sábado, 24 de diciembre de 2016

Navifan: to fan or not to fun.

Rafal Olbinski. 
Hay cosas que te pueden gustar o no: como el surrealismo, el cine de terror, las palomitas dulces o la Navidad. Desde siempre hemos escuchado eso de que "para gustos los colores" y en esas estamos, dividiéndonos constantemente en grupos de "esta sí, esta no": continuando con nuestra particular ruta del bakalao sin luces de discoteca. Y llega Navidad.

A mí siempre se me revuelve algo en estas fechas. No me gusta la Navidad. No me gusta la Nochebuena. No me gusta que parezca más un compromiso que una pasión. Los regalos forzosos, los "hay que" y "tengo que" que en estos días copan las agendas... Y sin embargo me considero una persona muy familiar. Quiero a mi familia y me gusta estar con ellos, pero no los miro estos días distinto a como los miro el resto del año. No por ser Navidad les quiero más, ni me siento más necesitada de amor o compañía, ni me parece esencial estar hoy y no mañana; porque creo en el día a día. Creo en la mesa llena de risas un día cualquiera de febrero o abril, un paseo en verano, asomarnos por la ventana una fría tarde de otoño a ver llover... Creo en los días en los que coincidimos todos y la alegría nos embarga. Creo más en la improvisación que en la elaboración, o el estrés de este día porque todo sea perfecto, el cansancio, el trabajo y ¡oh! olvidarse la ensalada en el frigo.

Mi abuela María hacía albóndigas. Buenísimas. Increíblemente buenas. Preparaba una cazuela grande y a medida que íbamos llegando nos hacía comer una o dos a cada uno. Después nos regañaba por haber comido y no tener hambre para el resto de la cena. Me encantaba esa reprimenda; contenía un poso de satisfacción porque cocinaba muy bien; era su forma de agradecerlo.

En mi familia, todas las mujeres cocinan genial. Me siento una privilegiada por poder disfrutar de sus guisos y lamento que mi hija no vaya a correr esa misma suerte conmigo, porque a mí se me da especialmente mal, y además, no me gusta. Pero no nos tiene que gustar todo: siempre he pensado que lo importante es lo que cada uno aporta. Quizá no cocino, pero siempre tengo una sonrisa y un "gracias" esperando o mil aventuritas que contar a quien quiera escucharme. Y soy de las que prefiere fregar y recoger, antes que preparar.

No, no me gusta la Navidad, pero me fascinan las luces y me despierta mucha ternura quien la vive con entusiasmo. No sé, supongo que a donde quiero ir a parar es a que, aunque no me gusten estos días (que considero de protocolo), procuro adaptarme a quienes sí les emociona, y me convierto en maleable. Dejo hacer y dejo vivir y creo que ese es el quid de toda cuestión. Aceptar al otro como es. Siempre y ante cualquier circunstancia. Siempre y ante cualquier fecha del calendario.

Muchas mesas este año no tendrán a todos los comensales del año pasado: se antojan dramas por lo perdido y también se presuponen disgustos por todo lo no vivido aún. Si mis palabras tuvieran la fuerza del eco, sólo os pediría que esta noche intentéis dar lo mejor de vosotros. Y mañana también. Que os olvidéis del pasado, del futuro, de si la abuela fumaba... ¡de todo! No sé si eso es el espíritu de la Navidad o del sentido común, porque mañana volverá a amanecer y habrá que volver a ponerse en pie y solo con la ilusión de ser mejores es como podemos enfrentar esta vida que a veces duele como un desgarro y otras... otras nos pierde en la locura.

Disfrutad del aquí y ahora. Brindad por la capacidad para poder hacerlo y procurad no dejaros llevar por la pena, ni la rabia, ni la frustración. Navifan, to fan or not to fun. ¡A divertirse, mi gente!

***Baby está siendo mi maestra y a veces se me olvida. Cuando se levanta cada mañana, no está enganchada a lo que ha pasado. Ni a un enfado, ni a una tristeza, ni tan siquiera a una alegría. Piensa en lo que va a hacer, en lo que le depara el día y solo tiene ganas de jugar y divertirse. Es como si cada día de su vida fuera Navidad. Ella ve luces y espumillón por doquier. Canciones que suenan bonito, sonrisas, y lo que no le gusta, lo aparta. ¿Seremos capaces de aprender?

Os lanzo esta pregunta antes de que os sentéis a la mesa.
Disfrutad de cada momento y que todo os sepa rico.
¡Felices fiestas, mi querido Mundo Blog!
Nos leemos, siempre.

Sed buenos.

pd: estoy feliz porque he descubierto a este autor. Rafal Olbinski y he tenido un flechazo surrealista.
Rafal Olbinski

¿Os gusta u os disgusta? ¿Os deja fríos? A mí me chifla. La imaginación vuela con cada obra. ¿Y qué canción? ¡Uff! ¡Difícil!

"Me olvidé de vivir", de Macaco. Siempre lo escucho cuando me cuesta echar p'alante. Cuando la vida se pone algo cuesta arriba y hay que revisar patrones que se han hecho viejos de repente y toca reinventarse.

Lo dicho, ¡sed felices y vivid! Con el corazón p'afuera a ser posible, y si resulta que es una cuerda floja, divertios encontrando el equilibrio. Brindo por ti. 


jueves, 15 de diciembre de 2016

A remar...

Arriondas, Asturias. Agosto 2015. Río Sella.
Fue todo muy rápido, íbamos riéndonos, pensando en maldades absurdas y bromas, cuando llegó la curva. Nos golpearon y volcamos. Él salió bien hacia la orilla y yo caí mal contra una roca y reaccioné aún peor, ya que me quedé paralizada recibiendo más golpes de otras canoas que pasaban y de las piedras del fondo. Recuerdo la sensación de desconcierto.
-¿Estás bien? -me preguntó en cuanto pude llegar a su lado.
-Me he hecho una avería importante, pero vamos.
-¿Segura?
-Hay que seguir remando.
Y es que aún nos quedaban unos 6 kilómetros de descenso. Fue en agosto de 2015.
Esa misma noche en mi cadera ya había un hematoma del tamaño de un balón de basket y unos días después me dieron la baja, estuve tres semanas parada.

Los accidentes ocurren de repente, inesperados, llevándote al "aquí y ahora" sin que tengas tiempo de decir "esta boca es mía". Le dí muchas vueltas a ese momento. Recuerdo perfectamente lo que iba pensando cuando volcamos incluso. Y sé también, que la metáfora es perfecta, que solo había que dejarlo fluir, que un río no se puede controlar, como las emociones o los sentimientos; sé que fue un "párate y valora", "párate y mira", "párate y disfruta".

Hoy el traumatólogo me ha confirmado lo que me negaba a aceptar, y es que aquel día, me rompí algo por dentro. Se llama "labrum". Me gusta cómo suena. No me gusta el dolor que me provoca. He salido del hospital con volantes para un TAC, analítica de preoperatorio, cita de revisión con él de nuevo y mi año 2017 marcado en tiempos: "la operación dura algo más de 2 horas, 1 noche de ingreso, 3 puntos de la artroscopia, 4 semanas de muletas y entre 4 y 5 meses de rehabilitación. Eso sí, ahora estás en lista de espera, y calcula entre 4 y 8 meses hasta que te opere". Tengo que empezar a prepararme físicamente para cuando sea.

Mentalmente, ahora que lo escribo empiezo a salir del shock. No esperaba que me dijeran esto. Pero en mi fuero interno sabía que el dolor no iba a desaparecer por arte de magia. Necesitaba una solución y hoy me la han dado. Y es que no se puede vivir con dolor, con una molestia constante, y yo llevo meses mal. Cabezona y tozuda, en mi línea, tirando de coraje hacia adelante negándome a aceptar que quizá debería parar, otra vez. La coherencia también tiene que ver con escuchar al cuerpo y lo que demanda. No, no se puede vivir rodeado de personas que no te valoran, de gente que te trata mal, desmotivado nada más levantarte de la cama, falto de energía y ganas, porque el cuerpo habla.
No se puede vivir con la contradicción constante de ir o no ir, hacer o no hacer y nuevamente, no dejando fluir las cosas, confiando en que siempre lo que sucede, es lo mejor que podía haber sucedido, porque dentro del plan, todo es perfecto. Quizá debo recuperar mi mentalidad zen y confiar más y preocuparme menos. Cuidarme más, y trabajar menos. O, al menos, no con la sensación de que todo es un esfuerzo.

Estos días las noticias que llegan del mundo son horribles. Hay un encabronamiento global que asusta y se están tomando unas decisiones que solo los poderes políticos entienden por sus propios intereses. Dan ganas de bajarse de este mundo e inventar otro, empezando desde cero. Dan ganas de gritar, de llorar y de rebelarse contra todos aquellos que han hecho estas normas y contra todos aquellos que las asumieron y ahora se quejan. ¿Todo lo que está sucediendo es la roca que nos hará parar?

