domingo, 8 de febrero de 2015

El selfie de los supervivientes

La menda. Superviviente 2.0.
Pues sí, que no nos queda otra que reírnos de nosotros mismos. De lo que hacemos y de lo que nos pasa. De nuestras obsesiones y nuestras osadías. Porque a todos, toditos todos, se nos cae el mundo en un momento dado y tenemos que levantarnos. Y si a pesar de todo ello insistimos en seguir de pie, forzando nuestro buque insignia, por algún lado se produce una fuga y caemos enfermos. 
Tras tres días de fiebres y malestares varios, aquí me hallo, con el "selfie de la superviviente", porque las sudorinas me han dado para mucho discurrir y también reír y también llorar.

Llega Carnaval y andamos buscando disfraces, ¡Qué ironía! Llevamos meses haciéndonos "autofotos" sonrientes en momentos en los que quizá no lo estábamos, posando, poniendo morritos, la cara buena. ¡Bien! Que es genial que la actitud no falle, indispensable, pero ¡oye! que también hace falta y es sano sucumbir y aceptar ese lado tan poco glamouroso que es el bajón, los mocos y las penas del alma. 

En un momento en el que el mundo está encabronado, ir con tu luz tratando de iluminar cada estancia que pisas, parece una locura. Sin embargo es una locura más sensata una lucha por la felicidad y la alegría, que una queja tras otra desde la misma baldosa gris. A veces uno parece que se va dando golpes por intentar hablar de amor y practicarlo y que se equivoca al seguir en esa linea porque es un camino muy solitario, pero... es que quizá hay que subir de nivel y mirar más allá, a otro lado o volver a jugar como los niños a un juego que sea más divertido. Los adultos nos olvidamos de reírnos de nosotros mismos, de nuestros innumerables errores y en cambio parece que no nos cansamos de buscar los "me gusta" en cada acierto o pose. 

Celebrar la alegría, evitar que se nos suba a la cabeza. No son ideas contradictorias, es todo uno. Lo bueno ha de tener el lugar que se merece, pero sin que nos condicione. Al igual que lo malo, que también se merece un cuidado, como el cuerpo cuando está febril, mareado o débil. Todo en su justa medida, sin dramas, con coraje, sin parchear heridas, sin ocultar medallas. 

De locos tomarse fotos hoy día sin maquillaje, sin peinar e incluso con la cara mal lavada y un orzuelo. ¡Dios mío! Defensores de la belleza natural, de las mujeres reales, las que no tenemos que estar siempre perfectas para gustar. ¡Ayudadnos a mirarnos con vuestros ojos! ¡Tendednos la mano cuando dejamos de ver lo bonito de ser de verdad! Las que si no tenemos el culo duro quizá es porque no tenemos tiempo para ir al gimnasio o a Pilates, ni contamos con entrenador personal.  
¡Qué daño han hecho las nuevas tecnologías y modas! Si ya de por sí hemos sido inseguras siempre, hoy día, nos tumba cada imagen perfecta de rostros perfectos y cuerpos de medidas perfectas. #sinfiltros ¡Y un cuerno!
Y nosotras vamos perdiendo confianza, haciéndonos pequeñitas, ocultándonos en capas y más capas de ropa, mintiendo sobre nuestro vicio por el chocolate, las golosinas y la talla del pantalón. Ocultando que a veces vamos mal depiladas, nos salen granos, que la nevera está vacía y hace eco y que en estos tiempos de tanto Master Chef, la tortilla se nos pega a la sartén. 

Añadir leyenda
Triunfó Bridget Jones porque nos convirtió a todas en humanas, con bragas faja para sostener la dignidad que algunos nos hicieron perder y sus adicciones al absurdo, sus sumas de errores tan desastrosos, sus ridículos... Nos caló y emocionó porque era real y hoy día resulta que ella se convierte en esto...

Siempre me han gustado las arrugas en la gente. Siempre me han llevado a imaginar cuáles han sido sus gestos más recurrentes a lo largo de la vida; si las sonrisas, los enfados o la preocupación. Ver hoy día a una persona con la expresión fingida, me produce pavor.

