan se pasó todo el día pensando en Amalia. ¿Qué hacía una niña tan pequeña en su bar? ¿Y por qué le había pedido una canción? ¿Y su familia?  
Al día siguiente, más o menos a la misma hora, la pequeña volvió a sentarse frente a él.
-¿Me pones una canción, Juan?
Y Juan, sin saber muy bien por qué, se sintió contento y lo hizo encantado. De hecho, por la noche había pensado en un tema mejor para Amalia, algo más alegre, la Motown y las Supremes, o algo de Tina Turner o sus incombustibles Deep Purple, Los Suaves, Loquillo, Rosendo, la movida madrileña, los ochenta, los noventa ¡Sí! ¡Uff! Había tanta música que enseñar y compartir...

La sonrisa de Amalia se convirtió para Juan casi en una droga. La niña no pedía más, ni menos. Es que ni siquiera le dirigía con sus gustos. Simplemente se colocaba frente a él y esperaba a ser atendida. En el bar empezó a convertirse en casi una tradición la visita de la pequeña. Nunca aparecieron sus padres a por ella y Juan también desistió de preguntar por ellos. A Amalia parecía no faltarle de nada, iba bien vestida, se la veía bien alimentada y lo único que mostraba era interés musical. Juan era un amante de la música en todos sus géneros y estilos. No le hacía ascos a nada excepto a lo electrónico y a la nueva era, para la que reconocía que le había pillado el toro. Rondaba casi los 50.

Se acostumbró tanto a la presencia de Amalia y a su divertida forma de subirse casi escalando al taburete para pedirle una canción, que se dio cuenta de lo mucho que había echado de menos poder compartir una de sus pasiones con alguien más. Para la música no había edad, por suerte. Daba igual quién fuera quién. Solo se trataba de sentir. A Amalia parecían gustarle las recomendaciones de Juan. Nunca protestaba. A lo sumo, torcía un poco el labio cuando una canción no le había satisfecho. 

Estaba a punto de acabar el año cuando al salir por la puerta, Fede, un cliente habitual del bar de Juan, saludó a Amalia al cruzarse con ella en la puerta.
-Fede, perdona, ¿conoces a esa niña?
-¿Y quién no, Juanito?
-¿Quién es? ¿Vive por aquí?
-No. ¡Qué va! Vive en Irun. Pobrecita. Bueno, pobrecita ella y pobre de su madre. Son vecinas de mi cuñada.
-¿Por qué pobres?
-Su padre falleció en un accidente de coche hace unos meses cuando llevaba a su otra hermana al colegio. La pobre criatura ha quedado con secuelas y continua en la UCI. Ahí enfrente -dijo señalando el hospital-. La madre es una chica joven que no tiene más familia aquí y la verdad, no sé cómo se las apaña con Amalia cuando sube a ver a su otra hija. No dejan entrar niños y un hospital no es un buen lugar para un crío... ¡ni para nadie, por Dios!
-¡La deja aquí! -exclamó de repente Juan, conmovido y confuso-. ¡Amalia pasa aquí el rato en que su madre está en el hospital con su hermana!
-¿Todos los días?
-Sí, Fede. ¡Joder! ¡Pobre criatura! Si es una niña inteligentísima...
-Nadie dice lo contrario. Le ha tocado una experiencia de mierda en la vida. Al menos, ¿le estarás poniendo buena música, no?
-Se hace lo que se puede -rió Juan sin salir de su asombro.
-El padre era músico. Llevan melodías en las venas esas niñas.

Al día siguiente, y casi sin haber dormido por la inquietud que la noticia le había causado, Juan esperó a que llegara Amalia para ponerle una canción especial: Here Comes The Sun de los Beatles. Había tomado la firme determinación de no decirle nada sobre lo que Fede le había contado. 
Pasaron meses. E incluso un par de años en los que Juan se dedicó a descubrirle música a Amalia y al mismo tiempo, a reencontrarse consigo mismo. Fueron unos tiempos fabulosos. La quiso como la hija que nunca tuvo y por muy extraño que fuera, la admiró como a la amiga a quien le confías tus secretos.

Un día Amalia dejó de ir al bar, y otro, y otro, y como si el corazón se le hubiera lacerado por dentro, Juan comenzó a sufrir unas fuertes arritmias que no lo abandonarían hasta unos años después de su jubilación. Su mujer le decía que la pena por esa niña lo había herido por dentro. Él, siempre quiso pensar que la hermana de Amalia había salido del hospital y se había recuperado milagrosamente y que la niña, su pequeña discípula musical, sería feliz en algún lugar del mundo junto a su madre o junto a algún hombre que se perdería en la profundidad de sus enormes ojos negros. Solo deseaba saberla bien.

El día más feliz de su vida no se dio hasta aquella tarde de diciembre, un día de los Inocentes, en que tumbado en el sofá escuchaba Radio 3 y de repente, la locutora, puso nombre a su vida entera:

-...y esta tarde tan desapacible, amigos oyentes, vamos a regalárnosla con este tema del maestro de Sheffield fallecido hace una semana. Joe Cocker y una balada maravillosamente dulce, "You are so beautiful". Fue la primera canción que me regaló mi mentor, un barman del barrio de Amara cuando era una niña, meses antes de que mi hermanita muriera. Un tema que puede arrancar la sonrisa de un niño en las peores circunstancias y grabarse a fuego en las entrañas de cualquier persona dispuesta a vivir. Gracias, Juan, allá donde estés, por transmitirme tu amor por la música compartiéndola conmigo. Disfrutad, amigos oyentes, aquí en Radio 3, Amalia Amorosa. Un placer...

El lunes el cardiólogo no entendió el resultado del electro de Juan.
-Juan... esto... tu corazón...
-¿Qué? ¿Qué? -preguntó asustado mirando a su esposa.
-Está curado. No hay ni rastro de arritmia, no hay anomalías, ¡no entiendo qué has hecho! Pero... ¡continua! 
-Ha sido la niña -repuso orgulloso abotonándose la camisa-. La niña ha vuelto.

Por la tarde, abrazado a su mujer en el sofá, escucharon el programa de radio de Amalia Amorosa. Se sentía pletórico. Su mujer también, sin entender muy bien por qué habían recuperado la alegría. ¡Qué fuerza más incomprensible tiene la música que te empuja y te arrastra de un estado anímico a otro! 
Amalia ponía canciones, daba datos sobre los autores y contaba anécdotas que Juan imaginaba serían inventadas o redactadas por los editores del programa. Se reconocía en muchos de los guiños de la locutora. Y para su fastidio, comprobó que la pequeña había optado por sumarse al grupo de "los raros" y escuchaba mucha música "indie".

-Indie, indie -refunfuñaba hacia su esposa-. Indie, indie... no sé qué se pensarán estos que es la música... ¡Papanatas!

Su mujer no decía nada y escuchaba. No le gustaba todo, pero había canciones que no estaban mal y sabía que aunque gruñón, Juan estaba disfrutando de lo lindo de esos temas, porque para bien o para mal, él también había aprendido que la música es vivir, y la vida, sentir.

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Hace más de un mes, en el taller de escritura que dirijo en la Biblioteca Ikustalaia de Irún, presenté esta imagen que había encontrado en la red al grupo para que me contaran la historia de esta niña. Mi sorpresa fue que para todos ellos (o la gran mayoría), la imagen les producía mucha melancolía y les costó mucho llevarla a puerto. Yo, en cambio, tuve una idea que durante un mes no he podido soltar y es que a mí me sugiere mil historias...

Me he decantado por la de la niña que pide canciones porque tengo una auténtica devoción por todos aquellos que utilizan el lenguaje musical para expresarse, para demostrarte su amor, su compañía, su colegueo, su "lo que sea". Soy una mujer muy afortunada porque durante toda mi vida me han regalado muchísimas canciones en momentos especiales y en días anodinos convirtiéndolos así en mágicos y no pienso dejar de recibirlas porque siempre me sentaré en taburetes imaginarios como Amalia a esperar canciones que me hagan sentir. Y siempre, siempre, prometo tener canciones para quien las necesite o las quiera. Estamos para compartirnos, y de ese lugar sí que no me quiero bajar.