Él bromea al recordar ese día y me encanta que lo haga. Dice que si yo quedé así, cómo estará la pobre roca. Me vacila con los añicos que forman ahora parte del cauce del Sella y yo, veo cómo fluye el agua y la escucho en mi mente. Al final, pase lo que pase, aquí o allá, en este mundo loco o en un río, sólo nos va a quedar la opción de remar. Porque la vida sigue, siempre sigue, ¡ay, como el agua!

Todo va a salir bien. Tengo que romper el cuaderno de ruta que había trazado y quizá, atreverme a vivir sin él por una vez, tal vez funcione, no lo sé. Se trata solo de confiar, y remar.

Como no podía ser de otra manera, Rosendo  y su "a remar", es mi banda sonora indiscutible para esta entrada que etiquetaré como "diarios". Repetiré hasta la saciedad que si lo escribo, es que todo está bien, (así que no os preocupéis, que os conozco) que el problema siempre llega cuando hay silencios. Mañana empezaré a reír, como en la foto, recién terminado el descenso y con la marca del golpe en la cadera. Mañana asomará la payasa que habita en mí porque ya me habré hecho a la idea, tras descansar bien esta noche. Así que espero que vosotros también descanséis bien y soñéis bonito. Antes de apagar, yo escucharía la canción:

"Hombro contra hombro luchando en este mar 

Y a remar, a remar 
Llantos y alegrías que puedas entonar 
Y a remar, a remar.

Antes del asalto aguarda la señal 


Y a remar, a remar"

Sed buenos. 

Por cierto, el sábado y el domingo estaré en la Feria del Libro de Hondarribia, junto a otros autores bellos de la zona, con nuestro libro de relatos "Oskarbi 21". También, y cómo no, estará mi El Veto. ;)
¿Qué mejor que regalar sueños en papel? A remar, mi gente. Nos leemos. 


jueves, 1 de diciembre de 2016

Fuegos y gatos.

Artista: Catrin Welz-Stein
Tengo un compañero de trabajo al que cada día le suceden mil cosas, y todas ellas relacionadas con las mujeres. No es un tipo especialmente atractivo, ni uno de esos hombres que llamarían la atención con su sola presencia. No destaca en altura ni en belleza, pero cuando habla... Cuando habla, transmite. Habla mucho y rápido. A veces parece incluso que trata de justificarse, las palabras le salen a borbotones. Su mente es ágil y enseguida comprende y replica.
Digamos que se llama Mr. Go.

Mr. Go no cree en el amor. Dice que es todo una pérdida de tiempo y una invención. Que incluso está reñido con la práctica de determinados deportes, porque tener pareja, implica un estar que el ejercicio necesita para mejorar.

-¿Y sólo crees que uno puede mejorar haciendo deporte?
-Ya sé por dónde vas, Lady. Me vas a decir que también se puede mejorar como pareja o persona pero, ¿si voy bien de valores?
-No iba a decirte eso.
-Escucha. Yo ya he estado en ambos lados de la vida. Jefe y empleado, parado y ocupado, he querido y me han dejado. Ya sé de qué va un poco todo esto.

Hoy le escuchaba sin saber muy bien qué decir. Ha entrado como un miura y necesitaba soltar todo aquello que sabe y ha aprendido. El resto de compañeros hemos sonreído. Algunos no han entendido nada y yo, sencillamente, le he dejado continuar.

-Imagina que me enamoro. Que pierdo la cabeza. ¡Eso es una auténtica putada si te gusta la vida que llevas! Mandar todo a la mierda, empezar de cero... ¡para que luego encima en cuanto se te pase tengas que arrepentirte! Me estás mirando con una cara...

No tenía espejo para verme pero intuía que mi ceja izquierda estaba alzada. Siempre me pasa cuando algo me sorprende. Mi ceja debe estar conectada con el asombro.
Cuando me ha dejado de nuevo sola con mis pensamientos, tenía su discurso en runrún.

No conozco a nadie que no se haya enamorado perdidamente alguna vez y que, a pesar de las heridas, rechace una sensación así. Puede impedirte mirar allá el miedo, pero renegar de un gran amor así...

Al despedirme de él me ha dicho:
-Lady, espero que no pienses que estoy loco.
-Bueno.
-¿Qué, lo piensas?
-No exactamente.
-¿Entonces?
-Creo que el simple hecho de que le pongas palabras ya habla de por sí.
-¡Anda no me jodas!

He conducido a casa riéndome. Somos un auténtico universo de personas interactuando. No sabemos ni la mitad de la mitad de la vida de los demás y a pesar de ello, incluso, creemos saberlo todo. Llevo días soñando con gatos. Gatos que se asoman por la ventana, gatos que se esconden tras las puertas o bajo la cama, gatos que caminan hacia mí... Gatos y no tengo gato. Ni perro. Ni a mi pobre pez.

Tenía 20 años cuando escribí que si había que morir, deberíamos morir de amor. Aún no conocía a Camilo Sesto, (ja), en todos estos años, me mantengo en aquella febril conclusión. No me habían roto el corazón en tantísimos pedazos todavía, no sabía de la media, la mitad. Y hoy día, que sigo caminando con cuaderno de notas en mano, aprendiendo a cada rato, volvería a garabatear que si he de morir, quisiera que fuera de amor. Con tiempo o sin él. Mandando a la mierda todo, empezando de cero y reinventándome. No conozco sensación más pura que esa entrega inicial sin paracaídas, cuando dentro de ti mismo sientes que ya no hay vuelta atrás. Y es que el amor es un gran viaje, del que nunca hay que regresar igual.

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Feliz comienzo de diciembre, mes de hacer balance. ¡Uf! ¿Ha ido bien? ¿Mal? A mí me está costando lidiar con mi propio caos. Cuadrar agenda, llegar a todo lo que quiero hacer y, ¡oh, vaya! Tan solo me ha durado el vacío literario unas semanas, la mente, ¡esta puñetera mente! , ya está de nuevo hilando fino para que escriba algo nuevo. ¡Y aún ni siquiera he mostrado el segundo proyecto! Así que 2017, como si de un nuevo amor se tratara... ¡agárrate los machos, que voy! ¡Qué expresión más fea! ¿No?
Mañana cuando vea a Mr. Go le diré lo que pienso. Le diré que pienso que aún no se ha cruzado en su vida la persona que lo desequilibre, que yo sigo creyendo en eso. Que tengo la certeza de que esos encuentros suceden, explosiones de luz a escala celular, epidérmica. Que creo en el amor y en toda pérdida de tiempo si es por, para o haciendo el amor.

Quizá mañana Mr. Go me mire diferente.
Quizá Mr. Go crea que la loca soy yo.

Cantan los maravillosos Vetusta Morla. Fuego.

"Pero, ¿quién quiere guardarse si no existe enemigo?
Pero, ¿quién quiere ocultarse de lo desconocido?
Fuego, siempre alrededor
Fuego, alguien olvidó que el fuego
Que el fuego, lo guardo yo".
 ¡Aún sigo vivo! 
Me cuesta retomar el blog y al acabar cada entrada, me cuesta apartar los dedos del teclado.
Sed buenos, besos mil e infinitas locuras bellas. 

martes, 8 de noviembre de 2016

REPLANTEAMIENTOS

"Hace tiempo que descubrí que una mujer es muchas mujeres..." -Maite González Esnal
Viajes, frutas, barrios.
¿No os ha pasado alguna vez que os habéis descubierto a vosotros mismos contradiciendo vuestras propias creencias? ¿Disfrutando de algo que previamente habíais censurado? ¿Haciendo algo que siempre habíais dicho que jamás haríais?

"Donde dije digo digo Diego".

Creo que esta parte de la película la aprendemos tarde. Que nos educan para vivir estables en un mundo donde todas las figuritas deben permanecer igual en la estantería después de pasar el polvo y... claro, el día que una de ellas mira hacia la pared o se rompe, el pequeño micromundo de estabilidad, se tambalea.

Creo que el capítulo de cambiar la decoración lo aprendemos tarde también, como el de las rupturas, las pérdidas o lo poco importantes que son las figuritas en sí; porque lo verdaderamente importante es quién las puso ahí.

Los decorados cambian y nosotros, también. De a pocos, brusca, constantemente. Y nos convertimos en quienes dijimos que no seríamos jamás sin darnos cuenta y entonces entendemos a aquellos que fuimos y nos permitimos ser aquel en el que nos convertiremos. ¿Galimatías? Yo a día de hoy lo llamo evolución. Replanteamientos, ensayo y error. Comprobar en qué balda reposamos mejor, mirando hacia qué sol.

