jueves, 30 de octubre de 2014

4 rupturas y un funeral

Frida Kalho: "Donde no puedas amar, no te demores"

-¿Ya has pensado lo que harás mientras llega el camión, Mr.?
-Sí. Me encenderé un cigarro y me quedaré en la puerta.
-¿Vas a despedirte de ella?
-No. No creo. Esperaré a ver qué hace. Quizá se gire y aproveche el último momento para tirarme algo a la cabeza. ¡Está loca!
-¿No te da pena?
-No, Lady. Ya no. Imagino que para ella no será fácil... pero algún día tenía que ser.
-Hablas con tanta frialdad que me sorprende.
-Cuando llevas tanto tiempo esperando que llegue un momento así, una ruptura no es un drama, sino una liberación. Hace más de un año que más que pareja parecemos desconocidos bajo un mismo techo. Ya ni sé cuándo fue la última vez que nos acostamos, porque... yo en frío... no puedo. ¡Es que ni por necesidad!
-...
-No me mires así. ¿Entiendes lo que quiero decir?
-Sí.
-Me dio pena en su momento, cuando vi que todo se iba al pique sin saber muy bien por qué. Ella, yo, su trabajo, el mío... Dejamos de entendernos. Solo discutíamos. Ella se había instalado en mi casa y ahora, veré cómo se lleva todo.
-Y el talón. Esto sí que me parece abusivo.
-Estoy pagando mi libertad, Lady. Si ella quiere dinero, que lo tenga. Si quiere los muebles, que los cargue ella sola en el camión y se los lleve. Pero que me deje al fin. No hay nada que pese más sobre la espalda que la dependencia de los demás.
-¿Y ahora, entonces, qué vas a hacer?
-Comprarme una cama.
-¡Oh, una de esas grandes! ¡Qué bien! ¡Me encantan! Para perderte...
-No, Lady, no. Una normal. Ahora no estoy preparado para meterme en ella con nadie más, pero espero poder compartirla algún día con otra mujer. En Francia hay un refrán que dice: "una cama grande mata el amor".
-¿En serio?
-Sí. Y es verdad. Si tú te metes en la cama con alguien y no quieres tocarle, ni rozarle, ni sentirle; si necesitas tu espacio o ella el suyo, es que no debéis dormir juntos. Sólo cuando realmente amas, es cuando deseas dormir con otra persona.
-Mr, ¿sabes que eres el cuarto amigo que rompe con su pareja este mes?
-¿Sí? Vas a pensar que es por el viento sur o algún tipo de señal, con lo que tú eres...
-No. Solo pienso en que estoy rodeada de valientes.
-¿Tú crees que somos valientes?
-Sí. Mucho. No es nada fácil dejar a alguien que quieres o has querido. Pero es mucho más insoportable la idea de levantarte cada mañana sabiendo que nada va a cambiar.
-¿Y el resto de tus amigos por qué se han separado?
-Porque buscan la felicidad. Y la felicidad empieza por la coherencia con uno mismo. Esto se está poniendo demasiado serio, Mr. ¿Vamos a tomar algo?
-No, Lady. Tengo que ir a comprar platos, vasos, mantas... una vida nueva.
-¿Estás bien?
-Estoy feliz.

Si el 1 de octubre me llegan a decir que treinta días después tendría tantas historias revoloteando entorno a mí, no hubiera dado crédito. O tal vez sí. Pero jamás hubiera dicho que el denominador común de todas ellas sería el desamor, la desilusión, el fin.

"Ojalá me bastara porque es maravillosa. Ojalá eso fuera suficiente".
"Ojalá ella se hubiera dado cuenta de lo que valgo mientras estuve ahí, no ahora".
"Ojalá hubiera valorado lo que hice por él, en vez de dar por supuesto que pasara lo que pasara me quedaría a su lado".
"Ojalá ella se hubiera preocupado un poco más por mí, por mis deseos y mis estados. A veces ser hombre no es fácil. Asumen que debemos ser quienes llevemos las riendas y muchas veces somos incluso más sensibles que ellas pero debemos tragarlo. Acabé ahogándome".
"Ojalá todo esto no hubiera pasado".
"Ojalá hubiera podido aguantar un poco más".
"Ojalá que NO me odie". "Ojalá que ME ODIE y me lo ponga más fácil".
"Ojalá encuentre a alguien".
"Ojalá que sea feliz".