Supervivientes son aquellos que sobreviven, según la Rae. Hay multitud de formas de hacerlo y cada cual busca cada día la que más se ajusta a su perfil. No obstante, yo pienso que solo hay una forma de vivir, sean cuales sean las batallas que haya habido que luchar: y es siendo fiel a uno mismo, por fuera y por dentro. Con lo bueno y lo no tan bueno. Con lo bello y con lo feo. Porque esos somos, eso queda de nosotros, eso es lo único que va a sobrevivir por siempre. La esencia de nuestro selfie interior, quienes somos de verdad, con todas las heridas y medallas colgando del mismo corazón.

Sí, el reposo me ha dado para mucho pensar, para sentir y escuchar a esa "yo" que se había vuelto a perder. ¿Y a quién no le pasa? Una de mis ladies decía el otro día que la gente solo muestra lo bueno, que nadie se hace selfies cuando llora y que esas imágenes de nuestros momentos más miserables solo las toman los periodistas para sus noticias o nos las otorga el arte. Pero el día a día está lleno de selfies imperfectos, de retratos no fotografiados de personas que luchan, aun sufriendo, aun llorando por dentro. Por ello, instauro desde hoy el "selfie del superviviente", el del que acepta sus derrotas y las muestra sin lamentos, solo como baldosa negra desde donde coger impulso para continuar el viaje, porque todo lo que venga siempre, siempre, va a ser mejor. Esa es la idea. Así que un, dos, tres, ¡sonrían! Un, dos, tres... ¡patata o cheese! 

...y que lo que asome tras el objetivo sea siempre el alma...

Cancioncita del selfie del superviviente, Valiente de Vetusta Morla.


"No digo lo que digo, 

hago lo que no hago, 
al revés, al revés, porque 
ser valiente no es sólo cuestión de suerte. 



A veces no soy yo, 
busco un disfraz mejor, 
bailando hasta el apagón. 
¡Disculpad mi osadía! "



Un beso y cuidaos de la gripe, de los virus y de aquello que os hace
sentir no aptos, no bellos, no buenos. Todos tenemos selfies maravillosos. ¡Click! ¡Flash! Fotón.

martes, 27 de enero de 2015

Lo que te hable de mí...

Dalí. "La persistencia de la memoria"
Uno de mis lugares en el mundo.

Lo que te hable de mí cuando no esté
no lo olvides. 
Un día podrás contar
que me viste en un dibujo, 
en una canción o en un parque. 
Bajo el granizo, en un anuncio, 
o en un café. 
Podrás contar que me encontraste
en la radio, en una tienda, 
en un olor.
Lo que te hable de mí cuando no esté 
será la presencia que aún te late.
Lo que te hable de mí cuando no esté
no lo apartes. 
Abrázalo como si fuera yo.

Lo que me hable de ti 
cuando tú faltes,
lo iré guardando en un cajón.

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Se despertó sobresaltado de la cama. Sudaba y se dio cuenta de que también había llorado. Raro. Muy raro. Él no lloraba nunca. Pero no supo por qué. El reloj marcaba las tres y treinta y tres. Durmió intranquilo el resto de la noche y se despertó cansado. Enfadado con el mundo, tristón. Enero estaba costando más por dentro que por fuera. Mucho silencio. Puso la radio y sonó una canción que de repente lo transportó a unos brazos que hoy faltaban. Siguió triste pero sonrió. Ella la hubiera cantado.

Al llegar al trabajo la primera factura que tuvo entre sus manos acababa en trescientos treinta y tres. ¡Otra vez!, pensó. Y continuó con sus rutinas hasta que el vehículo de delante lo hizo frenar bruscamente hasta hacerlo casi chocar contra su tres mil trescientos treinta y tres, hache jota. Volvió a pensar en ella y supo de inmediato lo que hubiera dicho al respecto: 
"Las casualidades no existen, son señales".
Él estaba cansado de llamarla loca y de reír con sus manías y supersticiones y, sin embargo, ese triste martes de enero, se dijo que nada perdía con creer. Y lo intentó. Como si de un juego se tratara empezó a buscarla por las calles. Y la encontró muchas más de tres mil trescientas treinta y tres veces. Ella estaba por todos lados, como si flotara en el aire, "Oh, ¡no!" río al recordar a Dylan. Aquella noche bailaron un Blowing in the wind.