Acaba el año, dedico con mucho cariño esta entrada a Juanito, mi coleguita musical vía Twitter de los últimos tiempos y todos aquellos que habéis llenado mi gramola durante el 2014 con nuevos ritmos. 
2015 besos, 
2015 abrazos,
2015 canciones...
y no os olvidéis de sonreír.
Hay muchísimas canciones por descubrir.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Me lo pido... 2015


Cada año por estas fechas ando raruna porque hago balance. Creo que se ha convertido en costumbre no comprenderme ni yo. Pero el caso es que creo que hacer balances en diciembre es necesario. Al menos para mí que me paso los días ideando nuevos proyectos. 
Hay una gran diferencia entre pensar y actuar. Como en todo, vaya. Como en todo.
Hay tan abismal diferencia entre decir y callar, venir o marchar, sostener o soltar...

Que aquí estoy, un diciembre más, valorando esta vez la necesidad de rescatar las batallas que ha habido que lidiar, sin saber si realmente sirve de algo mirarse las cicatrices. Ellas solo son una marca del camino, pero no el camino, ni tan siquiera el destino. 
No, este año no quiero mirar atrás. No hay lástimas, ni penas, ni arrepentimientos, ni momentos que destacar por encima de otros porque todos ellos me han conducido hasta estas líneas. 

2014 batallas mías y tuyas que me lees. ¡A ver si me pienso que la única que ha tenido un año movidito soy yo! ¿verdad? Pues no. Cada uno ha tenido lo suyo y ahí se queda, en cada hoja de calendario que hemos ido arrancando. Todo llega y todo pasa. No hay mal que cien años dure. 
A quien madruga Dios le ayuda. (Ja, este no pega pero es que me quiero reír).

Sí. Me reafirmo y lo repito. Quiero reír. Reír de todo y empezando por mí. Por mis dramas y mis excesos. Por mis carencias y mis deseos. Reírme de los desastres y las alegrías, reírme por ti, por mí y por todos mis compañeros. Quiero reírme de las lágrimas tristes y de las alegres. Y es que quiero sentir.

Quiero sentir ganas. Entusiasmo. Alegría. Coraje. Quiero salvarme como sea de este aire gris que envenena el cielo y a algunas personas. Quiero escaparme de quienes necesitan el lado oscuro para reafirmarse. Quiero sentir empatía, quiero sentir ternura, deseo, pasión. Quiero sentir el corazón latiendo, la vida, el amor. Quiero crear mi Universo Favorito. Rodearme solo de aquellas personas que estén dispuestas a hacer bueno y bonito. Personas dispuestas a equivocarse mil veces en su intentona por ser felices y reír. Gente que "la caga" porque "lo intenta", gente que en el intento, también gana. 

2015 besos.
2015 abrazos.
2015 sonrisas.
2015 carcajadas.
2015 orgasmos.
2015 canciones, lecturas, obras de teatro, conciertos, pasiones...
2015 versiones mejoradas de nosotros mismos.

Me lo pido, 2015. Quiero que este sea un gran año. Para mí, para ti que me estás leyendo y lo afirmas con dudas... es tan grande la inercia de que todo acaba por torcerse tarde o temprano que enseguida desfallecemos. ¡Pero no! Si el 2014 tuvo que ser el año de la Templanza para mí, este año, me consagro a la alegría, al buen rollo y al amor. Siempre tengo la frase de Gandhi en la mente: "sé tú el cambio que quieres ver en el mundo". Y que sigan tachándonos de locos, excéntricos, solitarios o difíciles. En realidad, creo que nos miran con ganas de sentir algo parecido a la locura aunque sea un momento. Porque para algunos, la dicha no nos es efímera. Con sus días mejores y peores, con nuestros problemas, que haberlos haylos, pero ¿cuál es el enfoque que quieres darle a tu mundo? 

Este año, me conmovió una frase que escuché:
-Era diferente. Era genial. Estábamos hechos una mierda, pero nos reíamos. Éramos capaces de darle la vuelta a todo. Me hacías mucho bien. Y yo a ti.

Me pido 2015 declaraciones así. Me pido 2015 pasos al frente. Me pido 2015 ataques de sinceridad.
Me pido 2015 honestidades brutales. Me pido 2015 amperios de amistad.
Canta Ruper Ordorika que hay que cuidar aquello que uno quiere. Otra lección a repetir en este 2015. ¿Quién no tiene que refrescar esta materia? Siempre os lo digo, ¡al lío! El mundo es de los valientes, de aquellos que no tienen miedo a soñar despiertos, aquellos que se atreven a visualizar 2015 escenarios diferentes dentro de su vida, porque todo, absolutamente todo, es relativo. Incluso estas palabras. Me pido 2015 letras y lectores, ¡por qué no! Me pido 2015 voltios de energía para llegar a todo. 2015 manos en el camino que me ayuden (como veis acepto mancos), 2015 chistes malos, 2015 aplausos, 2015 viajes, 2015 días y más y más y más, celebrando que aún estamos a tiempo de cambiar el mundo, aunque no sepamos cómo. 

Me pido 2015 sueños por cumplir. 
Me pido 2015 ilusiones.
Y es que sin ilusión, uno no puede vivir. 

Feliz Navidad personitas de mi blog. 
Gracias por haber llegado a este diciembre conmigo y por continuar 2015 veces más, porque también lo pido. La niña que habita en mí ha salido de paseo y en vez de ver anuncios de la tele ha visto escenas que quiere vivir... ¿te apuntas a resintonizar mi canal? Tiene 2015 opciones diferentes de hacerte feliz. Vamos poco a poco, no estamos solos, solo hace falta, como decía Mary Poppins -a la que años después plagió Celia Cruz-, "un poco de azúcar". 


Estoy segura de que si elegimos bien los apoyos y aprendemos a compartirnos, a todos nos irá mucho mejor. Me pido 2015 tardes de cafés o cervecitas. Me pido 2015 no-resacas (jaja, aquí he estado espabilada). Me pido 2015 compañías cuando haga falta y 2015 soledades cuando las necesite.
En realidad, lo bueno y lo bonito, me lo pido, 2015. 
Y que enero empiece siendo un Carnaval,
"azúcar" mi gente. Como dice la Gran Celia... "I am very glad, enjoy the show!"
(Estoy muy agradecida, disfruten del espectáculo).
Así que... a por los 2015 bailes.
Feliz 2015. Que nos lo merecemos.


2015 Besos

domingo, 23 de noviembre de 2014

A pesar de todo


No añadió nada más cuando volvieron a verse tras aquella amarga despedida en la estación. Ella solo dijo:

-A pesar de todo, te besaría.

No obstante, no lo hicieron. No es que hubiera espectadores en el lugar donde casualmente se habían encontrado, ni impedimento alguno. Ni siquiera había falta de deseo. No. Ambos solo querían observarse. Encontrarse en la profundidad de la mirada, como si ella fuera la carretera que conduce al espacio donde se almacenan los recuerdos bellos. Donde habitaba aún la memoria viva de lo que juntos fueron y que, por circunstancias, no había podido alargarse en el tiempo. 
Se miraron sin reproches, sonrientes como adolescentes nerviosos. Temerosos de romper el silencio con alguna frase impropia. Pero a él le podía la curiosidad y preguntó:

-¿Es cierto? ¿Aún me besarías?
-...
-Pensé que nunca me perdonarías. Pensé que no querrías volver a verme, ni a saber de mí.