Ahora es cuando Silvio podría ponerse a cantar al amor: "ojalá por lo menos que me lleve la muerte".
Y es que el desamor no es más que el resultado de la búsqueda del amor.

Hoy ha fallecido una poetisa irunesa, una compañera del taller de escritura que escribía auténticos cantos al amor. Poemas llenos de romanticismo, dulzura y pasión.
La muerte una vez más te deja con las emociones a flor de piel. Como si acabara de caer un rayo a tu lado y estuvieras valorando los daños personales y los de tu entorno. Aturdida, confusa. Sintiendo la soledad que te habita amplificada. Hay eco. Preguntas sin respuesta. Si el rayo hubiese caído más cerca, ¿cómo acabaría mi lista de ojalás?

-Mr, ¿cómo fue?
-Como lo esperaba. Se llevó todo.
-¿Te dijo algo? ¿Os disteis un abrazo?
-No. Ella sólo hizo un gesto con la cabeza al subirse en el camión y cuando les vi desaparecer por el camino, me tumbé en el sofá. Lo habían dejado en la entrada. No les entraba y lo tuvieron que dejar. He tenido suerte, al menos no voy a dormir en el suelo.
-¿Y los vecinos?
-¡A mí qué! Era mi momento. Estaba empezando de nuevo porque podía hacerlo. Todos estamos de paso, Lady. Así que mejor elegir bien tus compañías en cada momento, ¿no?
-Sí, sí, yo lo tengo claro. Me da un poco de pena tu novia. Ella te quería. Se hubiera quedado contigo a pesar de todo.
-No, Lady, no te confundas. Ella me necesitaba. Ella estaba cómoda. Hacía mucho que había dejado de quererme y solo espero que algún día, ella sola se dé cuenta de todo esto, sin necesidad de más discusiones, más lágrimas, portazos o muebles. Hubo un tiempo en que la echaba mucho de menos y desde hace un año, la echo de más.
-Como Kiko Veneno.
-Correcto.
-Así que fin, fin.
-Sí, Lady. Fin para siempre.

Una de mis ladies y yo hemos hablado esta semana del peso de cada historia que se rompe. De si es más fácil dejar o aceptar que te han dejado. Hay quienes se aferran fuerte a ese "me ha dejado" porque necesitan buscar un culpable para sentirse menos miserables y quienes se agarran al orgullo bien fuerte diciendo "lo he dejado yo" para poner una tirita absurda y evitar ver el dolor. Como si en cada historia hubiera un triunfador y un perdedor.
En el amor ni se gana ni se pierde.
Solo es en la vida en lo que se pierde. Tiempo. Nada más. Porque la muerte no titubea, no tiene dudas ni posterga decisiones esperando el momento adecuado para "doler menos". Llega y zas.

Lourdes sonreía a menudo y escribía, escribía mucho. La última vez que estuve con ella nos intercambiamos nuestros respectivos libros.
Ella, uno de poemas, "No morirá la rosa en el invierno" (os dejo el enlace de Amazon) y yo, el mío. Sacamos esta foto con parte del grupo del taller. Si no recuerdo mal fue la última vez que ella vino al curso. Mañana varios de sus compañeros estaremos en el funeral.
¡No me lo creo!

Desde aquí me pequeñito homenaje a esta mujer que amaba escribir y con la que tuve la suerte de compartir muchas historias y poemas. Os dejo una estrofa de uno de ellos.


Escribo poesía por mi amor a lo sencillo,
porque renace en mí la primavera en cada verso,
por mi aliento de rosa renacida,
porque amo con ímpetu la vida.
Lourdes Lorea.

Frida Kalho, quien también sufrió los estragos de la enfermedad, decía:

"Pies, ¿para qué os quiero? Si tengo alas para volar...". 
Goian bego, Lourdes.

Me despido hoy triste; hay días que cuesta terminar.
Pongo una canción y dormimos. "Echo de menos" de mi Kiko Veneno.

"...si tú no te das cuenta de lo que vale, 
el mundo es una tontería si vas dejando que se escape lo que más querías..."