Estos días me estoy replanteando muchas cosas. Muchas. Demasiadas. La vida tiene un cariz tan intenso que no me permite relajarme. Al menos no me siento sola, sé que como yo hay muchos buscando dónde recolocarse, o valorando por qué es mejor este lugar o el otro. Es momento de preguntas, de espejos que devuelven respuestas que obligan a ponerse en movimiento. Veo el mundo tal y como está y no consigo quedarme quieta. "Las palabras se quedan cortas para decir todo lo que siento...". Sí, mi chiquilla también es lo más bonito del firmamento.

Si hace muchos años no hubiera encontrado respuestas en un libro a través de la voz de sus personajes, creo que jamás hubiera encontrado mi lugar en el mundo. Los libros me resituaron, me pusieron voz, decoraron mis espacios interiores. Llenaron de luz mi oscuridad y acunaron tanto las penas como las alegrías dando en la diana de mis emociones. Palabras que un día alguien necesitó escribir. Historias que muchos necesitaron contar y compartir.

En el 2009, cuando abrí mi primer blog, me convertí sin pretenderlo (y honestamente confieso que fue más una necesidad vital de escribir para mí misma) en el abrazo de mucha gente anónima que me leía desde diferentes lugares del planeta. En mis pensaderas de esta temporada está el motivo para que ahora no me entregue igual. ¿Miedos? ¿Vergüenzas? El anonimato era un lugar tan cómodo... Giré la figurita para ver el mundo y aún ando acostumbrándome a la luz. ¿Me daréis tiempo? No puedo dejar de replantearme volver.

Mr. Jones Country tiene tantas historias por contar...

En breve, exclusivas literarias que me alegran hasta el infinito. Talleres de escritura creativa con nuevas personitas, proyectos en colaboración con artistas que admiro, en marcha... ¿se puede uno quedar quieto realmente viendo la vida pasar? ¿Esperando a que alguien venga y lo sacuda con un trapo? Yo necesito movimiento, desempolvarme sola, replantearme, mirar al horizonte y ser yo la que sorprenda. "Soy el dueño de mis ruidos". Leo a la que fuera mi profesora, Maite González Esnal y la elegancia de sus letras me transporta. "Escribir es re-escribir, Itzi, no lo olvides". Y sonrío al imaginarme la cara que me pondrá cuando vea que le doy al botón de publicar con avidez, posiblemente habiendo dejado más de un cabo suelto en esta entrada. "Yo soy de otra generación, Itzi". ¿Qué hubiera sido de este mundo sin el don de la palabra?

Cuando Mundo Blog se hizo carne y hueso.
¿Conocéis a Gotan Project? Os dejo una de sus canciones que me transportan y me hacen sentir bien. "Vuelvo al Sur".
Y dice:
"Vuelvo al Sur como se vuelve siempre al amor. Vuelvo a vos, con mi deseo, con mi temor. Llevo el Sur como un destino del corazón. Te quiero, Sur".

Me chifla. Como la gente mediterránea a la que prontito visitaré y abrazaré, para volver a coincidir. Nos encontramos en las letras, nos leemos. Besos.


domingo, 25 de septiembre de 2016

Ódiame

Fotografía de Estitxu Ortolaiz

Él siempre sacaba la misma foto cuando paseaba. Nunca le pregunté por qué lo hacía. Me hacía gracia caminar a su lado y saber que iba a pararse, mirar hacia la montaña y tomar la imagen. Supuse que algún día me lo contaría. Todos estamos hechos de pequeñas manías.

Él decía que conmigo todo era muy sencillo. Que era divertida, que lo calmaba y que sobre todo, le permitía sentirse él mismo. Libre. Yo callaba. Sentía que muchas de esas frases no requieren de respuestas. Él afirmaba cosas que me conmovían. Pero tampoco se lo dije.

Él me deseaba como se desea una piedra preciosa, o un gran viaje, o... ese algo que cada cual puede desear mucho. Tampoco le dije que temía al deseo. Que el deseo es una ilusión que de no alimentarse se funde, como una bombilla tras el resplandor.

Anoche me escribió. Eran las cinco de la mañana cuando recibí su mensaje:
-¿Duermes?
-...
-¿Te he despertado?
-...
-Bueno, solo quería decirte que sigo pensando en ti.

Me revolví en la cama no sin antes estampar el teléfono contra la pared. Solo tardé dos minutos más en levantarme, reiniciarlo y responder.
-¿Sigues pensando en mí a las cinco de la mañana?
-Perdona, no me atrevía a escribirte antes.
-Si lo haces a las diez quizá podamos charlar un rato. Ahora no tengo nada que decirte. Buenas noches.
-He sido muy torpe otra vez.
-...
-¿Sigues ahí?

Cuando le conocí me pareció un hombre que sabía lo que quería. Al menos, conmigo. La vida ya es demasiado compleja como para saber hacia dónde tirar. No obstante, él tenía muy claro el rumbo conmigo, el problema es que yo nunca lo supe. O lo interpreté mal, o a mi manera. Cuanto más me quiso, peor me cuidó. Y cuando más me necesitó, más sucumbí yo a un papel que no me correspondía.
-¿Puedo ir a verte?
Remoloneaba, me miraba en el espejo, me daba cabezazos contra la pared preguntándome por qué continuaba con aquello y finalmente decía:
-Bien.

Después todo era muy predecible. Junto con la ropa también me desvestía del corazón y cuando tras un par de horas de sudores varios se iba, procuraba olvidarme de reponer mi órgano fundamental. Porque sabía que la talla de mi alma había cambiado, que apretaría, que me ahogaría. Esto, él tampoco lo supo.

Siempre he pensado que debió imaginarlo. Que debía intuir el estado en el que me dejaba después de cada encuentro. Pero cuando al cabo de unas semanas e incluso meses, regresaba como si todavía fuéramos dos desconocidos tratando de descubrirse, con mi ropa, ya mi corazón no se caía. Me había vuelto tan de piedra que ni podía con él.

-Estoy seguro de que me odias.
-No.
-Sé que esto es una mierda, es poco, es insuficiente, es... Venga, por favor, dime que me odias.

Continuamos durante un tiempo siendo mucho peor que dos desconocidos. Librando batallas que a día de hoy me parecen ilógicas tan solo por no soltarnos, por no hacernos más daño, por no ser francos el uno con el otro. La última vez que nos vimos, él llevaba a su hijo al colegio. Como cada día, paré en el "stop" mientras los veía entrar en el edificio. Tenía tutoría, llegué un poco más tarde. Nos estrechamos la mano y ella empezó a formularme preguntas sobre el niño como si las llevara todas apuntadas en una libreta. Yo me concentraba en la respiración mientras él miraba al suelo.

-Por último, quería preguntarle una cosa. No sé cómo darle la noticia de que va a tener un hermanito.
-¿Sí? -exclamé de repente, sorprendiéndoles a ambos-. Vaya, felicidades.
-Gracias -dijo ella emocionada poniendo la mano sobre la rodilla de él.
Parecía ridículo sentado en una silla de primaria, haciéndose por segundos más y más pequeño ante mí. Me envió un mensaje al salir que decía "lo siento". ¿Lo sientes? Tampoco respondí.

-¿Sigues ahí? Entiendo que no quieras ni verme. Que me odies. Yo...

Mientras veía cómo en la pantalla ponía "escribiendo", le respondí. Hablé con sinceridad por primera vez en muchos meses. Su mensaje no me llegó, porque paró en seco cuando las dos flechas se tornaron azules y leyó mi texto.
-No te equivoques, me odio a mí misma.

Nunca he sabido si siguió sacando fotos al mismo lugar.

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Esta tarde una mujer en silla de ruedas me ha pedido que la ayudara. Había empezado a llover, iba en tirantes y me ha pedido si podía sacarle de la mochila un jersey.
-¿Lo tienes aquí?
-Sí.
Al sacarlo, me he dado cuenta de que pesaba un poco. Llevaba la alarma que suelen poner a las prendas en las tiendas.
-Esto... quizá deberías quitar esto de aquí.
Me ha mirado un par de segundos antes de responder mientras accedía a que le pusiera la chaqueta.
-Sí, algún día me pasaré para no tener problemas.
Cuando ha seguido su camino, no he podido dejar de pensar en las múltiples circunstancias que hacían que ella siguiera llevando la alarma puesta. Ninguna ha sido buena.

Al igual que ninguna es buena para justificar el odio, ni el rencor. Conozco personas maravillosas que se odian a sí mismas por haberse dejado herir. Por haber confiado, por haber dañado a quienes querían. Creo que es muy triste cargar con esa culpa, atacarse a uno mismo cuando en el peor momento es cuando más necesitas abrazarte. Y no digo que te abracen, digo que te abraces tú. Que te aceptes, que te permitas tus errores, tus aciertos, tus meteduras de pata y todas esas alarmas que no sonaron cuando abandonaste algún lugar. Lo que nos llevamos de bueno es aquello que seguirá abrigándonos cuando llueva, cuando llores. Porque somos la suma de alarmas que sonaron y no quisimos escuchar en determinados momentos. El libre albedrío consiste en elegir y ser consciente de las consecuencias de cada elección.