Ella guardó silencio porque con su afirmación, no era necesario entrar en detalles. No iba a contarle todo el esfuerzo que le había costado asimilar la ruptura, la pérdida, el abandono, las mentiras, las ausencias, los silencios, los errores... 
No merecía la pena contarle cómo muchos días al entrar en la ducha se frotaba con la esponja como si estuviera lijándose la piel para poder borrar de ella sus caricias. No; no le iba a contar que había vomitado al pensar en él y no por asco, sino por la repulsa que la separación tan inesperada le había generado. No; no iba a decirle que le había costado horrores volver a mirarse en el espejo y quererse a ella sola, pudiendo mirarse desnuda en él sin imaginar la silueta de su cuerpo abrazándola o dibujándola sobre el cristal. No; no le iba a decir nada de todo aquello porque él no tenía por qué saberlo. Porque ante todo y después de todo, sobre todo, a pesar de todo... ella lo besaría. 

Y lo haría porque lo quiso, porque lo respetó, porque lo comprendió hasta en sus más incomprensibles acciones y porque le permitió ser él mismo, sin necesidad de ajustarse a la medida de lo que ella soñaba como príncipe azul. Lo besaría porque la hizo crecer, porque la hizo mejor, porque fue su compañero y a pesar de todos los errores, a pesar de lo bueno y lo malo, él por siempre iba a formar parte de ella. 

Lo besaría porque después de todo lo había perdonado. Y porque después de tanto silencio, lágrimas y tiempo, también había conseguido perdonarse a sí misma y también se besaría con ternura.

Uno no elige jamás de quién se enamora, pero sí elige a quién besar.


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Banda sonora, My girl y los fantásticos The Temptations.
Decidme que no os pondríais a bailar ahora mismo imitándolos -tremendo el vídeo- o abrazando bien fuerte a alguien, dejando que el influjo de los años sesenta se adueñe de vuestros latidos. Aysss...

Os dejo este vídeo exquisito de mi poeta del alma Januman, compi blogger desde mis comienzos, con uno de sus poemas que a fuerza de leerlo y disfrutarlo ya he hecho muy mío, tan mío...
Perdón. Del mismo modo que siempre toca hablar de amor, siempre es necesario hablar del perdón. Todo está perdonado, todo pertenece al pasado.


Perdón, 

sí, 
perdonarse y perdonar 
los inevitables errores de estar vivo 
para vivir por fin sin temor a equivocarse.

Januman 
-Copyleft-

Que tengáis una semana maravillosa. Noviembre ya se acaba, ¡menos mal!
Besos mil, palabras infinitas e historias para no aburrir. ¡Muaks!

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Ana y los sueños

Edward Hopper: "El pintor del silencio y la soledad".
Ana se enciende otro cigarro y echa el humo por la ventana mientras contempla el paso de las nubes. Está anocheciendo. Hace frío. Tiene las manos congeladas pero no le importa. Los colores del otoño bien merecen un resfriado. Además, necesita aire. Con la última calada aspira también el vacío. Nunca le ha gustado noviembre. 

Ha cambiado de marca de tabaco porque ha pensado que así, tal vez, esté comenzando algo nuevo. Aunque sea una nueva pregunta en un nuevo encuentro, casual, como antes:
-¿Ahora fumas esto?
Y ella tendría una respuesta ocurrente. Una idea nueva, un hilo del que empezar a tirar hacia un nuevo lugar. Nuevo, nuevo, nuevo. Lo repite constantemente. Lo necesita. Porque no puede continuar viviendo de recuerdos viejos.

Si fuera sorda hubiera sido más fácil. O muda. O fea. O invisible. Él no le hubiera confesado sus sueños, ella no se hubiera creído capaz de cumplirlos y ninguno de los dos hubiera esperado nada del otro. Quizá tampoco hubieran tenido una bella historia. Sin embargo eso ahora le da igual. Anochece y hay demasiado silencio a su alrededor. Ha llovido y la humedad ha calado hasta el alma. No ha llorado porque no le quedan lágrimas. Hace poco leyó en una revista que las mujeres pueden hablar más que los hombres porque sus cuerdas vocales son más cortas y liberan menos aire al transportar el sonido. Sonríe porque ha pensado una tontería. Se ríe imaginando que es cierto; quizá esté cambiando de sexo y no se ha dado cuenta porque ya apenas se comunica con nadie.

-Prométeme que aunque yo te haya fallado, no dejarás de creer en el amor.
Sigue mirando por la ventana. Solo las farolas iluminan la calle. Se escucha algún perro ladrando a lo lejos. Parecen lobos aullando a una luna demasiado llena. Cualquiera diría que está sumida en sus pensamientos y en cambio, todos estarían equivocados. Ana está dejándose llevar por sus latidos. Pum, pum, pum, pum. 
Hubiera sido mejor no haber escuchado nada. No haber sabido nada. No haber dejado entrar a nadie hasta las entrañas de su cocina y de su cuerpo. Hubiera sido... más... ¿triste? ¿Más triste que la tristeza?

No le dijo si cumpliría o no la promesa. De hecho, no le respondió. 
Toma un café antes de volver a mirar al infinito. Ella nunca le ha contado sus sueños a nadie. Ni siquiera a él. Él tampoco preguntó. Aunque de haberlo hecho, no está segura de si le hubiera respondido. Un sueño ajeno pesa mucho en la espalda. Es una mochila que cuesta mucho cargar si no estás dispuesto a cumplirlo. 

Se acuesta y antes de dormirse un último pensamiento la deja paralizada:
¿Y si la respuesta hubiera sido un sí?
Se gira y vuelve a repetir una y otra vez la pregunta. 
¿Y si la respuesta hubiera sido un sí?
Intenta desviar la atención y un beso lejano asoma. La imagen en su cerebro es tan nítida que casi puede sentir el calor de sus labios. Fue una noche especial. Fue un comienzo y un fin. Fue un noviembre sin respuestas.

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Edward Hopper siempre me inspira este tipo de relatos. Noviembre también. Es un mes lento, gris y que incita a la melancolía. Será el efecto de los días más cortos, la llegada del frío y la lluvia, será...

Hoy he visto a una chavalita dar un tortazo a un chico. Yo estaba parada en un semáforo, en el coche, y él le ha dicho algo que por el gesto, más bien parecía una broma que una ofensa y ella le ha propinado un bofetón que le ha sacado los colores. El pobre chico la ha mirado confuso desde el banco donde estaba sentado. Ella ha intentado quitarle hierro. Él ha bajado la mirada. Tendrían apenas quince años. Ella ha sido tan estúpida que no ha reparado en que le ha perdido en tan solo un segundo. Me hubiera gustado salir del coche y abrazar al chico. Estaba afligido pero su orgullo le impedía llorar. Uno de sus amigos había presenciado la escena, además. 
¡Qué soberbia es la adolescencia! 
En cuanto el semáforo se ha puesto en verde he seguido mi ruta. He pensado en la cantidad de relaciones que nos dañan y que mantenemos a diario por... que sí. 
Al igual que la Ana de mi relato, son relaciones que se mantienen sin tener respuesta. 
¡Qué absurdo sostener una mano que nos daña! 
Hay bofetadas que suenan más fuertes en el alma que un tortazo en la cara.

Que aunque noviembre siga dejándonos sin respuestas, nadie os dañe. 
No os dejéis herir. Mimaros y reclamad vuestros sueños al Universo. 
Si son de verdad, se cumplirán.

Temazo para esta entrada de noviembre: Painted on my heart de The Cult . Impresionante. 
Y esta otra, también intensa que, sin comprenderla del todo, transmite esa sensación de: ¡qué bonita! Pretty, Pretty Once de Dogs D´amour. Un grupo que me presentaron anoche y que investigaré porque me han encantado. Grazie, Mr. 
¡Ah! Y la que ha viajado hoy conmigo en el coche desde por la mañana. Yo me enamoraría de un hombre cantando como Loquillo, Feo, Fuerte y Formal. 

"...No vine aquí para hacer amigos pero sabes que siempre puedes contar conmigo.
Dame una sonrisa de complicidad, toda tu vida se detendrá. 
Nada será lo mismo, nada será igual.
Siempre dispuesto para alegrarte el día..."