Así que al lío una vez más: quereros mucho. Cuidaos y decid todo aquello que no decís por miedo a... La muerte no lo va a tener.

lunes, 20 de octubre de 2014

La cursiva del corazón

Toulouse-Lautrec -- In bed  

Me desperté súbitamente. Como si en el piso de arriba algo se hubiera roto y el techo fuera a caerse. Sin embargo, todo continuaba en su lugar dentro de mi habitación. En mi cama, no obstante, con mi sobresalto había habido un movimiento de más. Y no era el gato. Nunca he vivido con animales. 
-¿Estás bien?
-Sí.

Abrí los ojos poco a poco. A través de las lamas de las persianas se filtraba una luz que apenas iluminaba una mano que se posaba en mi vientre. Noté su aliento contra mi nuca, sentí el calor de su cuerpo desnudo pegado al mío y me quedé hipnotizada mirando su mano sobre mi ombligo subir y bajar al compás de mi respiración, como si sus dedos fueran maderos a la deriva sobre un mar de piel. 
-¿En qué estás pensando?
-En nada -mentí.
Porque sí pensaba. Pensaba mucho. Quizá demasiado. Pero siempre había sido así y a él siempre le había gustado. También él antes hablaba más y por ello yo pensaba menos. Estaba todo por descubrir, quizá. Aún no nos habíamos enamorado, herido, olvidado, amado y vuelto a olvidar. 

-¿Qué somos?
-¿Qué somos de qué? -preguntó sorprendido-. ¿Humanos?
Quise reírle el chiste pero en un ataque de sinceridad me atreví a formular la pregunta que me rondaba. La cuestión culpable de mi desvelo.
-Tú y yo. ¿Qué somos? 
-¿Necesitas un nombre? -dijo cambiando el tono de voz. Intuyó que no era una pregunta al azar- ¿Es necesario, en serio?
-¿Tú no lo has pensado nunca?
-No.  
-Es que tú y yo -balbucí tratando de ordenar las ideas antes de decir algo de lo que poder arrepentirme después- No somos amigos. Tampoco somos solo amantes. No somos pareja. No somos solo conocidos. No somos nada y sin embargo, tenemos una historia.
-¿Y qué más quieres?
-Saber.
-¿El qué? 
-¿Qué somos?
-¿Para qué necesitas un nombre? ¡Es que no te entiendo! ¡Somos tú y yo!
-Para saber qué puedo esperar, qué puedo pedir, qué puedo ofrecer. ¿Y si lo que yo quiero es algo distinto a lo que tú buscas? ¿Y si lo que tú necesitas yo no te lo puedo dar? ¿O al revés?
-Hablamos. Nos queremos, estamos bien.
-Ya... pero bien no es suficiente. 
-No te sigo, mi guapa. ¿Qué quieres tú? ¿Qué crees que busco yo?
-No lo sé. Pero creo que hay una ecuación que no debe pasarse por alto. Si solo vamos a acostarnos, deja el romanticismo en la puerta. No hables de más, incluso no hables. No preguntes qué me pasa o en qué pienso; no me digas "cómo estás", no nos compartamos nada. Pero si por el contrario sientes algo más... necesito que cubras esa parte más que ninguna otra. 
-Pero... ¿y si no me sale?
-Si es lo que yo necesito... si es lo que yo quiero, y si me quieres...
-Yo no sé si sabré cuidarte.
Me giré y volví a cerrar los ojos. Me arrepentí de haber abierto la boca. Resultaba sencillo dejarse llevar por el deseo pero abrirle el alma y el diccionario de tus miedos a alguien, aunque ese alguien fuera capaz de acunar cada una de tus pesadillas, no era fácil. 

-Amigos con derecho a roce -dijo de repente.
-¿Sí? ¿Así subrayarías lo que formamos? -inquirí ofendida.
-¡Qué va! Ahora solo quería picarte un poco. Lo cierto es que me parece un absurdo buscar un nombre para un sentimiento que nos pertenece solo a ti y a mí. ¿Qué pasa? ¿Que si le pongo una etiqueta ya tienes un camino que recorrer o unos límites que puedes o no traspasar? No, mi guapa. No creo en eso. Nosotros va en cursiva.
-Entonces yo me pierdo.
-Ahora estás conmigo, estoy aquí. ¿A dónde has ido sin mí?