El mundo está muy revuelto esta temporada, no os agobiéis. Son sólo alarmas que suenan, como despertadores. Después, te levantas y continuas. Siempre es igual.

Sed buenos, gracias por leerme  y escuchad esta canción. Hoy me ha dado por buscar un tema que tenga tanta fuerza que digas ¡sí! Los Black Sabbath a los que debo muchas más escuchas. Y el Ódiame de Bunbury, que nunca me deja indiferente.

"ódiame por piedad yo te lo pido 
ódiame sin medida ni clemencia 
odio quiero mas que indiferencia porque 
el rencor quiere menos que el olvido"
Nos leemos, besos mil en este septiembre de tantos proyectos en marcha.
¡Ah! La imagen, otra de Estitxu. Conecto con su sensibilidad. ¿Por qué esta? Por lo que os sugiera. A mí me dice tantas cosas...

Muaks!

martes, 6 de septiembre de 2016

Mens sana in corpore... de aquella manera.

Foto: Oscar Rivera
Tal cual. Y es que me gusta mucho la buena vida, la contemplación, los pintxitos y la cerveza. Soy de las que veo a la gente correr y me intriga saber en qué irán pensando. Porque no me creo que sin un balón se pueda correr y disfrutar. Será que nunca me he considerado deportista, sino jugadora de baloncesto. Pero aquella etapa terminó. Veinte años en una cancha son muchos años, muchos golpes, mucha disciplina y un momento en que las jóvenes llegan y tu vida, también, tiene que mirar hacia otro lado. Yo soñaba con recuperar las ocho de la tarde. Esa bendita hora en la que podrías elegir si quedarte en casa, irte a dar una vuelta, quedar con alguien, o dedicarte al nadismo más absoluto, en vez de ir a entrenar día tras día, noche tras noche.

Hace ya tres años que no hago nada de nada. Que río, lloro, me preocupo, me enfado, me rebelo contra el mundo y contra mí misma y a las ocho de la tarde, estresada o feliz, preparo la cena para la peque y para mí, o me tiro en el sofá o escribo o leo. Y el cuerpo, lo nota.

Llevo tres años tratando de cuidar tanto mi mente y mis estados, que el cuerpo dejó de tener su forma y su elasticidad, porque me emperré en que lo primero era sentirme fuerte por dentro, recuperar mi equilibrio interior... pero no me digáis cómo, tras este verano, he sentido que no puedo expandirme más. (Bueno, tal vez la ruptura de unos vaqueros nuevos al intentar subirme a una moto tuviera algo que ver, jajajaja).

Es complicado empezar a moverse. Me siento torpe, rígida y lenta, muy lenta. Es difícil luchar contra los recuerdos que tu mente te lanza sobre quién y cómo fuiste en una cancha, y aunque nunca destacara por mi velocidad, jaja, no se me dio mal del todo. Me quedé embarazada con 28 y gané 20 kilazos. 4 fueron de la propia niña, vasca, por lo que leéis, jeje. El resto, se fue yendo poco a poco. Con el divorcio perdí 17, y me quedé tan escuchimizada que mis amigas me llamaban "fea" y me pedían chicha. Poco a poco, la cogí. Y lo que tiene la felicidad, que se ha desbordado por mi cuerpo. Que mi metro ochenta y tres engañan y disimulan, pero mi ropa no. Y no entrar, me fastidia. No aspiro a posar en ninguna revista de fitness ni a lucir un palmito para nadie. Solo quiero volver a moverme y sentirme liviana. Ágil, flexible y activa. No creo que sea imposible. Creo que solo es cuestión de voluntad y de aceptar, que esta parte ahora mismo, equivale a quererme también por fuera.

He encontrado el por qué a muchos de mis recelos con el deporte. Uno, que nunca lo tomé como algo que me sirviera para cuidarme. Era pura adrenalina, competición, jugar y jugar a encestar, a mejorar, pero no a observar los musculitos y todo lo que aporta. Dos, durante estos años, me he dado cuenta de que me resultaba tan importante demostrarme a mí misma y al resto que estaba "sana" por dentro, que mi cuerpo, ¡bah! , me daba bastante igual. Necesitaba sentirme fuerte, valiente, reconstruida. Ahora que empiezo a estarlo, hubo un punto de inflexión y no fue solo el pantalón. Fue la desidia tan pegada a mis ganas. Darme cuenta del autoboicot y de que solo tengo 36 y si me dejo ahora, ¿cuándo volveré a encontrarme?

Así que he empezado a hacer deporte. Siento que es como empezar a meditar. Que todo tipo de ideas surcan tu mente y todas te dicen que lo dejes que no sirve para nada. Llevo dos días. Me río sola en casa frente a los videos de youtube y me río más al darme cuenta de que lanzo juramentos en hebreo porque me duele todo. Salto y noto la lesión del tobillo de hace años, cojo una mancuerna y mi dedo roto se lamenta, me siento y rezo a la instructora que no me pida levantarme... y al acabar, hasta me aplaudo. ¡Ja! No digo porque yo lo valgo, sino un divertido: "anda que Itzi... ¡vaya lo que se te ha ocurrido ahora!".

Día 2. Soy la Eva Nasarre del siglo XXI
No tengo un objetivo marcado. Si logro llegar al día 21 como la Samantha de la tele decía, me doy por satisfecha si luego tengo ganas de seguir un 22. Pienso que si fui capaz de dejar de fumar de una forma tan sencilla, solo diciendo que lo haría y punto, esto también puedo hacerlo. ¡Que mi cuerpo tiene que tener algún tipo de memoria deportiva, no? Porque si no, vaya mierda haber dedicado 20 años a algo que solo deja huella emocional, ¡con lo que he sudado! Me falta un equipo para motivarme. Echo de menos a mis chicas y el sonido del balón constante alrededor. Así que V me dijo que escribiera. Que lo compartiera, que esto me motivaría y me ayudaría a unir mis dos pasiones. Bueno, el deporte no es una pasión, no voy a venirme arriba ahora con el discurso. Escribir sí. Así que nueva vida que comienza en este septiembre caluroso. Regresar a casa de la ofi, rutinas de ejercicio (deberían llamarles de otra forma y no rutinas, rutina suena a cansino, aburrido y Mordor), y continuar con mis textos y mis proyectos literarios. ¿Lo conseguiré? Ojalá.

Baby me decía esta tarde, "ama, yo voy a ayudarte en lo que quieras". Y seguido me ha dicho que no bajo el culo lo suficiente. ¡Ja!

En fin, no me extiendo más que para ser el primer día creo que ya he contado bastante.
Me siento algo mejor. He expulsado demonios con cada gotita de sudor, incluido todo lo que pienso sobre el "ca..." que me ha rallado el coche. Y ahora a cenar, a charlar un ratito, leer, escribir o lo que surja. Me motiva compartirme, siempre lo ha hecho. Así que si has llegado hasta aquí, GRACIAS.
No entiendo la vida como un deporte solitario, sino como un camino de equipo. Sea como sea.

Sed buenos, haced aquello que os haga sentir bien, pero estad siempre seguros de que lo hacéis por vosotros y no porque la sociedad nos acribille a mensajes subliminales y directos sobre el cómo debemos estar y dónde está la cima de la felicidad. Todos somos tan distintos que llegamos a ser únicos y especiales. Con kilos de más, de menos, o redondos e ingrávidos como almas y estrellas.

¡Hey! Que no me olvido de la cancioncita... Imposible que no suene Bunbury. Hace menos de una semana lo vi en directo en Valencia y aún resuena en mi corazón. Como la compañía que tuve. Mis dos amores. Mejor imposible. Que suene entonces él, y este temazo. "De todo el mundo".


"Que no interrumpa lo cotidiano 

mis pensamientos. 
Que no me dejen sin mi sustento 
en vano.



Que no me atrape lo mundano 
si prefiero no estar quieto.
Que no me pongan en un aprieto 
por algo que no está en mi mano.



Que no me consuman si como sumo 
soy un regalo. 
Que no le cause a nadie espanto 
si yo mismo me acuso.



Soy vagabundo, siempre de paso de 
aquí de allá, de todo mundo. 
No tengo dueño, no soy tu esclavo. 
Un poco tuyo y de todo mundo..."


Besos mil y hasta prontito, que regresar al blog siempre es como respirar. 
Muaks! 

Itzi

miércoles, 20 de julio de 2016

Expresionistas del día a día

El grito - Munch
A primera hora de la mañana he leído un tuit de esos que me han dejado pensando:
"Fuerte es quien llora a escondidas y ríe en público". 

¡Uff! Mira que es una frase sencilla y mira que me ha hecho pensar. ¿En serio? ¿En la hipocresía de reír cuando uno llora radica la fortaleza de uno? Quizá debieran haber escrito que uno es valiente, o corajudo o... ¿humano?