Llegó a casa y se sentó en la cama sin quitarse siquiera los zapatos. ¿Sería cierto que la respuesta está flotando en el viento? Durante días se despertó a la misma extraña hora y cientos de detalles lo hicieron sorprenderse y extrañarse a partes iguales. ¿Lo buscaba? ¿Sucedía? ¿Y si lo que él experimentaba era también algo que quizá ella en algún otro lugar estaba sintiendo? Negó con la cabeza. No. No podía ser. La ilusión mueve montañas pero la realidad es la realidad.
Buscó información en Internet, leyó por curiosidad el horóscopo para reafirmarse en su ciencia y el día que se chocó con un amigo que por error lo asoció con el empleo de ella, supo que por mucho que intentara encontrar explicación, no la había. Lo que pasaba, pasaba. Era. Existía. Y esa absoluta certeza de que había una parte de magia en cada momento que los conectaba le dio alas.

El día que el azar los volvió a unir, ella, a modo de saludo, dijo:
-Sabía que pronto nos veríamos.
-¿Me has hecho algún tipo de conjuro de los tuyos?
-No, pero últimamente todo me habla de ti.

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Quienes me conocéis bien sabéis que soy fan de las señales y que por suerte, las percibo a cada rato y así, yo solita, me lo voy pasando muy bien. Realmente es muy divertido pensar que nos van dando pistas y solo tenemos que seguirlas. Vivir con ese punto de locura y ser consecuentes con ella, la coherencia de lo absurdo. Me gusta. 

Hoy me han regalado un reloj blando como los de Dalí. Me ha encantado porque para mí esa lámina es un pequeño paraíso en mi mundo mental. Pero sobre todo lo que me ha gustado del regalo, ha sido la forma en la que me lo han obsequiado:
-Toma, es para ti. Lo vi y te vi. 

Me encanta saber que todo aquello de nosotros mismos que elegimos compartir con los demás es aquello que hablará por nosotros cuando no estemos presentes. Me gusta tener un mundo vivo a mi alrededor que me habla de momentos compartidos y me gusta pensar que mis recuerdos, no se quedarán solo conmigo. Lo vi y te vi.

Un beso de fin de enero post-cumpleañero. 
Un poco más vieja, y no creo que más sabia.

Temita, una de mis canciones favoritas, que me recuerda al bar donde he pasado tantísimas horas en mi vida, el Miguel en la Plaza Urdanibia de Irún. Muchas tardes de domingo Etxe ponía a los Pogues y yo escribía en cuadernos viejos ideas sueltas que no iban a ninguna parte. 
Hoy el Miguel ha cerrado como bar y en cambio, Rainy night in Soho suena por siempre arropándome con paredes de piedra y vigas de madera. 
Agur, Miguel

¡Cuántas historias han quedado entre tus paredes! 
¡Y cuántos recuerdos que quizá fuera de ellas cobren vida!

Más besos...

Pd: y esto lo tengo que decir porque forma parte de mi estilo. Si veis el vídeo hasta el final, si os dejáis sentir con la letra y la melodía de la canción... justo cuando acaba, espero que al igual que yo le hagáis llegar un pensamiento a Josete sobre edición de archivos... Que oye, que es genial y le estamos súper agradecidos porque sube vídeos y los traduce... Pero un poquito de por favor, de secuencias, de saber elegir el momento para ponerle los créditos, ¿no? Bueno, digo yo. Y ya. Muaks!

jueves, 22 de enero de 2015

Entre el Ohhh y el Aggg


-¿Y bien? ¿Cómo va la historia con tu bella dama?
-¡Uff!
-¿Ah sí? ¿Eso es todo? Vaya. No esperaba esa respuesta.
-A ver... No es que vaya mal, ¡para nada! Pero... ¡puff! Es complicado.
-No entiendo.
-Nos vemos poco. Es un poco "ay".
-Ya...
-No, no me entiendes.
-Efectivamente, no te entiendo. ¡No entiendo nada de nada!
-Estoy bien.
-Vale, de acuerdo. No hablamos más. Si no tienes respuestas no haré preguntas.
-No, no seas así de drástica.
-Sí, ¿sabes por qué?
-No.
-Porque a mí estas conversaciones me producen "aggg"...