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La cursiva del corazón es única. Es un nosotros que no entiende de reglas, porque ninguna regla es válida para dos. Porque nunca dos personas distintas laten igual. 
Hace bien poco escuché esta pregunta:
-¿Habéis hablado de amor?

Hablar de amor... hoy pienso que hay que hablar de deseos, de sueños, de ilusiones. De caminos que uno quiere recorrer para abrir ventanas al otro y decirle, ¿quieres mirar?, o puertas, ¿quieres entrar? Pero no se puede hablar solo de amor. El amor para los poetas. Jugadores de letras que apuestan a la alquimia y ganan por su magia que se esfuma, imaginaria, irreal, ilusión óptica intangible e incierta. 

Hablar de amor... como si con palabras se pudiera describir un sentimiento. 
No importa quién seas, ni quién sea yo. Ese nosotros es único y nos pertenece aunque no nos lleve a ningún lado. Quizá ese viaje sin retorno sea ya una eternidad. 

-¿Estás más tranquila?
-Sí. 
-No te creo -rió-. Estoy seguro de que aún tienes más preguntas.
-Sí -reí-. Muchas más. 
-Te escucho.
-¿Quién quieres que sea para ti?
-¿Y tú? ¿Quién quieres ser?

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Basta escuchar una canción para que se activen algunas ideas y se conecten con cabos sueltos que oprimen el ovillo de lana de mi mente. Majaderías. Pensaderas. Me gustan las palabras que no existen y que para mí tienen un significado. 
Siempre seremos mucho más que lo que las palabras puedan expresar. Escribir tiene una parte muy visceral de esa búsqueda de expresión precisa y concreta de un sentimiento. Muchas historias y ninguna. Conversaciones captadas en otras frecuencias, dudas, miedos, seres vulnerables deseando amar y ser amados. 

Temazo, Si yo fuera otra de Marlango. Leonor Watling soberbia en esta canción.

"...ser el vino que te embriaga, la que enturbia tu mirada, 
ser el juez y la condena, ser la cura de tu pena, 
y ser todas las mujeres que has tenido y has amado metidas en mi piel..."

Aunque no encontremos las palabras, ¡qué bueno tener voz para expresarlas! 

pd: el otro día leí algo relacionado con la decadencia bloggera. Quizá el boom de los blogs ya haya pasado, no lo sé. No me importa. El caso es que para mí sigue siendo precioso pensar que quien te lee, tiene una forma de encontrarte. 

postdata 2: un buen amigo me ha enviado esta mañana este enlace para que me ría. El no sabía que yo andaba barruntando el tema de las etiquetas, y ¡tachán! Siempre pienso que las casualidades no existen. "Amigovio" de Itxu Díaz. La RAE está que se sale. Acaban de incluir este término (amigovio) en el diccionario. Alude a la “persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo”. Telita. Como dicen en los pueblos, "pa' mear y no echar gota".

y postdata 3: a propósito del texto de Itxu Diaz que comparto. Me alucina la gente que hace uso de los comentarios para volcar ahí su mala hostia. Y perdón por la expresión, pero que la gente dé un poquito de libertad de expresión, ¿no? Y si no te gusta, déjalo estar. Si aquello que vas a decir no beneficia a nadie, ¿para qué decirlo? La gente debería darse más cabezazos contra la pared antes de intentar dárselos a otro. Pero bueno, que me voy del tema.
Explota, explota mexplo... la cursiva del corazón.

Decía Wittgenstein, uno de mis filósofos favoritos: 

"los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo". 

Jamás estuve de acuerdo, porque si así fuera, ¿quién hablaría de amor?

Besosssss

domingo, 5 de octubre de 2014

La mujer de la limpieza



Cada mañana le cuesta horrores levantarse de la cama. Mezcla de pereza y cansancio tras un duermevela constante. Demasiadas pesadillas y sus ronquidos. Ya no los soporta. Pero decirle que prefiere dormir en el salón le sienta mal. Así que cuando es él el que se queda profundamente dormido ante el televisor viendo el fútbol, ya no se molesta en despertarlo. Se acuesta pronto sin hacer ruido y descansa hasta que él entra a mover las mantas y seguir roncando, a su lado. No se dan un beso de buenas noches y no es capaz de recordar la última vez que durmieron abrazados. Cuando murió su suegra hace unos meses, él padeció insomnio y ni por esas se acercó a buscar sus brazos. Desde siempre ha crecido pensando que un "hombre de los de antes" se curte solo, pero con una buena mujer al lado. Y ella cree que debe de serlo.