¿Por qué está tan mal visto llorar en público? ¿No es natural? Dejamos para la recámara muchas de las emociones más normales y universales y vamos por la vida con la máscara de superhéroes y de pestañas haciendo ver que nunca pasa nada, cuando a veces, por circunstancias "equis", nos pasa de todo.

Siempre he envidiado a quienes caminan como si no se mojaran con la lluvia. ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo pueden usar ese chubasquero emocional y dejar aparcados los problemas en el rincón? Muchas de esas personas me han respondido: "también soy humano, ¿eh? No creas, pero lo oculto".

Ocultar. ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Ante quién?
Creo que muchos de los momentos más de verdad de mi vida tenían lágrimas. Felices y amargas. Pero lágrimas. Mías y de otros. O nervios, o uñas mordidas, o inseguridades, o retos, miedo... Y gritos. Muchos gritos. De rabia, de frustración y también de placer.

Fuerte no significa disimular. Fuerte significa volver a intentarlo a pesar de todo.
Fuerte es llorar, y sucumbir.
Porque fuerte es quien con el corazón encogido afronta el nuevo día y sigue hacia adelante sin rendirse aunque tenga ganas de tirarse al suelo.
Fuerte es quien abre su corazón de nuevo aunque éste aún tenga reminiscencias de antiguas heridas.
Y es que fuerte debería ser sinónimo de valiente, y de humano. De ti y de mí.

No conozco a ningún valiente ileso.
No puedo empatizar con quienes no muestran jamás sus sentimientos y ocultan sus emociones. Sin embargo, tengo una afinidad especial con todas aquellas personas que, sencillamente, viven como sienten, y se comparten.
Espejos de la realidad que vivimos y que te hacen aprender con su honestidad.

Gente bonita que avanza, antes o después, pero que continúa: a veces, con el empuje de la risa y otras, con la fluidez que aporta el llanto.

¡Qué bueno poder compartirte y sentirte acogido por otro "fuerte"!
¡Qué bueno tener un espacio donde gritar al vacío!
¡Expresionistas del día a día! Tal cual.

Un beso, y una canción para mis blogueros bonitos. La última de Depedro: Déjalo ir. 
La escuché ayer y hace eco en mí. Que os guste. A mí me encanta.

Sed buenos.
Muaks!


lunes, 18 de julio de 2016

Monotonía

Si usted aprende lo que el mago ya sabe, se acabó la magia.
No sé en qué momento pasó. No estoy segura de cómo llegué a sentir esto, pero sucedió. Un día empecé sin querer a pensar de más y me encontré ante un precipicio que sabía de antemano que jamás saltaría, y al que sin embargo, no dejaría de asomarme ni un solo día.

Sé que te quiero para el resto de mi vida. Sé que tú eres mi familia y mi amigo y mi todo. Que no podría elegir a nadie mejor que tú. El padre de mis hijos, ¡sí, el compañero perfecto! No obstante, llevamos tantos años juntos que a días siento que me he perdido una parte muy importante de la vida. ¿Recuerdas que nos besamos por primera vez hace más de treinta años? Fuiste mi primer beso con lengua. No he besado a nadie más. Te extraña que te hable de estas cosas y mira... tampoco he hecho el amor con nadie más. Y no, no es que quiera otra vida, pero sí ansío otras experiencias. Y a ese precipicio me asomo cada día. ¿Y cómo dejar de pensar en ello? Hay tanto que siento que me he perdido...

Estamos dentro de una monotonía en sintonía, rutina llámalo si quieres. Me gusta, me aporta estabilidad, nos da seguridad. Todo permanece en su lugar si estamos juntos, como las fotografías que están desde siempre en la repisa del salón. Hay días que me aburro. Que me siento vacía. No puedo decírtelo. Pensarías que he dejado de quererte, o se instalaría la duda dentro de ti... ¡Y no tengo dudas! ¿Te queda claro? No dudo. Pero extraño algo que no tengo. ¿Quizá lo he idealizado? Puede ser.

También hemos sido educados para seguir un camino recto, sin bifurcarnos para no pecar. Imagina que tengo una noche loca. ¡O conozco a Christian Grey! ¡Qué escándalo! ¿Te acuerdas lo que te enfadaste porque leyera un libro así? No te gustó saber que me había puesto "cachonda". Incluso el término te hirió y a mí me costó decirlo. ¡Dios mío! Te sentó fatal. Era la primera vez que te expresaba un deseo tan reprimido. Cuando leíste el primer volumen dijiste que era nefasto, pero esa misma noche te giraste en la cama sin darme una ración mejor de cuerpo y piel. Los años hacen que el sexo se desvirtúe. O quizá nunca ha sido bueno, o quizá solo es simplón. O el porno nos ha hecho mucho daño en la imaginación... A lo que iba: imagina que salgo de la línea trazada. Solo un rato, solo una noche. No tengo dudas, te amo, te quiero para el resto de mi vida... ¿Me perdonarías? ¿Me perdonaría yo a mí misma? ¿Y si cuando entra una nueva corriente de aire en la vida uno ya no vuelve a ser el mismo?

Miro al precipicio mientras hago la comida. Llegarás a las dos. En quince días nos vamos a Lloret de Mar. Los niños bien, crecen. ¿Tú nunca has pensado en otra vida? Doy la vuelta a la tortilla. Cuando llegues te daré un beso. Todo estará bien. Todo está bien. Quizá después vuelva a fantasear. Quizá estoy en la cúspide de la felicidad y no lo sé apreciar. Quizá deseo demasiado para mí y la vida no es desear sino apreciar. Quizá un día me dejes. No, ambos sabemos que eso no pasará. Nos quedaremos solos cuando muramos y entonces seremos demasiado viejos como para desear otra vida. Desearemos el pasado que perdimos. A nosotros mismos. Y yo no consigo quitarme esta idea de la cabeza, como una canción del verano pegajosa donde alguien silba feliz y repite estribillo.

¿Dónde quedó el factor sorpresa? ¿Cómo dejar de pensar? ¿Cómo se evita la culpabilidad de lo no cometido? ¿Cómo se reprime el deseo? Igual te lo pregunto tras el postre, si me atrevo. No te temo. Temo tus dudas y que desconfíes de mí. Desearía que te pasara lo mismo. Aunque... ¿sería yo capaz de perdonarte? ¿Sería capaz de soportar que ha habido otras manos en tu piel?

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Temita de lunes: Quizás, quizás, quizás, cantada por Gaby Moreno. Curiosa versión.

Y curiosos pensamientos sobre las contradicciones y las dudas del ser humano. ¿Qué intensa, verdad? Runrunes e ideas que como siempre se mezclan y explotan en forma de entraditas. ¿Lo echábais de menos? Yo sí.

Cada decisión implica una renuncia. Cada día elegimos y renunciamos. Cada día sabemos por qué continuamos aquí o allá. Lo triste es cuando no tenemos respuestas de por qué seguimos donde estamos... ¡Ja!

Ahora a discurrir, a seguir disfrutando del verano y de quienes nos quieren. Aunque opto por disfrutar de poder querer y llevar la voz cantante en el amor. Amar... ¡ohhh!

Besos de lunes.
Sed buenos.

domingo, 3 de julio de 2016

De resacas, hielo y fiestas.

"Y me preguntan qué me pasa, y yo no sé qué contestar". Manolo Tena
Han pasado tres días desde que acabaron las fiestas. Mañana vuelvo al trabajo y la verdad, no me apetece. Sé que no soy la única que no está donde quiere estar, y por suerte, tampoco la única en soñar con un futuro mejor o más acorde a mi sentir. Pero a veces la vida es lo que te va tocando, hasta que reúnes el coraje suficiente como para dar otros pasos y soltar amarras hacia otro lugar. Y quien dice lugar, dice personas, o soledades.

Las fiestas dan para mucho: reencuentros, charlas y encontronazos. Besos largos y también escupitajos. Realidades para llorar de risa y realidades para llorar con congoja. Muchos días, mucha exposición y mucha verdad en las personas con quienes te cruzas. A algunos, no les hace falta ni beber para mostrarse y otros, necesitan unas copas para hablarte. 

Gente que te deja helada con su actitud, gente a la que es imposible comprender porque está cegada por la ira, la envidia o los celos y personas, por suerte también, que te hacen flotar como cubitos de hielo en un océano, danzando libremente y sin control. Gente iceberg, que muestra poco pero esconde mucho y lágrimas que derriten fachadas construidas a base de orgullo y amor propio. 

Resacas emocionales, de amigos que pasan a ser desconocidos, de conocidos que se transforman en enemigos, de amores que siguen siendo amores: pasados, cuajados y presentes. 

Las fiestas son sinónimo de tradiciones, de días de la marmota que año tras año se repiten con escasas variaciones. Este año me ha asombrado sentirme tan distinta, tan ajena e incierta, tan perdida y confusa. Galeones abandonados o con las tripulaciones renqueantes o desmotivadas, luchando aún en viejas guerras, difícil panorama para encarar un presente común. 

