domingo, 23 de noviembre de 2014

A pesar de todo


No añadió nada más cuando volvieron a verse tras aquella amarga despedida en la estación. Ella solo dijo:

-A pesar de todo, te besaría.

No obstante, no lo hicieron. No es que hubiera espectadores en el lugar donde casualmente se habían encontrado, ni impedimento alguno. Ni siquiera había falta de deseo. No. Ambos solo querían observarse. Encontrarse en la profundidad de la mirada, como si ella fuera la carretera que conduce al espacio donde se almacenan los recuerdos bellos. Donde habitaba aún la memoria viva de lo que juntos fueron y que, por circunstancias, no había podido alargarse en el tiempo. 
Se miraron sin reproches, sonrientes como adolescentes nerviosos. Temerosos de romper el silencio con alguna frase impropia. Pero a él le podía la curiosidad y preguntó:

-¿Es cierto? ¿Aún me besarías?
-...
-Pensé que nunca me perdonarías. Pensé que no querrías volver a verme, ni a saber de mí.

Ella guardó silencio porque con su afirmación, no era necesario entrar en detalles. No iba a contarle todo el esfuerzo que le había costado asimilar la ruptura, la pérdida, el abandono, las mentiras, las ausencias, los silencios, los errores... 
No merecía la pena contarle cómo muchos días al entrar en la ducha se frotaba con la esponja como si estuviera lijándose la piel para poder borrar de ella sus caricias. No; no le iba a contar que había vomitado al pensar en él y no por asco, sino por la repulsa que la separación tan inesperada le había generado. No; no iba a decirle que le había costado horrores volver a mirarse en el espejo y quererse a ella sola, pudiendo mirarse desnuda en él sin imaginar la silueta de su cuerpo abrazándola o dibujándola sobre el cristal. No; no le iba a decir nada de todo aquello porque él no tenía por qué saberlo. Porque ante todo y después de todo, sobre todo, a pesar de todo... ella lo besaría. 

Y lo haría porque lo quiso, porque lo respetó, porque lo comprendió hasta en sus más incomprensibles acciones y porque le permitió ser él mismo, sin necesidad de ajustarse a la medida de lo que ella soñaba como príncipe azul. Lo besaría porque la hizo crecer, porque la hizo mejor, porque fue su compañero y a pesar de todos los errores, a pesar de lo bueno y lo malo, él por siempre iba a formar parte de ella. 

Lo besaría porque después de todo lo había perdonado. Y porque después de tanto silencio, lágrimas y tiempo, también había conseguido perdonarse a sí misma y también se besaría con ternura.

Uno no elige jamás de quién se enamora, pero sí elige a quién besar.


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Banda sonora, My girl y los fantásticos The Temptations.
Decidme que no os pondríais a bailar ahora mismo imitándolos -tremendo el vídeo- o abrazando bien fuerte a alguien, dejando que el influjo de los años sesenta se adueñe de vuestros latidos. Aysss...

Os dejo este vídeo exquisito de mi poeta del alma Januman, compi blogger desde mis comienzos, con uno de sus poemas que a fuerza de leerlo y disfrutarlo ya he hecho muy mío, tan mío...
Perdón. Del mismo modo que siempre toca hablar de amor, siempre es necesario hablar del perdón. Todo está perdonado, todo pertenece al pasado.


Perdón, 

sí, 
perdonarse y perdonar 
los inevitables errores de estar vivo 
para vivir por fin sin temor a equivocarse.

Januman 
-Copyleft-

Que tengáis una semana maravillosa. Noviembre ya se acaba, ¡menos mal!
Besos mil, palabras infinitas e historias para no aburrir. ¡Muaks!

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Ana y los sueños

Edward Hopper: "El pintor del silencio y la soledad".
Ana se enciende otro cigarro y echa el humo por la ventana mientras contempla el paso de las nubes. Está anocheciendo. Hace frío. Tiene las manos congeladas pero no le importa. Los colores del otoño bien merecen un resfriado. Además, necesita aire. Con la última calada aspira también el vacío. Nunca le ha gustado noviembre. 

Ha cambiado de marca de tabaco porque ha pensado que así, tal vez, esté comenzando algo nuevo. Aunque sea una nueva pregunta en un nuevo encuentro, casual, como antes:
-¿Ahora fumas esto?
Y ella tendría una respuesta ocurrente. Una idea nueva, un hilo del que empezar a tirar hacia un nuevo lugar. Nuevo, nuevo, nuevo. Lo repite constantemente. Lo necesita. Porque no puede continuar viviendo de recuerdos viejos.

Si fuera sorda hubiera sido más fácil. O muda. O fea. O invisible. Él no le hubiera confesado sus sueños, ella no se hubiera creído capaz de cumplirlos y ninguno de los dos hubiera esperado nada del otro. Quizá tampoco hubieran tenido una bella historia. Sin embargo eso ahora le da igual. Anochece y hay demasiado silencio a su alrededor. Ha llovido y la humedad ha calado hasta el alma. No ha llorado porque no le quedan lágrimas. Hace poco leyó en una revista que las mujeres pueden hablar más que los hombres porque sus cuerdas vocales son más cortas y liberan menos aire al transportar el sonido. Sonríe porque ha pensado una tontería. Se ríe imaginando que es cierto; quizá esté cambiando de sexo y no se ha dado cuenta porque ya apenas se comunica con nadie.