En los libros que lee y en las películas que ve los hombres no son como él. A veces se pregunta si en realidad existen esos galanes tan perfectos, porque la vida le ha dejado bastante clara la idea de que los príncipes azules sólo aparecían en los cuentos de niñez. Lleva más de treinta años a su lado y sabe que morirá con él.

A días mientras están comiendo, él le hace reír con algún comentario, pero el resto del tiempo lo pasa en el trabajo o enfrascado en la televisión. Así es la vida, dicen. Sin embargo ella siente que debe haber algo más. Lo que ocurre es que no sabe qué es.

Sus hijos se han ido a estudiar fuera y para poder sufragar sus gastos hace un año que trabaja en otro lugar. Los echa de menos. Llaman poco. Se acuerdan de ellos cuando el mes aprieta, pero están bien. Les escucha felices; están teniendo una oportunidad que ella no tuvo. Se alegra al pensar que son independientes aunque le haya costado muchas lágrimas soltar el lazo. Volver a la vida de pareja, a él, a ella consigo misma.

Le gusta estar sola. Y aunque no tenga un trabajo maravilloso le gusta estar ocupada viendo gente durante todo el día, a pesar de que para todos ellos, ella es invisible. Una semana le toca de mañanas y otra, de tardes. Desde hace un mes va un poco nerviosa. Más que nerviosa, con curiosidad. Expectante. Hay un hombre sentado en el mismo banco durante horas. Calcula que tendrá más o menos la edad de su marido, aunque en su expresión se pueden apreciar varias vidas. Está infinitamente triste. Cuando llega el tren, alza la mirada y observa uno a uno a los pasajeros que suben y bajan. Sin moverse. Apenas ladea la cabeza si cree reconocer a una persona. Ella cree que espera a alguien, pero siente que ni él mismo confía en que esa persona vaya a aparecer.

Barre el andén cuando todos se han ido, después de haber limpiado los baños. Él sigue ahí. No la mira. Pasa a su lado con discreción, con cuidado de no distraerlo de su extraño estado de meditación, o espera, o desidia. No se atreve siquiera a darle las buenas noches, ni los buenos días. Su silencio es tan abrumador que no es capaz de abrir la boca. Pero siente curiosidad. ¿Qué espera? ¿A quién? ¿Y por qué?

De pequeña le repitieron hasta la saciedad que no hablara con desconocidos. Si hoy día tampoco lo hace con los supuestos conocidos, ¿es que también ella debe sentarse y callar?

Son las 21h, hora de marchar. Él sigue ahí. Parece que nadie lo espera. A ella, en cambio, sí. En el autobús va pensando que al igual que el hombre de la estación, hoy compartirá silencio. Imagina que hoy no tocará ninguna otra variedad en casa. Espera que su marido esté cansado. Los viernes suele ponerse pesado y le hace carantoñas mientras calienta la cena. Es tan predecible que la exaspera.  Y cada día le duele más. Posiblemente aproveche para planchar y así a él se le pasan las ganas. Si no, como siempre, se dejará hacer. Hace tiempo descubrió que abrir las piernas era mucho más fácil que abrir el corazón. Pero esto él no lo sabe. Hablan idiomas distintos. Y ella no fue a la universidad para aprenderlos. Sencillamente, son distintos. Lo tiene asumido. Así es la vida, dicen. Siempre igual


¿Banda sonora? Siempre igual, de Los Suaves. Básico indiscutible.

                           "...para escapar de esta vida, para escapar como sea..."

¿Imagen? Toulouse-Lautrec, imprescindible.

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Este texto junto con el anterior formaron un experimento que me encantó. 
Esta es para mí una historia cruda, pero que se repite con demasiada frecuencia, como la de todas esas personas que se quedan clavadas al suelo bien sea por miedo, por costumbre o por indecisión. Los trenes, las estaciones, las personas se acaban marchando y para ellos, todo continua igual. Siempre igual. Deja un poso tan amargo en la garganta como la sequedad en la boca tras una noche de mucho tabaco y alcohol.