Y los días pasan, y llueve y amanece y sale el sol, y ves a tu gente llorar, emborracharse, huir, pelear, soñar e intentar salir a flote como sea... Y te ves a ti misma igual y tan distinta, que deseas que el tiempo pase más rápido para poder escapar también y volver a la rutina que aborreces para sentirte cómoda, porque el desconcierto nos sienta fatal. 

Hay un gran poso de tristeza tras cada encontronazo y, al mismo tiempo, una gran satisfacción personal por ser quienes somos, coherentes y fieles a nosotros mismos, luchando por lo único que nadie nos podrá arrebatar jamás: la paz interior y nuestra particular manera de sentir.

No podemos ser quienes no somos, ni podemos volver a ser quienes fuimos. Todo pasa, hasta nosotros y, dentro de un tiempo, nadie hablará tampoco de esto. Los días se superponen, los sentimientos van cambiando y la persona que éramos se va modelando para encajar en este mundo que cada día está más loco. Un mundo donde unos abogan por los cambios y la cordura del amor y otros, defienden con violencia ideologías y egos que ni siquiera comprenden. 

Resaca de hielo y fiestas, de holas y adioses y de cambios que se producen en microsegundos. El "click" mental que te hace dar un paso adelante o un paso atrás. La alarma que se programa automáticamente en ti. Sin que pase nada, sucede todo. Y continúas viaje, porque sabes que hacia adelante es el único camino hacia donde tienes que mirar. Y en lo más remoto de ti, a pesar de todo, de todos y de muchos, sabes que no estás sola, aunque muchos días lo sientas así.

Es lo que tienen las resacas, dicen. Vienen y se van. Y hasta la siguiente ola. 

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Durante esta semana mucha gente me ha pedido que escriba. Ha sido curioso, porque inconscientemente, había dejado un poco de lado el blog y fijaos que siempre me reencuentro en estas historias. No obstante no tenía historias que contar o resumir. La madeja se ha hecho enorme entre tantas experiencias compartidas y vividas. Así que esto ha salido hoy, y por ello os pongo ahora este temazo:  https://www.youtube.com/watch?v=DRnMIFY_gVU
Mañana de Mikel Erentxun, versionada por el gran Manolo Tena. Pedazo versión se curró. 

"...Cuando no sean noticia las canciones que escribí 
pensando en ti 
cuando mi contestador esté vacío de gente 
que no me amó ...
Dejaré de hablar de cosas que no he conocido 
ni conoceré 
dejaré de hablar más alto para hablar más claro...
Siempre quedará mañana, la mañana de mañana, junto a ti."


Un beso a todos los que me seguís y leéis. Sé que siempre encontráis un pedacito de vosotros en estas letras y quizá por ello debería escribir más a menudo, pero la intensidad del día a día me puede y a veces, hasta a mí misma que me cuesta muy poco hablar de sentires y emociones, me bloquea. Pero lo haré. Creo que la única forma de alimentar la alegría es construyéndola y compartiéndola. 

Sed buenos y continuad el viaje, hasta la próxima parada.
¡Nos leemos! Un besazo. 

jueves, 2 de junio de 2016

El lago de los cisnes

El lago de los cisnes - Michael Parkes
Siempre pensó que debería haber aprendido a tocar algún instrumento. Le parecía interesante poder expresarse de otra forma que no fuera con palabras. La gran mayoría de las veces se le quedaban cortas o erraba en su exposición y acababa diciendo lo que no quería decir. Perdía paciencia y personas, relaciones que se quedaban en el limbo extraño de los malentendidos.
Mil equívocos después, se detenía frente a los escaparates y miraba las guitarras, violines y flautas con un anhelo, mezcla de admiración y pereza. Nunca había sentido la apremiante necesidad de comunicarse con alguien tan desde dentro a pesar de todo.

Hasta que la vio. Como un cisne, apareció nadando en sus aguas oscuras e iluminó con su presencia el lugar y su mundo. ¿Cómo era posible? Él, que lo más que esperaba de la vida era que esta no le diera demasiados quebraderos de cabeza y le permitiera seguir manteniendo sus rutinas, de repente, se vio dentro de una espiral de deseo incontrolable.

-¿No serás una sirena, no?
-Puedo serlo, pero no.

Se sedujeron como lo hacen los animales, a base de olores y roces, hasta culminar en ese encuentro tan puro y salvaje como es el sexual. Tras un primer orgasmo que lo vació vinieron otros, y otros, y lejos de acallar el deseo, con cada encuentro, crecía.

-Es extraño esto que me provocas.
-Lo sé. Yo también lo siento.

Ella hablaba poco. Lo miraba mucho, parecía que lo analizara y sin embargo, ella solo lo observaba.

-Me gustaría encontrar las palabras adecuadas para cada momento y sensación -dijo un día-. Cuando tú crees que no tengo nada que decir, es al revés, me ocurre que no encuentro las palabras. Que temo equivocarme y decir lo que no es. Decir que te deseo menos de lo que lo hago o que te amo más de lo que siento.
-¿Cómo?
-¿Ves? No disponer de las palabras correctas es un problema.

Al día siguiente, gastó sus ahorros en un violín. Ella le había dado la clave. ¿Y si la compañía que le falta a mi presencia la pone mi música? Fue difícil aprender, costoso y frustrante. Cada tarde durante sus desastrosos ensayos, ella lo escuchaba paciente sin poner ningún gesto de aburrimiento o desesperación cuando las notas no sonaban con la cadencia que debían hacerlo.

-¿No te cansas de oírme?

Ella no respondía más que con sonrisas. Le seguían faltando palabras. Hasta que un día... la melodía sonó. Al principio él se sorprendió del sonido, ¡lo había conseguido! Ella, muy despacio, se acercó hasta él y lo besó.

-¿Quieres que hagamos el amor?
-Quiero que bailemos.
-No sabía que supieras bailar.
-Y no sé, pero necesito hacerlo.

Él dejó el violín en el suelo y sin música, bailaron hasta acabar, como cada vez que se tocaban, haciendo el amor sobre la alfombra.

-¿Así que te ha gustado que me haya convertido en un violinista, eh? -preguntó ufano.
-Lo que me ha gustado, ante todo, ha sido todo lo que cada día has hecho por nosotros.
-¡Wow! Vaya declaración... ¿no decías que te faltaban palabras?
-A veces solo es cuestión de encontrar el momento y el ritmo adecuado, mi amor.

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Anoche encontré este imagen de Michael Parkes. Puedo pasarme horas mirando sus pinturas. Están tan llenas de melancolía y belleza que no sé por qué me gustan tanto, quizá, porque me sugieren historias como esta. La de ese cisne que brilla más cuanto más se le permite brillar con sus luces y sus sombras. Cuando encuentra la vía de expresión adecuada, cuando comparte su soledad y se deja amar.

El mundo está cada día más loco. Cuesta encontrar la belleza en el día a día y a pesar de todo, sigo considerándome una soñadora incansable, porque busco la emoción constante, el placer estético y el amor. Me siento afortunada por tener quienes me sostienen cuando me tambaleo y quienes me permiten ser yo, en todas mis facetas, hasta en las más oscuras, dando sentido a mi locura particular.

El deseo, el sexo y el amor van estrechamente ligados. Pueden desligarse fácil, no obstante, pero acaban siendo como un violín tras un escaparate y una historia sin personajes. Una canción sin melodía. Tacto y contacto.

Sed buenos.

Os dejo esta vez un regalo de canción, que a su vez, me regalaron:
Cuando te empecé a querer, de Juanito Makandé. 

"...cuando estoy contigo, soy mejor persona y todo tiene más color..."

Me parece un tema sublime.
Que os guste.

viernes, 20 de mayo de 2016

Diarios de un día. Día 1

Nunca me ha gustado que suene el despertador. Ni aunque ante mí tenga el que considero en ese momento que va a ser el mejor día de mi vida. Si hiciera el cálculo de mejores días de mi vida quizá me sorprendería de la cantidad de buenos que ha habido, sobre todo, sin haberlos previsto. Llegaron.
Esta mañana cuando ha sonado, en cambio, no me ha molestado como otros días. Y no había nada atractivo en la jornada como para no protestar y dejarlo sonando. Tal vez que ayer cambié la música y como siempre, ésta me ha teletransportado directamente a una emoción. A una buena.

Iba en el tren. No había demasiada gente y solo se escuchaba el traqueteo. Nada más. El movimiento que te mece y tu mente que parece que se escapa de ti y te deja tranquila. Como cuando meditas o te relajas mucho, o justo ese momento etéreo antes de dormirte.