Me chifla.
Besosssss y ternura.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Ella



Lunes de nuevo y otra vez el café se ha quedado frío frente a mí. La camarera ya entiende por habitual que al levantarme no haya posos que leer en mi taza. Apenas hace un gesto encogiéndose de hombros, yo hago como que no la he visto y pago un euro con veinte y salgo al primer lunes de noviembre. Sin ella. Un lunes más.

Trato de sacudirme la culpa y los recuerdos, pero están pegados a mi espalda como piedras que me hacen caminar más despacio. He perdido energía para todo. Me he desinflado y me cuesta reconocerme. 

Entro a trabajar, pongo la radio y bajo el volumen. Escucho dentro de mí lo que ella diría, como si estuviera la melodía de su voz sintonizada en mi cerebro y es que sé a ciencia cierta todo lo que ella haría, diría y daría. Porque sé perfectamente todo lo que ella hizo, me dijo y me dio.

Me volví loco de repente. Cruzamos unas miradas, nos encontramos por azar en varias ocasiones y finalmente, tuvimos "la cita". Sí. Esa cita que todo el mundo espera tener en la vida y que se convierte en el momento clave de tu historia. Cuando estás dentro de esa burbuja sabes la importancia que está teniendo ese instante. La adrenalina te tiene tan cogido por los huevos que solo te dejas llevar, y...  llegas a casa y en cuanto te quedas solo no puedes dejar de sonreír. De dar marcha atrás en tus recuerdos para asegurarte de que todo lo sucedido ha sucedido de verdad. Te miras las manos que han acariciado su cuerpo. Te rozas los labios que unos minutos antes la han besado y te pellizcas para comprobar que no es un sueño y te ríes de tu estado. Porque te sientes feliz. Porque uno se pasa la vida entera buscando una sensación así. Deseando vivir un encuentro así.

Tras esa cita la locura me invadió. Hice todo aquello que jamás pensé que haría, dije todo aquello que pensé que nunca diría. Me sentí el tío más cursi y gilipollas del universo y me reí de mí mismo un par de meses antes criticando a otro gilipollas que iba con unos globos con forma de corazón por mitad de la calle en busca de su "ella" particular. 

Di mi tiempo, mis horas de sueño, mis horas de descanso, mis minutos y mis segundos porque si bien estaba agotado, jamás me había sentido tan vivo por dentro.
Y ella estaba ahí siempre. Intacta, sonriente. Dulce, tierna, divertida y risueña. 
Sabía que lo estaba haciendo bien. Sabía que ella se sentía feliz. Yo me sentía seguro, fuerte, valiente. Confiaba en mí  y sabía que nada podía hacernos daño. 

Y de repente la perdí. Poco a poco sentí como si no pudiera alcanzarla. Como si una enorme escalera se hubiera colocado bajo mis pies y yo empezara a rodar hacia abajo dejándola a ella arriba, mirándome con cara de circunstancias, a ratos preocupada, otros enfadada y sobre todo, desilusionada. 

Llega la hora de comer y con un sandwich tengo suficiente. He perdido peso y estoy ojeroso. Ella ahora mismo hubiera dicho algo ocurrente, o hubiera hecho uno de esos gestos suyos con los cuales me decía todo sin palabras y trago saliva y carraspeo porque sé lo que me diría ahora mismo. Cojo el coche, cambio el cd, busco uno de nuestros temas y me la imagino otra vez en el asiento del copiloto hablando como una cotorra de todo o misteriosamente callada. Hubo un tiempo en que sus silencios me volvían loco y la observaba morderse el labio hasta que la curiosidad me empujaba a preguntarle en qué pensaba y, después, llegaron los tiempos en que me daba terror saber qué barruntaba. 

Ambos tuvimos miedo de la intensidad que tenía nuestra relación y sin embargo, de la mano podíamos superar las mareas. Elegí dejarla sola. Tanta fuerza me agotaba. No sabía tampoco si sería capaz de mantenerme a ese nivel. No quería fallarle. No es que ella me pidiera más ni menos. Ella era clara y transparente, ella hablaba y agradecía cada detalle. Como una niña. Como esa niña a la que los padres olvidan en un supermercado y luego vuelven a por ella apesadumbrados. Jamás la dejaron de querer, pero fueron a rehacer su vida, se descuidaron un momento, bajaron la guardia y... la reencontraron marchita y desconfiada. 

Al llegar a casa hay silencio y soledad. Otro día más sin ella y sin mí mismo. Otro día más sin valor para levantar el teléfono y llamarla y contarle todo esto o sorprenderla como antes de la forma más estúpida posible, solo por verla sonreír. Otro día más asumiendo los errores en vez de los valores. Y otro día más viéndola en mi mente ladear la cabeza diciendo "así no, así no..." y al mismo tiempo recordando sus brazos y su cuello donde tantas veces me he perdido y donde su olor me hace sentirme, sencillamente, feliz.

Primer lunes de noviembre.

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"...es tan corrosivo este dolor, 
esta casa en ruinas que soy yo, 
estoy todo roto por dentro, 
estoy todo roto y deshecho y no puedo seguir así...
Pero el día amanece y nada me parece la mitad de perfecto, como cuando tú estabas aquí..."

M-Clan "Roto por dentro". En acústico siempre mejor. Temazo.
Si he de recomendar una película, ayer vi Her. Hacía mucho tiempo que ninguna película hablaba mi idioma. Me conmovió, me gustó y aunque lloré como una madalena, me entusiasmé porque me hizo sentir una auténtica montaña rusa de emociones.
Rescato una frase y mira que podría rescatar el guión entero:

"En quien sea que te conviertas y donde sea que te encuentres en el mundo te envió mi amor".
Amen . Sin tildes.

jueves, 30 de octubre de 2014

4 rupturas y un funeral

Frida Kalho: "Donde no puedas amar, no te demores"

-¿Ya has pensado lo que harás mientras llega el camión, Mr.?
-Sí. Me encenderé un cigarro y me quedaré en la puerta.
-¿Vas a despedirte de ella?
-No. No creo. Esperaré a ver qué hace. Quizá se gire y aproveche el último momento para tirarme algo a la cabeza. ¡Está loca!
-¿No te da pena?
-No, Lady. Ya no. Imagino que para ella no será fácil... pero algún día tenía que ser.
-Hablas con tanta frialdad que me sorprende.
-Cuando llevas tanto tiempo esperando que llegue un momento así, una ruptura no es un drama, sino una liberación. Hace más de un año que más que pareja parecemos desconocidos bajo un mismo techo. Ya ni sé cuándo fue la última vez que nos acostamos, porque... yo en frío... no puedo. ¡Es que ni por necesidad!
-...
-No me mires así. ¿Entiendes lo que quiero decir?
-Sí.
-Me dio pena en su momento, cuando vi que todo se iba al pique sin saber muy bien por qué. Ella, yo, su trabajo, el mío... Dejamos de entendernos. Solo discutíamos. Ella se había instalado en mi casa y ahora, veré cómo se lleva todo.
-Y el talón. Esto sí que me parece abusivo.
-Estoy pagando mi libertad, Lady. Si ella quiere dinero, que lo tenga. Si quiere los muebles, que los cargue ella sola en el camión y se los lleve. Pero que me deje al fin. No hay nada que pese más sobre la espalda que la dependencia de los demás.
-¿Y ahora, entonces, qué vas a hacer?
-Comprarme una cama.
-¡Oh, una de esas grandes! ¡Qué bien! ¡Me encantan! Para perderte...
-No, Lady, no. Una normal. Ahora no estoy preparado para meterme en ella con nadie más, pero espero poder compartirla algún día con otra mujer. En Francia hay un refrán que dice: "una cama grande mata el amor".
-¿En serio?
-Sí. Y es verdad. Si tú te metes en la cama con alguien y no quieres tocarle, ni rozarle, ni sentirle; si necesitas tu espacio o ella el suyo, es que no debéis dormir juntos. Sólo cuando realmente amas, es cuando deseas dormir con otra persona.
-Mr, ¿sabes que eres el cuarto amigo que rompe con su pareja este mes?
-¿Sí? Vas a pensar que es por el viento sur o algún tipo de señal, con lo que tú eres...
-No. Solo pienso en que estoy rodeada de valientes.
-¿Tú crees que somos valientes?
-Sí. Mucho. No es nada fácil dejar a alguien que quieres o has querido. Pero es mucho más insoportable la idea de levantarte cada mañana sabiendo que nada va a cambiar.
-¿Y el resto de tus amigos por qué se han separado?
-Porque buscan la felicidad. Y la felicidad empieza por la coherencia con uno mismo. Esto se está poniendo demasiado serio, Mr. ¿Vamos a tomar algo?
-No, Lady. Tengo que ir a comprar platos, vasos, mantas... una vida nueva.
-¿Estás bien?
-Estoy feliz.