Hoy he visto llorar a un hombre. Se ha disculpado porque no podía dejar de hacerlo. Me ha parecido la escena más dura de mi día y sin embargo, la más de verdad. 
Porque la gente sufre y se derrumba. Porque nadie puede resistir cuando no es feliz. 
Porque dar un paso duele, pero por suerte, con cada avance el dolor es menor. 
Porque solo hay una vida, unos años, un tiempo y, cada uno elige cómo y dónde lo quiere vivir y por quién elige sufrir. Y hasta cuándo. El momento clave en el que se dice stop
Actos incomprensibles para algunos, pellejos distintos. 

Cantaban los Ketama aquello de 


Quien hoy lloraba, está buscando ser feliz. 
Brindo por ti, valiente. 

Feliz comienzo de semana a tod@s. 
Si el mundo no cambia, al menos, intenta cambiar tú.
Y saldrá bien. 



jueves, 2 de octubre de 2014

El hombre de la estación

Según un anónimo lector, esta estación pertenece al pueblo de Lloseta.
Me encantó que se pusiera en contacto conmigo para contármelo; yo tomé prestada
de la red esta imagen porque me gustó, sin saber de qué lugar del mundo se trataba.

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Eligió una estación cualquiera para sentarse a observar la vida cuando descubrió que todas las barras de bar terminan siendo la misma. Cuando la soledad no se traga con más hielos y en la calle, al menos, te da el sol.

Al principio se sintió extraño viendo pasar un tren tras otro sin moverse. Observando el trajín de los pasajeros, hombres y mujeres de todas las edades enganchados al reloj, al teléfono, a las prisas. Él, inmóvil bajo la tejavana de la estación, no sentía ni frío ni calor. Las certezas dentro de ti mismo te dan sentido. Hacía años que había dejado de ser un adolescente para convertirse en algo parecido a un adulto. Seguía conservando a buen recaudo un buen número de sueños, pero la realidad era que los huesos le pesaban como toneladas de hierro que le impedían volar. Ella había dicho "adiós" y él sólo había bajado la cabeza. Un poco después, había perdido algo de pelo y, al cabo de unos meses, la capacidad para sonreír.

Eva le ponía cafés por las mañanas y Olga le servía copas por las noches, aburrida de sus lamentos. María abrió las piernas cada vez que él le hizo reír. Pero ni en el fondo del vaso de una, ni en el gemido y los sudores de la otra, él lograba encontrar la paz. Iba quemando cartuchos. Horas, momentos y días. Se quemaba a sí mismo y odiaba no llegar a arder. Necesitaba estallar, gritar, encontrar al fin una palabra, o todas, porque cuando en el pecho se te queda algo sin decir, te ahoga y te consume. Él había llegado a la conclusión de que el silencio lo devoraría, no sin antes quizá, volverlo loco.

Así que decidió sentarse en el primer banco que vio libre en la estación, una noche en que Montse, una risueña damisela recién conocida, le pidió que la acompañara a casa. Él rehusó tratando de ser cortés. Olía a tabaco viejo, a humo de nostalgia. ¡Él de eso ya tenía bastante! Cayó como un peso plomo en el asiento, justo cuando el tren hacia su entrada. Su mente viajaba a aquellos lunares que trazaban carreteras en una piel morena. Se perdia en el sonido de su risa ya lejana y sus despistes, y entonces, en ese preciso instante, cuando el recuerdo amable te deja en el limbo del pasado tierno, la vio pasar entre la gente corriendo, pegada al móvil. Sonreía y hablaba gesticulando con las manos. No lo vio. Pero él la había vuelto a ver. Se descubrió cabizbajo de nuevo. Tardó dos horas en levantarse del lugar.