-Prométeme que aunque yo te haya fallado, no dejarás de creer en el amor.
Sigue mirando por la ventana. Solo las farolas iluminan la calle. Se escucha algún perro ladrando a lo lejos. Parecen lobos aullando a una luna demasiado llena. Cualquiera diría que está sumida en sus pensamientos y en cambio, todos estarían equivocados. Ana está dejándose llevar por sus latidos. Pum, pum, pum, pum. 
Hubiera sido mejor no haber escuchado nada. No haber sabido nada. No haber dejado entrar a nadie hasta las entrañas de su cocina y de su cuerpo. Hubiera sido... más... ¿triste? ¿Más triste que la tristeza?

No le dijo si cumpliría o no la promesa. De hecho, no le respondió. 
Toma un café antes de volver a mirar al infinito. Ella nunca le ha contado sus sueños a nadie. Ni siquiera a él. Él tampoco preguntó. Aunque de haberlo hecho, no está segura de si le hubiera respondido. Un sueño ajeno pesa mucho en la espalda. Es una mochila que cuesta mucho cargar si no estás dispuesto a cumplirlo. 

Se acuesta y antes de dormirse un último pensamiento la deja paralizada:
¿Y si la respuesta hubiera sido un sí?
Se gira y vuelve a repetir una y otra vez la pregunta. 
¿Y si la respuesta hubiera sido un sí?
Intenta desviar la atención y un beso lejano asoma. La imagen en su cerebro es tan nítida que casi puede sentir el calor de sus labios. Fue una noche especial. Fue un comienzo y un fin. Fue un noviembre sin respuestas.

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Edward Hopper siempre me inspira este tipo de relatos. Noviembre también. Es un mes lento, gris y que incita a la melancolía. Será el efecto de los días más cortos, la llegada del frío y la lluvia, será...

Hoy he visto a una chavalita dar un tortazo a un chico. Yo estaba parada en un semáforo, en el coche, y él le ha dicho algo que por el gesto, más bien parecía una broma que una ofensa y ella le ha propinado un bofetón que le ha sacado los colores. El pobre chico la ha mirado confuso desde el banco donde estaba sentado. Ella ha intentado quitarle hierro. Él ha bajado la mirada. Tendrían apenas quince años. Ella ha sido tan estúpida que no ha reparado en que le ha perdido en tan solo un segundo. Me hubiera gustado salir del coche y abrazar al chico. Estaba afligido pero su orgullo le impedía llorar. Uno de sus amigos había presenciado la escena, además. 
¡Qué soberbia es la adolescencia! 
En cuanto el semáforo se ha puesto en verde he seguido mi ruta. He pensado en la cantidad de relaciones que nos dañan y que mantenemos a diario por... que sí. 
Al igual que la Ana de mi relato, son relaciones que se mantienen sin tener respuesta. 
¡Qué absurdo sostener una mano que nos daña! 
Hay bofetadas que suenan más fuertes en el alma que un tortazo en la cara.

Que aunque noviembre siga dejándonos sin respuestas, nadie os dañe. 
No os dejéis herir. Mimaros y reclamad vuestros sueños al Universo. 
Si son de verdad, se cumplirán.

Temazo para esta entrada de noviembre: Painted on my heart de The Cult . Impresionante. 
Y esta otra, también intensa que, sin comprenderla del todo, transmite esa sensación de: ¡qué bonita! Pretty, Pretty Once de Dogs D´amour. Un grupo que me presentaron anoche y que investigaré porque me han encantado. Grazie, Mr. 
¡Ah! Y la que ha viajado hoy conmigo en el coche desde por la mañana. Yo me enamoraría de un hombre cantando como Loquillo, Feo, Fuerte y Formal. 

"...No vine aquí para hacer amigos pero sabes que siempre puedes contar conmigo.
Dame una sonrisa de complicidad, toda tu vida se detendrá. 
Nada será lo mismo, nada será igual.
Siempre dispuesto para alegrarte el día..."

Me chifla.
Besosssss y ternura.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Ella



Lunes de nuevo y otra vez el café se ha quedado frío frente a mí. La camarera ya entiende por habitual que al levantarme no haya posos que leer en mi taza. Apenas hace un gesto encogiéndose de hombros, yo hago como que no la he visto y pago un euro con veinte y salgo al primer lunes de noviembre. Sin ella. Un lunes más.

Trato de sacudirme la culpa y los recuerdos, pero están pegados a mi espalda como piedras que me hacen caminar más despacio. He perdido energía para todo. Me he desinflado y me cuesta reconocerme. 