Si el 1 de octubre me llegan a decir que treinta días después tendría tantas historias revoloteando entorno a mí, no hubiera dado crédito. O tal vez sí. Pero jamás hubiera dicho que el denominador común de todas ellas sería el desamor, la desilusión, el fin.

"Ojalá me bastara porque es maravillosa. Ojalá eso fuera suficiente".
"Ojalá ella se hubiera dado cuenta de lo que valgo mientras estuve ahí, no ahora".
"Ojalá hubiera valorado lo que hice por él, en vez de dar por supuesto que pasara lo que pasara me quedaría a su lado".
"Ojalá ella se hubiera preocupado un poco más por mí, por mis deseos y mis estados. A veces ser hombre no es fácil. Asumen que debemos ser quienes llevemos las riendas y muchas veces somos incluso más sensibles que ellas pero debemos tragarlo. Acabé ahogándome".
"Ojalá todo esto no hubiera pasado".
"Ojalá hubiera podido aguantar un poco más".
"Ojalá que NO me odie". "Ojalá que ME ODIE y me lo ponga más fácil".
"Ojalá encuentre a alguien".
"Ojalá que sea feliz".

Ahora es cuando Silvio podría ponerse a cantar al amor: "ojalá por lo menos que me lleve la muerte".
Y es que el desamor no es más que el resultado de la búsqueda del amor.

Hoy ha fallecido una poetisa irunesa, una compañera del taller de escritura que escribía auténticos cantos al amor. Poemas llenos de romanticismo, dulzura y pasión.
La muerte una vez más te deja con las emociones a flor de piel. Como si acabara de caer un rayo a tu lado y estuvieras valorando los daños personales y los de tu entorno. Aturdida, confusa. Sintiendo la soledad que te habita amplificada. Hay eco. Preguntas sin respuesta. Si el rayo hubiese caído más cerca, ¿cómo acabaría mi lista de ojalás?

-Mr, ¿cómo fue?
-Como lo esperaba. Se llevó todo.
-¿Te dijo algo? ¿Os disteis un abrazo?
-No. Ella sólo hizo un gesto con la cabeza al subirse en el camión y cuando les vi desaparecer por el camino, me tumbé en el sofá. Lo habían dejado en la entrada. No les entraba y lo tuvieron que dejar. He tenido suerte, al menos no voy a dormir en el suelo.
-¿Y los vecinos?
-¡A mí qué! Era mi momento. Estaba empezando de nuevo porque podía hacerlo. Todos estamos de paso, Lady. Así que mejor elegir bien tus compañías en cada momento, ¿no?
-Sí, sí, yo lo tengo claro. Me da un poco de pena tu novia. Ella te quería. Se hubiera quedado contigo a pesar de todo.
-No, Lady, no te confundas. Ella me necesitaba. Ella estaba cómoda. Hacía mucho que había dejado de quererme y solo espero que algún día, ella sola se dé cuenta de todo esto, sin necesidad de más discusiones, más lágrimas, portazos o muebles. Hubo un tiempo en que la echaba mucho de menos y desde hace un año, la echo de más.
-Como Kiko Veneno.
-Correcto.
-Así que fin, fin.
-Sí, Lady. Fin para siempre.

Una de mis ladies y yo hemos hablado esta semana del peso de cada historia que se rompe. De si es más fácil dejar o aceptar que te han dejado. Hay quienes se aferran fuerte a ese "me ha dejado" porque necesitan buscar un culpable para sentirse menos miserables y quienes se agarran al orgullo bien fuerte diciendo "lo he dejado yo" para poner una tirita absurda y evitar ver el dolor. Como si en cada historia hubiera un triunfador y un perdedor.
En el amor ni se gana ni se pierde.
Solo es en la vida en lo que se pierde. Tiempo. Nada más. Porque la muerte no titubea, no tiene dudas ni posterga decisiones esperando el momento adecuado para "doler menos". Llega y zas.

Lourdes sonreía a menudo y escribía, escribía mucho. La última vez que estuve con ella nos intercambiamos nuestros respectivos libros.
Ella, uno de poemas, "No morirá la rosa en el invierno" (os dejo el enlace de Amazon) y yo, el mío. Sacamos esta foto con parte del grupo del taller. Si no recuerdo mal fue la última vez que ella vino al curso. Mañana varios de sus compañeros estaremos en el funeral.
¡No me lo creo!

Desde aquí me pequeñito homenaje a esta mujer que amaba escribir y con la que tuve la suerte de compartir muchas historias y poemas. Os dejo una estrofa de uno de ellos.


Escribo poesía por mi amor a lo sencillo,
porque renace en mí la primavera en cada verso,
por mi aliento de rosa renacida,
porque amo con ímpetu la vida.
Lourdes Lorea.

Frida Kalho, quien también sufrió los estragos de la enfermedad, decía:

"Pies, ¿para qué os quiero? Si tengo alas para volar...". 
Goian bego, Lourdes.

Me despido hoy triste; hay días que cuesta terminar.
Pongo una canción y dormimos. "Echo de menos" de mi Kiko Veneno.

"...si tú no te das cuenta de lo que vale, 
el mundo es una tontería si vas dejando que se escape lo que más querías..."

Así que al lío una vez más: quereros mucho. Cuidaos y decid todo aquello que no decís por miedo a... La muerte no lo va a tener.

lunes, 20 de octubre de 2014

La cursiva del corazón

Toulouse-Lautrec -- In bed  

Me desperté súbitamente. Como si en el piso de arriba algo se hubiera roto y el techo fuera a caerse. Sin embargo, todo continuaba en su lugar dentro de mi habitación. En mi cama, no obstante, con mi sobresalto había habido un movimiento de más. Y no era el gato. Nunca he vivido con animales. 
-¿Estás bien?
-Sí.

Abrí los ojos poco a poco. A través de las lamas de las persianas se filtraba una luz que apenas iluminaba una mano que se posaba en mi vientre. Noté su aliento contra mi nuca, sentí el calor de su cuerpo desnudo pegado al mío y me quedé hipnotizada mirando su mano sobre mi ombligo subir y bajar al compás de mi respiración, como si sus dedos fueran maderos a la deriva sobre un mar de piel. 
-¿En qué estás pensando?
-En nada -mentí.
Porque sí pensaba. Pensaba mucho. Quizá demasiado. Pero siempre había sido así y a él siempre le había gustado. También él antes hablaba más y por ello yo pensaba menos. Estaba todo por descubrir, quizá. Aún no nos habíamos enamorado, herido, olvidado, amado y vuelto a olvidar. 