Irene lo llamó para preparar la barbacoa del fin de semana y esta vez dijo que no. Era inútil asistir. Sus amigos organizaron la partida y le repitieron una y mil veces que la olvidara, que todas las historias tienen un principio y un final. Él les dio la razón. Incluso a última hora pasó por casa de Irene y se dejó un orgasmo que hablaba de vacío. ¡Poco importaba todo!
Había tomado una decisión y pensaba seguirla a rajatabla. Cada día volvería al mismo banco de la estación. Y si un día, quizá, el azar volvía a hacer que ella bajara del tren ante él, trataría de no quedarse callado mirándola con nostalgia y tal vez, reuniera el valor suficiente como para invitarla a un café. Puede que ella dijera que no o que hiciera como si no lo conociese. Pero puede también, que en una mirada, ella comprendiese todo lo que él había callado.
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Una amiga dijo el otro día que no cree que exista el olvido. Yo creo que la memoria es selectiva para dejar que cada mañana nos levantemos de la cama un poco menos pesados. La verdad es que no estoy tampoco muy segura de esto. El olvido y el recuerdo van de la mano a cada paso. Es lo que somos. Suma de lo que fuimos y dejamos de ser. Restos de lo que vivimos y semillas de lo que creamos. Un caos. Pero un caos valiente.

Hoy he visto el arco-iris por la mañana y tras todo el fin de semana lloviendo ha salido un poco el sol. Se ve bonito tras los cristales. Es aún más bonito cuando te da el aire en la cara aunque sea frío, porque hay gente que hace que merezca la pena salir a mojarse o a constiparse. Y hace, que uno deje de pensar en si es real un recuerdo, un olvido, o un despiste. Ya pasó.

Canción para acompañar esta historia, Hoy la vi de Enrique Urquijo y Los Secretos. Le va perfecta y me encanta.


"...la nostalgia y la tristeza suelen coincidir...".

Pd: esta historia la escribí un octubre de hace dos años, en 2012 y la rescato ahora porque dejó un poso muy chulo en mí. Me gusta y en su momento sé que a muchos también, así que con ella, abro las puertas para que se ventile el alma. 

Un beso grande, y mucho buen rollito.

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(Por cierto, creo que ya he solucionado los problemas para el formulario de comentarios. Creo que ahora ya se pueden comentar las entradas sin que os vuelvan locos y, por otra parte, también en mi perfil he logrado modificar mi sexo y vuelvo a ser mujer, jaja, lo de payasa es incorregible).

miércoles, 1 de octubre de 2014

Sin máscaras


"¡Esta eres tú!" 
Así empieza mi película favorita, "Mi vida sin mí" de Isabel Coixet. 
Y así comienzo yo esta nueva aventura.

Ya va para seis años que soy blogger y creo que esta es la primera entrada que firmaré con nombre y apellidos reales, dejando en el desván a mi querido alter ego. Y no porque reniegue de él, si no más bien, porque creo que ha llegado el momento de dar un paso más hacia adelante. 

Hoy es 1 de octubre de 2014. Hace poquito que ha entrado el otoño con fuerza aquí en Irún. Soleados días en una atmósfera gris, como siempre. Un mes importante a nivel personal y profesional. ¿Más motivos? Hay una parte de mí que necesitaba desnudarse definitivamente y, otra, que quería por fin ponerle realidad a una biografía que el anonimato dejaba oculta para quienes no me conocen. 

Escribir bajo seudónimo me ha dado confianza y tablas, me hizo crear mi propio estilo bloggero y encontrar mi lugar, un "pisito blog" donde dejar volar la imaginación, las historias que se amontonaban en la cabeza y disfrutar. 
Porque yo escribiendo soy feliz. Porque compartiendo mis textos, me siento viva. 

Empecé a escribir con 9 años el día de mi comunión, en un diario de hojas verdes que me regalaron para la ocasión. A él, le siguieron montones de cuadernos y notas de todo tipo, guiones de teatro junto a mi amiga (y hoy día genial escritora) Noelia Lorenzo Pino, relatos breves, algún artículo de opinión, historias cortas en colaboración para alguna revista de ámbito local y... mi primer blog en 2009, que nació casi al mismo tiempo que mi hija. O más bien, se engendró mientras ella dormía sus siestas. 

Fue una experiencia vertiginosa y apasionante. En menos de un año recibí más de 20.000 visitas de todo el mundo y me encontré dentro de la red, con una familia de desconocidos amantes de las letras que me acogieron sin importarles si era alta, baja, rubia o morena. Solo era un nombre y unas historias. Me enamoré de esa sensación. Por aquel entonces no creía en la gente con dobles intenciones o, mejor dicho, no pensaba que me fuera a topar con ella en mi camino, pero sucedió. De un día para otro me bloquearon la cuenta, alguien se hizo pasar por mí y robaron mis textos. Aprendí latín en cuarenta y ocho horas. A día de hoy cuando me ha tocado dar una charla en institutos, utilizo esta experiencia para prevenir a los chavales de los riesgos en Internet. 
No todo el mundo es bueno, pero por suerte, no estamos solos cuando hay problemas.