El otro día Baby me preguntó qué quiere decir "ujum". Le dije que no sabía a qué se refería y ella, con sus seis añitos bien plantados, me respondió:
-Sí, ama. Ujum. Tú dices mucho "ujum". Te digo algo y tú "ujum". Hablas con alguien y "ujum". ¿Qué quiere decir?
-Ujum.
-¿Ves? ¡Ya lo has vuelto a hacer!

Intenté explicarle lo que hay detrás de cada interjección, pero creo que no la convencí. Del mismo modo, ayer no me creí ni una sola palabra de lo que me contaron. Sigo pensando que utilizamos dos lenguajes cuando nos comunicamos y tres si contamos el corporal. Uno es el que expresamos con palabras, dos con los gestos y el cuerpo y tres... con las onomatopeyas y silencios. Pero la gran mayoría de la gente no las tiene en cuenta y las deja estar. A mí en cambio me gusta el toque de atención de quienes te piden que hables de más y calles menos. Baby fue esta semana la segunda persona que me ha hecho reparar en que tras cada "ujum" que pronuncio hay un pensamiento que oculto. Y esto parece psicoanálisis. Sigamos.

Y es que me gusta la gente que no tiene miedo a la inmersión y a hablar de sí misma, la que dice "estoy bien" , "mal", "jodido" o "muy contento". Me gusta la gente que te hace sentir real, sin tanta parafernalia de poses correctas y estados perfectos. No me gusta quien se lamenta sin descanso y no hace nada por remediarlo, pero sin embargo, me gustan las lágrimas de los luchadores que tras las derrotas persisten. Me gusta quien de verdad te escucha. Quien sabe leer entre líneas y en el caso de que le falte el diccionario que te define tiene la valentía de preguntártelo directamente e insistir. Me gusta la gente que avanza aunque sea a paso de tortuga.

Me gustan quienes, como los niños, tienen la capacidad de sorprenderse y gritar un enorme "oh" al infinito. Quienes comparten su alegría y sus logros por el mero placer de hacerlo. Me gusta quienes celebran contigo las victorias y están para brindar por la felicidad, porque a veces es quizá mucho más necesario tener buenos amigos para lo bueno, porque lo malo siempre acaba por desenmascarar a quien de verdad te quiere permaneciendo a tu lado y a quien tan solo prefiere nadar por la superficie de tu vida conformándose con un "psst", sin saber estar a la altura de lo que significa un "uff".

Entre el ¡Ohhh! y el ¡Aggg! hay muchos momentos. Demasiados estados.
Es cierto que cuesta darle la mano a alguien cuando uno no está bien, pero creo que es mucho más honrado ponerle palabras al sufrimiento que parches, porque tras cada tormenta, siempre llega la calma y asoma un nuevo arcoíris tras el chaparrón, si osamos mirar por la ventana al exterior.

-¿Y bien? ¿Cómo estás?
-¡Ohhh! ¡Nieva ahí fuera! ¡Hay luz!
-Prepararemos una fiesta. Yo me encargo.

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Bueno, empieza enero y a pesar de tanta lluvia el ciberpapel estaba seco. Con el frío se congelan hasta los sueños, a veces, a ratos.

Os dejo dos temitas, estoy generosa. Uno: El pozo ciego del pecho, de Road Ramos. La conocí por mi devoción hacia Rozalén, pero es que me parece una artista brutal y este tema... podría definirse a base de onomatopeyas. El video, gótico, extraño y sorprendente, me chifla. La letra contiene lindezas como esta:

"...conozco tu verdad, tu extraña percepción, 
el sótano o desván donde lo oscuro crece. 
Es una transición, la lección particular 
de aplaudirse a uno en todas sus vertientes..."

Y dos: Julieta Venegas Algo está cambiando. Porque su dulzura y el buen rollo que transmite lo dice todo, y esta canción también.

"...Te asusta la idea de lo que pueda suceder 
                                                   decirte quisiera algo que te haga sentir bien, 
                                         pero es que hay algo más que a simple vista no se ve..."

Deseos para este enero que está a punto de acabar: sed buenos y hablad más a los ojos de quien os importa, quizá del "aggg" pasemos al "ohhh" #itzidixit