-¿Qué somos?
-¿Qué somos de qué? -preguntó sorprendido-. ¿Humanos?
Quise reírle el chiste pero en un ataque de sinceridad me atreví a formular la pregunta que me rondaba. La cuestión culpable de mi desvelo.
-Tú y yo. ¿Qué somos? 
-¿Necesitas un nombre? -dijo cambiando el tono de voz. Intuyó que no era una pregunta al azar- ¿Es necesario, en serio?
-¿Tú no lo has pensado nunca?
-No.  
-Es que tú y yo -balbucí tratando de ordenar las ideas antes de decir algo de lo que poder arrepentirme después- No somos amigos. Tampoco somos solo amantes. No somos pareja. No somos solo conocidos. No somos nada y sin embargo, tenemos una historia.
-¿Y qué más quieres?
-Saber.
-¿El qué? 
-¿Qué somos?
-¿Para qué necesitas un nombre? ¡Es que no te entiendo! ¡Somos tú y yo!
-Para saber qué puedo esperar, qué puedo pedir, qué puedo ofrecer. ¿Y si lo que yo quiero es algo distinto a lo que tú buscas? ¿Y si lo que tú necesitas yo no te lo puedo dar? ¿O al revés?
-Hablamos. Nos queremos, estamos bien.
-Ya... pero bien no es suficiente. 
-No te sigo, mi guapa. ¿Qué quieres tú? ¿Qué crees que busco yo?
-No lo sé. Pero creo que hay una ecuación que no debe pasarse por alto. Si solo vamos a acostarnos, deja el romanticismo en la puerta. No hables de más, incluso no hables. No preguntes qué me pasa o en qué pienso; no me digas "cómo estás", no nos compartamos nada. Pero si por el contrario sientes algo más... necesito que cubras esa parte más que ninguna otra. 
-Pero... ¿y si no me sale?
-Si es lo que yo necesito... si es lo que yo quiero, y si me quieres...
-Yo no sé si sabré cuidarte.
Me giré y volví a cerrar los ojos. Me arrepentí de haber abierto la boca. Resultaba sencillo dejarse llevar por el deseo pero abrirle el alma y el diccionario de tus miedos a alguien, aunque ese alguien fuera capaz de acunar cada una de tus pesadillas, no era fácil. 

-Amigos con derecho a roce -dijo de repente.
-¿Sí? ¿Así subrayarías lo que formamos? -inquirí ofendida.
-¡Qué va! Ahora solo quería picarte un poco. Lo cierto es que me parece un absurdo buscar un nombre para un sentimiento que nos pertenece solo a ti y a mí. ¿Qué pasa? ¿Que si le pongo una etiqueta ya tienes un camino que recorrer o unos límites que puedes o no traspasar? No, mi guapa. No creo en eso. Nosotros va en cursiva.
-Entonces yo me pierdo.
-Ahora estás conmigo, estoy aquí. ¿A dónde has ido sin mí?

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La cursiva del corazón es única. Es un nosotros que no entiende de reglas, porque ninguna regla es válida para dos. Porque nunca dos personas distintas laten igual. 
Hace bien poco escuché esta pregunta:
-¿Habéis hablado de amor?

Hablar de amor... hoy pienso que hay que hablar de deseos, de sueños, de ilusiones. De caminos que uno quiere recorrer para abrir ventanas al otro y decirle, ¿quieres mirar?, o puertas, ¿quieres entrar? Pero no se puede hablar solo de amor. El amor para los poetas. Jugadores de letras que apuestan a la alquimia y ganan por su magia que se esfuma, imaginaria, irreal, ilusión óptica intangible e incierta. 

Hablar de amor... como si con palabras se pudiera describir un sentimiento. 
No importa quién seas, ni quién sea yo. Ese nosotros es único y nos pertenece aunque no nos lleve a ningún lado. Quizá ese viaje sin retorno sea ya una eternidad. 

-¿Estás más tranquila?
-Sí. 
-No te creo -rió-. Estoy seguro de que aún tienes más preguntas.
-Sí -reí-. Muchas más. 
-Te escucho.
-¿Quién quieres que sea para ti?
-¿Y tú? ¿Quién quieres ser?

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Basta escuchar una canción para que se activen algunas ideas y se conecten con cabos sueltos que oprimen el ovillo de lana de mi mente. Majaderías. Pensaderas. Me gustan las palabras que no existen y que para mí tienen un significado. 
Siempre seremos mucho más que lo que las palabras puedan expresar. Escribir tiene una parte muy visceral de esa búsqueda de expresión precisa y concreta de un sentimiento. Muchas historias y ninguna. Conversaciones captadas en otras frecuencias, dudas, miedos, seres vulnerables deseando amar y ser amados. 

Temazo, Si yo fuera otra de Marlango. Leonor Watling soberbia en esta canción.

"...ser el vino que te embriaga, la que enturbia tu mirada, 
ser el juez y la condena, ser la cura de tu pena, 
y ser todas las mujeres que has tenido y has amado metidas en mi piel..."

Aunque no encontremos las palabras, ¡qué bueno tener voz para expresarlas! 

pd: el otro día leí algo relacionado con la decadencia bloggera. Quizá el boom de los blogs ya haya pasado, no lo sé. No me importa. El caso es que para mí sigue siendo precioso pensar que quien te lee, tiene una forma de encontrarte. 

postdata 2: un buen amigo me ha enviado esta mañana este enlace para que me ría. El no sabía que yo andaba barruntando el tema de las etiquetas, y ¡tachán! Siempre pienso que las casualidades no existen. "Amigovio" de Itxu Díaz. La RAE está que se sale. Acaban de incluir este término (amigovio) en el diccionario. Alude a la “persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo”. Telita. Como dicen en los pueblos, "pa' mear y no echar gota".

y postdata 3: a propósito del texto de Itxu Diaz que comparto. Me alucina la gente que hace uso de los comentarios para volcar ahí su mala hostia. Y perdón por la expresión, pero que la gente dé un poquito de libertad de expresión, ¿no? Y si no te gusta, déjalo estar. Si aquello que vas a decir no beneficia a nadie, ¿para qué decirlo? La gente debería darse más cabezazos contra la pared antes de intentar dárselos a otro. Pero bueno, que me voy del tema.
Explota, explota mexplo... la cursiva del corazón.

Decía Wittgenstein, uno de mis filósofos favoritos: 

"los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo". 

Jamás estuve de acuerdo, porque si así fuera, ¿quién hablaría de amor?

Besosssss

domingo, 5 de octubre de 2014

La mujer de la limpieza



Cada mañana le cuesta horrores levantarse de la cama. Mezcla de pereza y cansancio tras un duermevela constante. Demasiadas pesadillas y sus ronquidos. Ya no los soporta. Pero decirle que prefiere dormir en el salón le sienta mal. Así que cuando es él el que se queda profundamente dormido ante el televisor viendo el fútbol, ya no se molesta en despertarlo. Se acuesta pronto sin hacer ruido y descansa hasta que él entra a mover las mantas y seguir roncando, a su lado. No se dan un beso de buenas noches y no es capaz de recordar la última vez que durmieron abrazados. Cuando murió su suegra hace unos meses, él padeció insomnio y ni por esas se acercó a buscar sus brazos. Desde siempre ha crecido pensando que un "hombre de los de antes" se curte solo, pero con una buena mujer al lado. Y ella cree que debe de serlo.

En los libros que lee y en las películas que ve los hombres no son como él. A veces se pregunta si en realidad existen esos galanes tan perfectos, porque la vida le ha dejado bastante clara la idea de que los príncipes azules sólo aparecían en los cuentos de niñez. Lleva más de treinta años a su lado y sabe que morirá con él.

A días mientras están comiendo, él le hace reír con algún comentario, pero el resto del tiempo lo pasa en el trabajo o enfrascado en la televisión. Así es la vida, dicen. Sin embargo ella siente que debe haber algo más. Lo que ocurre es que no sabe qué es.

Sus hijos se han ido a estudiar fuera y para poder sufragar sus gastos hace un año que trabaja en otro lugar. Los echa de menos. Llaman poco. Se acuerdan de ellos cuando el mes aprieta, pero están bien. Les escucha felices; están teniendo una oportunidad que ella no tuvo. Se alegra al pensar que son independientes aunque le haya costado muchas lágrimas soltar el lazo. Volver a la vida de pareja, a él, a ella consigo misma.