Anoche me acosté preocupada y sé que no debo. Que preocuparse es anticiparse a algo que posiblemente no vaya a suceder... pero ante determinados acontecimientos, cuesta parar la mente. Y la bola de nieve se va haciendo más y más grande hasta convertirse en alúd. Pasando de tener un simple runrún a luchar contra molinos de grandes aspas y a un Sancho que no viene a socorrerte.

La soledad es muy compleja. Uno se acostumbra tanto a ella que a la primera de cambio da un portazo y corta conexión. La paciencia es mínima, la tolerancia, también. Creo que los solitarios vocacionales se vuelven muy caprichosos. Estiman tanto sus espacios que no aceptan que nada les turbe, ni aunque sea por su propia evolución y mejora.

Entonces, ante nuevas tesituras, el solitario se remueve, se agita, se vuelve loco consigo mismo porque no se encuentra en su soledad y... no hay trenes suficientes para viajar, ni distancias tan largas como para recorrer. La ansiedad se queda en el pecho, la huída también. Uno aprende que el viaje siempre ha de ser hacia adentro para poder extrapolarlo y ahí, justo en ese trayecto, el peaje suele ser muy caro.

Suenan canciones, ves personas vibrando al ritmo del rock, abrazos, besos, lágrimas, despedidas y reencuentros y, giras como una noria, integrando que un adolescente se suicida de repente, que hay accidentes a todas horas, secuestros, violaciones, asesinatos, y llamadas de teléfono sin respuesta.

La vida, la puta vida con todos sus claroscuros. Luces y sombras y el terrible esperpento para algunos. A mí me sigue pareciendo maravilloso. La locura como único punto de cordura. La invención, la creatividad, las nubes.

Buscar para encontrar una sombra de quienes fuimos. Los recuerdos están tan decorados que ya ni los reconocemos con el tiempo. O a veces, duelen tanto, que preferimos silenciarlos. Los recuerdos en silencio no viajan. Solo viajas tú repitiendo el mantra: "aquí y ahora". Pero a veces no se puede. Te atrapan, te despiertan otros despertadores que le quitan las telarañas a tu olvido y recuerdas... Viejas ilusiones, viejos sueños, grandes fracasos y pérdidas, y un camino tan largo como pasado y un camino tan largo como futuro.

Aquí y ahora, ante un folio en blanco, hoy toca hablar de soledad con uno mismo. De soledades en plural, una por cada uno de vosotros y vuestras circunstancias, y otras soledades, las que se suman entre dos que nunca más se encuentran y continúan el viaje.

Nubes, despertadores, sueños y pesadillas, holas y adioses y finales con punto final intenso. Y soledad de sentirte solo, pequeño y olvidado; soledad de saber que es pasajero, como cada fotograma del paisaje que visitamos. Por suerte, y también por desgracia.

Echar de menos. No sé si hay un sentimiento más desestabilizante. La nostalgia y la melancolía te atontan. ¿Dónde están mis amigos? Eso cantaban Los Suaves. También Manolo Tena gritaba al vacío y tantos... Es necesario viajar al centro de uno mismo de vez en cuando para reajustarse por dentro. Pero no os quedéis, no te quedes, no me quedo. Hay que vivir fuera. 

Diario de un día. Así nos va. Y el silencio me da la razón.

https://www.youtube.com/watch?v=KBPTOkKkDfo

Silencio. Aurora Beltrán y mi Bunbury. No podía usar otro tema hoy. A veces uno pierde el sentido de las cosas y la música y escribir son las únicas armas que conozco para recuperarlo, o al menos, para encontrar el camino de vuelta a casa, tras el viaje.

Un beso.

jueves, 12 de mayo de 2016

Pasen...

Fotografía: Estitxu Ortolaiz

-Pasen...
Y pasamos. Pasamos a una sala con un solo bolígrafo y muchos papeles. Las paredes parecía que caían sobre nosotros y había un silencio tan tenso como el filo de un cuchillo que ambos, y de diferente manera, sentíamos en la yugular. De no haberlo tenido, de no haberlo sentido, quizá no hubiéramos llegado a esta sala. Pero a veces sucede. Ni él ni yo éramos ya los mismos, distorsionados por el tiempo y los desencuentros, heridos por las mentiras y verdades, por la ruptura de proyectos comunes y sueños, por las palabras a destiempo y la frustración de no llegar a un acuerdo cuando lo que se necesita ante cualquier situación es comprensión. Aunque no nos guste lo que nos cuenten. Y así fue.

No, no había habido manera.

Unos años antes con un solo bolígrafo rubricábamos un comienzo y de nuevo ante la misma tesitura, firmamos un final tan denso como el sabor del fracaso y la amargura. Ni miradas, ni saludos, solo el proceso que nos requerían quienes habían tomado las riendas de nuestras vidas para esta fría situación, porque nosotros éramos incapaces de gestionarla en conjunto.
-Solo serán unos minutos.

No, jamás pensé que esto acabaría así.

En el primer café sonreías tanto... Te gustaba tanto lo que yo decía y me creías tan capaz de tanto bueno... Yo te admiraba. Eras alegre. Ese tipo de hombre que sabe hacer reír y te llena de buen rollo. No obstante nuestras peores caras se las vieron, al fin, por fin, en una sala con un bolígrafo, porque era impensable continuar alargando la agonía de una ruptura. Desprecios, broncas y problemas enanos convertidos en gigantes amenazadores.

-Pasen y firmen aquí y aquí.

¿Cómo habíamos llegado hasta ahí? ¿Murió primero el amor? ¿Tú? ¿Yo? ¿O los dos? ¿La culpa fue de otros, de las circunstancias o de nuestra incapacidad para quitarnos la venda y comprobar que hay veces que hay que darse de bruces con la realidad del camino elegido para confirmar que no era el correcto para nosotros como individuos? ¿Y qué debíamos hacer? ¿Apechugar con la decisión? ¿Continuar con la mentira? ¿O ser honestos con la verdad de nuestros sentimientos?

No, eso no es lo que ponía en el papel.

Ni en ninguno de los mensajes cruzados, ni en ninguna parte. Mis razones no eran las tuyas y mis sentimientos hacía mucho tiempo que habían dejado de ser importantes para ti, porque te obcecaste de tal forma en defender los tuyos, que me convertí en la desconocida mujer que aún recordaba cómo sabían tus labios o cuál era tu perfume favorito y el color de la camiseta de tu equipo, o la talla de tu pantalón.

En efecto, solo podíamos claudicar y firmar. Pasar, y firmar.

El último café que tomamos juntos fue un desastre. Ambos habíamos ido con idea de acercar posturas y no para hacer del final un abismo y... salió mal. La distancia aún se hizo más larga. ¿Por ti? ¿Por mí? ¿Porque ya no sabíamos a quién teníamos delante y cómo hablarnos? El caso es que solo dejaste claro que no me perdonarías jamás.

No, tampoco pensaba que el castigo duraría tantos años.

Pero a veces hay historias que salen mal y con las que tenemos que aprender a vivir.
Porque SÍ, porque nunca sabemos lo fuertes que somos hasta que no nos queda más remedio que serlo.

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Anoche leí esta frase: "la nostalgia funciona, pero a veces es una ciénaga". Es de Javier Caballero. Me enviaron un enlace para mostrarme su forma de escribir y me gustó esa frase a rabiar. El odio es mucho más sucio y turbio que la nostalgia, si bien es cierto que sentirla te puede llevar a un remolino muy profundo de tristeza, el odio es destructor y limitante porque no te deja avanzar de pantalla en este videojuego que es la vida.

Pasen y compartan...
De ahí nació esta historia. De las ganas de partirte la camisa y decir: "esto soy", "esto tengo", "¿necesitas entrar en un lugar donde haya rasguños para no sentirte tan miserable?" , "¿quieres que te preste un poco de la sangre de mis heridas?" o "¿crees que eres el único que la ha cagado o al único al que han fallado?", "¿solo contigo la vida ha sido injusta?".

Pasen... y abran la puerta los valientes que heridos no tienen vergüenza de mostrar su camino y elegir acompañar a otros en el suyo, porque a fin de cuentas, de eso, creo, que sigue tratando todo esto. De vivir y compartir. De reír y compartir, de llorar y compartir. De abrir la puerta y dejar entrar y cuando ya no quepa más o nos duela o nos condicione, dejar salir, para volver a compartir.

Juzgamos y detestamos sentirnos juzgados. Los motivos que mueven un corazón solo los puede entender uno mismo. No existe perdón posible sin esta comprensión previa del funcionamiento del mundo. Así que pasen... y compartan. Pasen, y sigan buscando la felicidad. Si existe el día del Juicio Final, no creo que en sus puertas nadie nos vaya a reprochar haber querido ser honestos con nosotros mismos. Las penitencias ya se pagan con los castigos que te impone la sociedad y las personas que no saben gestionar sus emociones, ni sus prejuicios.
He dicho.

En el Paraíso viviremos en pelotas, de piel y alma. Y aquí, hasta entonces, seguiremos vistiendo ropa, pero solo por no escandalizar al personal, que el alma en cueros está preciosa.