Tras aquella experiencia y porque dentro de mí se estaba fraguando el proyecto de una historia que por primera vez superaba las cincuenta páginas, cerré el blog y me dediqué a escribir un sueño, mi primera novela. En primer lugar, no sabía si sería capaz de hacerlo. Y una vez acabada, no estaba para nada segura de que pudiera gustar o interesar a alguien. Seguí los procesos habituales: enviar el manuscrito a distintas editoriales, a concursos, esperar, esperar, esperar... y, finalmente, optar por la auto-edición cuando tras una durísima entrevista me dijeron que mi novela, "es muy difícil que llegue al público. No es comercial. A la gente de hoy día no le van este tipo de historias. Es muy sencilla, en realidad, no cuenta nada. ¿No crees?". No, no creía. Pero me hizo dudar tanto que me creí estas palabras durante 24 horas en las que no pude parar de llorar. Después, me sequé las lágrimas, me agarré a mi instinto, abracé a mi familia y amig@s que conmigo se apuntaron a aquello de "de perdidos al río" y en diciembre de 2012 presenté El Veto en la Biblioteca Ikust Alaia de Irún en una sala repleta de gente que hasta tuvo que sentarse por el suelo y apiñarse en la puerta porque no cabía un alfiler. Increíble.

Dos años después y con muy poquitos ejemplares a disposición de nuevos lectores, solo puedo dar las gracias a tod@s aquell@s personas que no me permitieron sucumbir, a quienes me ayudaron y  apoyaron mi locura. Hoy día, mil gracias a quienes me habéis leído, compartido, regalado y sorprendido, porque desde luego esta auto-promoción ha sido una auténtica fiesta. ¡Mil millones de gracias! ¡Así da gusto y vértigo seguir intentándolo!

En cierta forma, este PISITO BLOG os lo debo. Mucha gente que no me conoce personalmente ha querido leerme o saber algo de esa chica que habla orgullosa de su etapa bloggera, y sin embargo, yo no daba opción: pudor, inseguridad, vergüenza... 
Así que en este mes tan prometedor, en el que iré desvelando detalles sobre un futuro que se presenta muy esperanzador, inauguro oficialmente mi casa en la red. Mi pisito. El lugar donde quien quiera pueda entrar y leer, pasear, comentar o compartirse. Sed bienvenid@s. No esperéis encontrar oro entre entre paredes, es muy probable que esta otra cara, la real, os sorprenda a quienes no conocéis esta faceta mía. No obstante, auguro que pasaremos buenos ratos. Me gusta reírme, me gusta divertirme con lo que hago y mi único objetivo es ser feliz. Así que al lío, lectores amig@s y desconocid@s. Soy intensa, hipersensible, apasionada, bastante loca, contradictoria, romántica y mística. Pero, ¿qué más da? 

"¡Esta eres tú!". Para bien y para mal, siempre.

Cada entrada irá acompañada de una imagen y una o varias canciones. Soy amante del arte, del surrealismo y del realismo mágico en particular. Siempre que pueda indicaré quiénes son los autores de las obras que utilice. Acepto que me enviéis fotos e imágenes para publicar junto con los textos. Musicalmente, es casi vital para mí que una melodía acompañe los relatos. A veces serán canciones relacionadas con el tema, otras la fuente de inspiración.
Tengo que dar las gracias a mi hermano Iñaki por haberme enseñado tanto desde su santuario de la música. 

Y por hoy creo que es más que suficiente, ¿no?
Os pido paciencia, os deseo lo mejor. Gracias por llegar hasta aquí.

Sin máscaras. La imagen que he subido es la primera foto de mí misma que se publicó asociándome a la literatura. Y el tema musical para esta primera entrada, no podía ser otro que: Mr. Jones de los Counting Crows. Forma parte de mi Banda Sonora Personal.

"...we all want to be big stars, but we don't know how, we don't know why...
...you can never be lonely..."

Un beso a tod@s.

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NOS LEEMOS!!
Mañana atacaremos con uno de mis relatos favoritos.
Ciaooo...