Le gusta estar sola. Y aunque no tenga un trabajo maravilloso le gusta estar ocupada viendo gente durante todo el día, a pesar de que para todos ellos, ella es invisible. Una semana le toca de mañanas y otra, de tardes. Desde hace un mes va un poco nerviosa. Más que nerviosa, con curiosidad. Expectante. Hay un hombre sentado en el mismo banco durante horas. Calcula que tendrá más o menos la edad de su marido, aunque en su expresión se pueden apreciar varias vidas. Está infinitamente triste. Cuando llega el tren, alza la mirada y observa uno a uno a los pasajeros que suben y bajan. Sin moverse. Apenas ladea la cabeza si cree reconocer a una persona. Ella cree que espera a alguien, pero siente que ni él mismo confía en que esa persona vaya a aparecer.

Barre el andén cuando todos se han ido, después de haber limpiado los baños. Él sigue ahí. No la mira. Pasa a su lado con discreción, con cuidado de no distraerlo de su extraño estado de meditación, o espera, o desidia. No se atreve siquiera a darle las buenas noches, ni los buenos días. Su silencio es tan abrumador que no es capaz de abrir la boca. Pero siente curiosidad. ¿Qué espera? ¿A quién? ¿Y por qué?

De pequeña le repitieron hasta la saciedad que no hablara con desconocidos. Si hoy día tampoco lo hace con los supuestos conocidos, ¿es que también ella debe sentarse y callar?

Son las 21h, hora de marchar. Él sigue ahí. Parece que nadie lo espera. A ella, en cambio, sí. En el autobús va pensando que al igual que el hombre de la estación, hoy compartirá silencio. Imagina que hoy no tocará ninguna otra variedad en casa. Espera que su marido esté cansado. Los viernes suele ponerse pesado y le hace carantoñas mientras calienta la cena. Es tan predecible que la exaspera.  Y cada día le duele más. Posiblemente aproveche para planchar y así a él se le pasan las ganas. Si no, como siempre, se dejará hacer. Hace tiempo descubrió que abrir las piernas era mucho más fácil que abrir el corazón. Pero esto él no lo sabe. Hablan idiomas distintos. Y ella no fue a la universidad para aprenderlos. Sencillamente, son distintos. Lo tiene asumido. Así es la vida, dicen. Siempre igual


¿Banda sonora? Siempre igual, de Los Suaves. Básico indiscutible.

                           "...para escapar de esta vida, para escapar como sea..."

¿Imagen? Toulouse-Lautrec, imprescindible.

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Este texto junto con el anterior formaron un experimento que me encantó. 
Esta es para mí una historia cruda, pero que se repite con demasiada frecuencia, como la de todas esas personas que se quedan clavadas al suelo bien sea por miedo, por costumbre o por indecisión. Los trenes, las estaciones, las personas se acaban marchando y para ellos, todo continua igual. Siempre igual. Deja un poso tan amargo en la garganta como la sequedad en la boca tras una noche de mucho tabaco y alcohol.

Hoy he visto llorar a un hombre. Se ha disculpado porque no podía dejar de hacerlo. Me ha parecido la escena más dura de mi día y sin embargo, la más de verdad. 
Porque la gente sufre y se derrumba. Porque nadie puede resistir cuando no es feliz. 
Porque dar un paso duele, pero por suerte, con cada avance el dolor es menor. 
Porque solo hay una vida, unos años, un tiempo y, cada uno elige cómo y dónde lo quiere vivir y por quién elige sufrir. Y hasta cuándo. El momento clave en el que se dice stop
Actos incomprensibles para algunos, pellejos distintos. 

Cantaban los Ketama aquello de 


Quien hoy lloraba, está buscando ser feliz. 
Brindo por ti, valiente. 

Feliz comienzo de semana a tod@s. 
Si el mundo no cambia, al menos, intenta cambiar tú.
Y saldrá bien. 



jueves, 2 de octubre de 2014

El hombre de la estación

Según un anónimo lector, esta estación pertenece al pueblo de Lloseta.
Me encantó que se pusiera en contacto conmigo para contármelo; yo tomé prestada
de la red esta imagen porque me gustó, sin saber de qué lugar del mundo se trataba.

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Eligió una estación cualquiera para sentarse a observar la vida cuando descubrió que todas las barras de bar terminan siendo la misma. Cuando la soledad no se traga con más hielos y en la calle, al menos, te da el sol.

Al principio se sintió extraño viendo pasar un tren tras otro sin moverse. Observando el trajín de los pasajeros, hombres y mujeres de todas las edades enganchados al reloj, al teléfono, a las prisas. Él, inmóvil bajo la tejavana de la estación, no sentía ni frío ni calor. Las certezas dentro de ti mismo te dan sentido. Hacía años que había dejado de ser un adolescente para convertirse en algo parecido a un adulto. Seguía conservando a buen recaudo un buen número de sueños, pero la realidad era que los huesos le pesaban como toneladas de hierro que le impedían volar. Ella había dicho "adiós" y él sólo había bajado la cabeza. Un poco después, había perdido algo de pelo y, al cabo de unos meses, la capacidad para sonreír.

Eva le ponía cafés por las mañanas y Olga le servía copas por las noches, aburrida de sus lamentos. María abrió las piernas cada vez que él le hizo reír. Pero ni en el fondo del vaso de una, ni en el gemido y los sudores de la otra, él lograba encontrar la paz. Iba quemando cartuchos. Horas, momentos y días. Se quemaba a sí mismo y odiaba no llegar a arder. Necesitaba estallar, gritar, encontrar al fin una palabra, o todas, porque cuando en el pecho se te queda algo sin decir, te ahoga y te consume. Él había llegado a la conclusión de que el silencio lo devoraría, no sin antes quizá, volverlo loco.

Así que decidió sentarse en el primer banco que vio libre en la estación, una noche en que Montse, una risueña damisela recién conocida, le pidió que la acompañara a casa. Él rehusó tratando de ser cortés. Olía a tabaco viejo, a humo de nostalgia. ¡Él de eso ya tenía bastante! Cayó como un peso plomo en el asiento, justo cuando el tren hacia su entrada. Su mente viajaba a aquellos lunares que trazaban carreteras en una piel morena. Se perdia en el sonido de su risa ya lejana y sus despistes, y entonces, en ese preciso instante, cuando el recuerdo amable te deja en el limbo del pasado tierno, la vio pasar entre la gente corriendo, pegada al móvil. Sonreía y hablaba gesticulando con las manos. No lo vio. Pero él la había vuelto a ver. Se descubrió cabizbajo de nuevo. Tardó dos horas en levantarse del lugar.

Irene lo llamó para preparar la barbacoa del fin de semana y esta vez dijo que no. Era inútil asistir. Sus amigos organizaron la partida y le repitieron una y mil veces que la olvidara, que todas las historias tienen un principio y un final. Él les dio la razón. Incluso a última hora pasó por casa de Irene y se dejó un orgasmo que hablaba de vacío. ¡Poco importaba todo!
Había tomado una decisión y pensaba seguirla a rajatabla. Cada día volvería al mismo banco de la estación. Y si un día, quizá, el azar volvía a hacer que ella bajara del tren ante él, trataría de no quedarse callado mirándola con nostalgia y tal vez, reuniera el valor suficiente como para invitarla a un café. Puede que ella dijera que no o que hiciera como si no lo conociese. Pero puede también, que en una mirada, ella comprendiese todo lo que él había callado.
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Una amiga dijo el otro día que no cree que exista el olvido. Yo creo que la memoria es selectiva para dejar que cada mañana nos levantemos de la cama un poco menos pesados. La verdad es que no estoy tampoco muy segura de esto. El olvido y el recuerdo van de la mano a cada paso. Es lo que somos. Suma de lo que fuimos y dejamos de ser. Restos de lo que vivimos y semillas de lo que creamos. Un caos. Pero un caos valiente.