Entro a trabajar, pongo la radio y bajo el volumen. Escucho dentro de mí lo que ella diría, como si estuviera la melodía de su voz sintonizada en mi cerebro y es que sé a ciencia cierta todo lo que ella haría, diría y daría. Porque sé perfectamente todo lo que ella hizo, me dijo y me dio.

Me volví loco de repente. Cruzamos unas miradas, nos encontramos por azar en varias ocasiones y finalmente, tuvimos "la cita". Sí. Esa cita que todo el mundo espera tener en la vida y que se convierte en el momento clave de tu historia. Cuando estás dentro de esa burbuja sabes la importancia que está teniendo ese instante. La adrenalina te tiene tan cogido por los huevos que solo te dejas llevar, y...  llegas a casa y en cuanto te quedas solo no puedes dejar de sonreír. De dar marcha atrás en tus recuerdos para asegurarte de que todo lo sucedido ha sucedido de verdad. Te miras las manos que han acariciado su cuerpo. Te rozas los labios que unos minutos antes la han besado y te pellizcas para comprobar que no es un sueño y te ríes de tu estado. Porque te sientes feliz. Porque uno se pasa la vida entera buscando una sensación así. Deseando vivir un encuentro así.

Tras esa cita la locura me invadió. Hice todo aquello que jamás pensé que haría, dije todo aquello que pensé que nunca diría. Me sentí el tío más cursi y gilipollas del universo y me reí de mí mismo un par de meses antes criticando a otro gilipollas que iba con unos globos con forma de corazón por mitad de la calle en busca de su "ella" particular. 

Di mi tiempo, mis horas de sueño, mis horas de descanso, mis minutos y mis segundos porque si bien estaba agotado, jamás me había sentido tan vivo por dentro.
Y ella estaba ahí siempre. Intacta, sonriente. Dulce, tierna, divertida y risueña. 
Sabía que lo estaba haciendo bien. Sabía que ella se sentía feliz. Yo me sentía seguro, fuerte, valiente. Confiaba en mí  y sabía que nada podía hacernos daño. 

Y de repente la perdí. Poco a poco sentí como si no pudiera alcanzarla. Como si una enorme escalera se hubiera colocado bajo mis pies y yo empezara a rodar hacia abajo dejándola a ella arriba, mirándome con cara de circunstancias, a ratos preocupada, otros enfadada y sobre todo, desilusionada. 

Llega la hora de comer y con un sandwich tengo suficiente. He perdido peso y estoy ojeroso. Ella ahora mismo hubiera dicho algo ocurrente, o hubiera hecho uno de esos gestos suyos con los cuales me decía todo sin palabras y trago saliva y carraspeo porque sé lo que me diría ahora mismo. Cojo el coche, cambio el cd, busco uno de nuestros temas y me la imagino otra vez en el asiento del copiloto hablando como una cotorra de todo o misteriosamente callada. Hubo un tiempo en que sus silencios me volvían loco y la observaba morderse el labio hasta que la curiosidad me empujaba a preguntarle en qué pensaba y, después, llegaron los tiempos en que me daba terror saber qué barruntaba. 

Ambos tuvimos miedo de la intensidad que tenía nuestra relación y sin embargo, de la mano podíamos superar las mareas. Elegí dejarla sola. Tanta fuerza me agotaba. No sabía tampoco si sería capaz de mantenerme a ese nivel. No quería fallarle. No es que ella me pidiera más ni menos. Ella era clara y transparente, ella hablaba y agradecía cada detalle. Como una niña. Como esa niña a la que los padres olvidan en un supermercado y luego vuelven a por ella apesadumbrados. Jamás la dejaron de querer, pero fueron a rehacer su vida, se descuidaron un momento, bajaron la guardia y... la reencontraron marchita y desconfiada. 

Al llegar a casa hay silencio y soledad. Otro día más sin ella y sin mí mismo. Otro día más sin valor para levantar el teléfono y llamarla y contarle todo esto o sorprenderla como antes de la forma más estúpida posible, solo por verla sonreír. Otro día más asumiendo los errores en vez de los valores. Y otro día más viéndola en mi mente ladear la cabeza diciendo "así no, así no..." y al mismo tiempo recordando sus brazos y su cuello donde tantas veces me he perdido y donde su olor me hace sentirme, sencillamente, feliz.

Primer lunes de noviembre.

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"...es tan corrosivo este dolor, 
esta casa en ruinas que soy yo, 
estoy todo roto por dentro, 
estoy todo roto y deshecho y no puedo seguir así...
Pero el día amanece y nada me parece la mitad de perfecto, como cuando tú estabas aquí..."

M-Clan "Roto por dentro". En acústico siempre mejor. Temazo.
Si he de recomendar una película, ayer vi Her. Hacía mucho tiempo que ninguna película hablaba mi idioma. Me conmovió, me gustó y aunque lloré como una madalena, me entusiasmé porque me hizo sentir una auténtica montaña rusa de emociones.
Rescato una frase y mira que podría rescatar el guión entero:

"En quien sea que te conviertas y donde sea que te encuentres en el mundo te envió mi amor".
Amen . Sin tildes.