Hoy he visto el arco-iris por la mañana y tras todo el fin de semana lloviendo ha salido un poco el sol. Se ve bonito tras los cristales. Es aún más bonito cuando te da el aire en la cara aunque sea frío, porque hay gente que hace que merezca la pena salir a mojarse o a constiparse. Y hace, que uno deje de pensar en si es real un recuerdo, un olvido, o un despiste. Ya pasó.

Canción para acompañar esta historia, Hoy la vi de Enrique Urquijo y Los Secretos. Le va perfecta y me encanta.


"...la nostalgia y la tristeza suelen coincidir...".

Pd: esta historia la escribí un octubre de hace dos años, en 2012 y la rescato ahora porque dejó un poso muy chulo en mí. Me gusta y en su momento sé que a muchos también, así que con ella, abro las puertas para que se ventile el alma. 

Un beso grande, y mucho buen rollito.

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(Por cierto, creo que ya he solucionado los problemas para el formulario de comentarios. Creo que ahora ya se pueden comentar las entradas sin que os vuelvan locos y, por otra parte, también en mi perfil he logrado modificar mi sexo y vuelvo a ser mujer, jaja, lo de payasa es incorregible).

miércoles, 1 de octubre de 2014

Sin máscaras


"¡Esta eres tú!" 
Así empieza mi película favorita, "Mi vida sin mí" de Isabel Coixet. 
Y así comienzo yo esta nueva aventura.

Ya va para seis años que soy blogger y creo que esta es la primera entrada que firmaré con nombre y apellidos reales, dejando en el desván a mi querido alter ego. Y no porque reniegue de él, si no más bien, porque creo que ha llegado el momento de dar un paso más hacia adelante. 

Hoy es 1 de octubre de 2014. Hace poquito que ha entrado el otoño con fuerza aquí en Irún. Soleados días en una atmósfera gris, como siempre. Un mes importante a nivel personal y profesional. ¿Más motivos? Hay una parte de mí que necesitaba desnudarse definitivamente y, otra, que quería por fin ponerle realidad a una biografía que el anonimato dejaba oculta para quienes no me conocen. 

Escribir bajo seudónimo me ha dado confianza y tablas, me hizo crear mi propio estilo bloggero y encontrar mi lugar, un "pisito blog" donde dejar volar la imaginación, las historias que se amontonaban en la cabeza y disfrutar. 
Porque yo escribiendo soy feliz. Porque compartiendo mis textos, me siento viva. 

Empecé a escribir con 9 años el día de mi comunión, en un diario de hojas verdes que me regalaron para la ocasión. A él, le siguieron montones de cuadernos y notas de todo tipo, guiones de teatro junto a mi amiga (y hoy día genial escritora) Noelia Lorenzo Pino, relatos breves, algún artículo de opinión, historias cortas en colaboración para alguna revista de ámbito local y... mi primer blog en 2009, que nació casi al mismo tiempo que mi hija. O más bien, se engendró mientras ella dormía sus siestas. 

Fue una experiencia vertiginosa y apasionante. En menos de un año recibí más de 20.000 visitas de todo el mundo y me encontré dentro de la red, con una familia de desconocidos amantes de las letras que me acogieron sin importarles si era alta, baja, rubia o morena. Solo era un nombre y unas historias. Me enamoré de esa sensación. Por aquel entonces no creía en la gente con dobles intenciones o, mejor dicho, no pensaba que me fuera a topar con ella en mi camino, pero sucedió. De un día para otro me bloquearon la cuenta, alguien se hizo pasar por mí y robaron mis textos. Aprendí latín en cuarenta y ocho horas. A día de hoy cuando me ha tocado dar una charla en institutos, utilizo esta experiencia para prevenir a los chavales de los riesgos en Internet. 
No todo el mundo es bueno, pero por suerte, no estamos solos cuando hay problemas.

Tras aquella experiencia y porque dentro de mí se estaba fraguando el proyecto de una historia que por primera vez superaba las cincuenta páginas, cerré el blog y me dediqué a escribir un sueño, mi primera novela. En primer lugar, no sabía si sería capaz de hacerlo. Y una vez acabada, no estaba para nada segura de que pudiera gustar o interesar a alguien. Seguí los procesos habituales: enviar el manuscrito a distintas editoriales, a concursos, esperar, esperar, esperar... y, finalmente, optar por la auto-edición cuando tras una durísima entrevista me dijeron que mi novela, "es muy difícil que llegue al público. No es comercial. A la gente de hoy día no le van este tipo de historias. Es muy sencilla, en realidad, no cuenta nada. ¿No crees?". No, no creía. Pero me hizo dudar tanto que me creí estas palabras durante 24 horas en las que no pude parar de llorar. Después, me sequé las lágrimas, me agarré a mi instinto, abracé a mi familia y amig@s que conmigo se apuntaron a aquello de "de perdidos al río" y en diciembre de 2012 presenté El Veto en la Biblioteca Ikust Alaia de Irún en una sala repleta de gente que hasta tuvo que sentarse por el suelo y apiñarse en la puerta porque no cabía un alfiler. Increíble.

Dos años después y con muy poquitos ejemplares a disposición de nuevos lectores, solo puedo dar las gracias a tod@s aquell@s personas que no me permitieron sucumbir, a quienes me ayudaron y  apoyaron mi locura. Hoy día, mil gracias a quienes me habéis leído, compartido, regalado y sorprendido, porque desde luego esta auto-promoción ha sido una auténtica fiesta. ¡Mil millones de gracias! ¡Así da gusto y vértigo seguir intentándolo!

En cierta forma, este PISITO BLOG os lo debo. Mucha gente que no me conoce personalmente ha querido leerme o saber algo de esa chica que habla orgullosa de su etapa bloggera, y sin embargo, yo no daba opción: pudor, inseguridad, vergüenza... 
Así que en este mes tan prometedor, en el que iré desvelando detalles sobre un futuro que se presenta muy esperanzador, inauguro oficialmente mi casa en la red. Mi pisito. El lugar donde quien quiera pueda entrar y leer, pasear, comentar o compartirse. Sed bienvenid@s. No esperéis encontrar oro entre entre paredes, es muy probable que esta otra cara, la real, os sorprenda a quienes no conocéis esta faceta mía. No obstante, auguro que pasaremos buenos ratos. Me gusta reírme, me gusta divertirme con lo que hago y mi único objetivo es ser feliz. Así que al lío, lectores amig@s y desconocid@s. Soy intensa, hipersensible, apasionada, bastante loca, contradictoria, romántica y mística. Pero, ¿qué más da? 

"¡Esta eres tú!". Para bien y para mal, siempre.

Cada entrada irá acompañada de una imagen y una o varias canciones. Soy amante del arte, del surrealismo y del realismo mágico en particular. Siempre que pueda indicaré quiénes son los autores de las obras que utilice. Acepto que me enviéis fotos e imágenes para publicar junto con los textos. Musicalmente, es casi vital para mí que una melodía acompañe los relatos. A veces serán canciones relacionadas con el tema, otras la fuente de inspiración.
Tengo que dar las gracias a mi hermano Iñaki por haberme enseñado tanto desde su santuario de la música. 

Y por hoy creo que es más que suficiente, ¿no?
Os pido paciencia, os deseo lo mejor. Gracias por llegar hasta aquí.

Sin máscaras. La imagen que he subido es la primera foto de mí misma que se publicó asociándome a la literatura. Y el tema musical para esta primera entrada, no podía ser otro que: Mr. Jones de los Counting Crows. Forma parte de mi Banda Sonora Personal.

"...we all want to be big stars, but we don't know how, we don't know why...
...you can never be lonely..."

Un beso a tod@s.

Para seguirme en Twitter: @itzisis o @ELVETOnovela
Para seguirme por Facebook: www.facebook.com/pages/El-Veto

NOS LEEMOS!!
Mañana atacaremos con uno de mis relatos favoritos.
Ciaooo...