Y que suene Clocks, de Coldplay en versión de Buena Vista Social Club. Esta canción me transporta a ese lugar donde reside la belleza y el buen rollo y todo lo bueno. Que os ayude a viajar.

Besos a todos en este mayo florido.

pd: fotón de Estitxu Ortolaiz. Me encanta usar su trabajo para mis textos, y esta foto es tan, tan, que contiene tanto... Milesker Esti. Muxus!

y POSTDATA 2: Pasen y dejan las tonterías a un lado. En estas salas los malentendidos y las pequeñeces sobran, rebotan, salen escaldadas. Se habla en otra lengua.




martes, 19 de abril de 2016

La soledad entera

Catrin Welz-Stein


Soledad fuerte, soledad entera.
La que no te incapacita. La que te ofrece perspectiva.
Como la del saltador de longitud antes de emprender la carrera. 
Observa, respira, visualiza y se lanza con el ímpetu, la energía y la confianza del que sabe lo que quiere conseguir.

La soledad prolongada a veces, solo es una forma de mirar mucho más allá del horizonte, 
de eliminar barreras y de armar el primer paso.

Soledad fuerte, soledad entera. 
Bendita soledad...

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Hoy solo dejo este enlace, que lo disfrutéis, que os haga pensar...




Sed buenos.
Muaks!

pd. venga va, que sin música las entradas quedan muy vacías.

Coldplay, Viva la Vida. Me pone las pilas.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Groupies

De la red. 
María lo tuvo claro desde siempre. Quería entrar en ese mundo de focos y bambalinas, vestuarios, sudor y fama. Sabía posar, sabía sonreír, tenía un cuerpo que llamaba la atención y, ante todo, la firme voluntad de entrar.

-Nena, sabes de qué va esto -le decían otras aspirantes apostadas a la puerta de atrás de turbios locales o exclusivas barras de bar-. Si quieres entrar, te va a costar. Esto no es para mojigatas, ni para románticas dulcineas. Esto es ser una furcia pero con glamour. Sin que se note. Pico y pala o pintalabios y condón. Llámalo como quieras.

María no olvidó jamás esa frase. Durante muchas tardes de infructuosa espera, muchas otras sucumbían en llantos porque "él" había pasado sin mirar siquiera, porque "no conseguiría nunca que se fijara en ella"... Y María, calmada, esperaba sin decaer. Porque a ella le daba igual quién. Ella solo quería entrar. Su cuerpo estaba diseñado para el placer, daba igual quién lo usara, siempre y cuando el lugar fuera el idóneo. Y la continuidad, también.

Su madre desde pequeña le había repetido hasta la saciedad aquello de "se han juntado el hambre y las ganas de comer", y ahora que huérfana esperaba quien la alimentara, lo recordaba ansiando encontrar entre los rostros de los múltiples artistas y deportistas, la mirada que acallara el rugir de su estómago hambriento.

Con él fue fácil. Tropezaron "casualmente" en la entrada de un garito donde solo dejaban entrar a los VIPs, y su sonrisa abierta y su escote aún más abierto, abrieron el apetito de aquel músico que, muy conscientemente, la buscaba.
-Llevas tiempo viniendo por aquí.
-Sí, es por ti -mintió María.
Entrar suponía que primero la tenían que meter. Ser sumisa, ser obediente, ser invisible y tan visible como él deseara; ser etérea y ser, sobre todo, una amante de primera, insaciable y complaciente, eran los requisitos que tenía que cumplir para permanecer a su lado. Unas normas no pronunciadas, un pacto tácito que María siguió a rajatabla porque le interesaba.
Y a él durante un tiempo también. Porque el éxtasis no entiende de banderas ni de colores, gira en espiral y cuando se detiene, apunta hacia otro lado. De la noche a la mañana, él ya no buscaba sus pechos, ni sus orgasmos, ni su sombra. El acuerdo se había roto también sin palabras, como si el nuevo tropiezo también entrara dentro del plan inicial. Y nada de numeritos. Haber entrado implicaba formar parte de quienes firmaban la ley del silencio, la doble moralidad. Las tres pautas: ver, oír y callar.

"Nena, furcia pero con glamour. Pico y pala" recordaba entonces. Y ajustándose otro mini-vestido imposible volvía a los viejos lugares de antes a esperar un roce causal, un guiño, una puerta abierta. Y el tiempo pasó y por ella pasaron muchos, días, meses y relaciones sin trascendencia que la habían dejado en el mismo lugar, con las piernas y el hambre igual de abiertas.

La casa estaba vacía, la nevera también, y su futuro había llegado y no estaba donde había imaginado que estaría. Su casi inexistente candidez le hacía preguntarse qué había podido fallar en su plan, por qué no lo había conseguido, o por qué cada fusión había sido tan fugaz.

Se acostó desnuda acariciando un cuerpo que ya no le pertenecía. La cantinela de su madre resonaba en su mente: "el hambre y las ganas de comer". Y como si de las piezas de un puzle completándose se tratara, comprendió que lo único que puede ocurrir cuando se juntan ambos, es que se sacien y se olviden. Nada que se busque por necesidad puede fructificar.

Al día siguiente volvió al primer bar. El jefe de seguridad hasta la llamaba por su nombre:
-Hola, María, ¡cuánto tiempo! ¿Estás esperando a alguien?
Con una amable sonrisa llegó a la barra sin responder. Flanqueada por dos mujeres que esperaban como ella un futuro con más glamour, pidió un gin-tonic.
-Con mucho hielo.
Casi inadvertida, en una zona muy mal iluminada, dos jóvenes con los ojos muy abiertos vigilaban todo movimiento en el local, sobre todo cuando se abrían las puertas. Se daban codazos cuando uno u otro pasaban a su lado.
María reconoció la escena, y se dio cuenta de que en todos sus años de búsqueda, a ella le había faltado esa pasión. Sin tomar ni un solo trago, pagó y se marchó.
-¿Ya te vas, María?
-Sí, no me encuentro bien -le respondió al jefe de seguridad que continuaba en la entrada del local.
-Te he pedido un taxi.
-Gracias, adiós.

María llegó a casa y durmió.
Él, en cambio, supo que no la volvería a ver más, y lloró.

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El deseo es un camino sinuoso. Tiene poco de realidad, todo está en la mente, en la capacidad que cada uno tenemos para imaginarnos cualquier cosa. Hay quienes desean un futuro mejor, un trabajo, una pareja, hijos, dinero, ser más delgada o más alta, tenerla más grande, más pequeña o incluso doble... ¡Se pueden desear tantas cosas! "La imaginación es un cielo infinito" escribí una vez.

Pero creo que NO HAY deseo más poderoso y más tangible que el de un abrazo. Uno de esos abrazos que saben a casa, a guarida y refugio, a AMOR con mayúsculas. Un abrazo de esos que te recolocan y te devuelven el sentido cuando lo has perdido. Un abrazo de esos que solo pueden darte quienes te quieren de verdad y al acercarse, reconocen tu olor y tú respiras de nuevo el suyo, envolviéndote en la atmósfera que su oxígeno te proporciona. Un abrazo sin preguntas que contiene todas las respuestas.

En este mundo que cada vez está más loco, donde se mata indiscriminadamente en nombre de Dioses, estados y posesiones, donde se permite abandonar a su suerte a miles de personas mientras en los despachos se rellenan expedientes en blanco y se siguen repartiendo cartas en la partida, cualquiera con un poco de sensibilidad desea el contacto físico, el abrazo que colme el alma. La soledad se cura con abrazos. La tristeza también. No tengo receta para este mundo.

Oleo de Cris Alvarez. Argentina.
Mientras una parte del mundo llora la realidad, otro parte se acicala para salir en busca de sus tesoros. Patético todo lo que se puede leer en Twitter, la frivolidad con la que algunos transitan por la Tierra y las televisiones. Vueltas y más vueltas sin comprender absolutamente nada. Y en mi caso, sabiendo que mi única arma son mis letras y mis brazos.

Me inspiran quienes intentan hacer el mundo un poco mejor por las buenas. Con su arte, con sus palabras, con sus actos. Me inspiran quienes abrazan, y quienes, cuando no soy capaz de encontrarme entre tanta confusión, me colocan el gps en el corazón.

No puedo poner otra canción para esta entrada que no sea de The Beatles. Don´t let me down. No es que me guste, es que me abraza.

Un beso, el primero que os mando en primavera. Que florezca, como vosotros, y yo misma.
Hasta más leer y por favor, sed buenos y abrazad el lado bueno de este mundo, va... que solo es un ratito.




martes, 8 de marzo de 2016

El instante eterno de un recuerdo

Fotografía: Vivien Maier

Rayos de sol tras muchos días de lluvia. Un instante de paz tras tantos días de confusión. Si no la hubiera visto pasar, su universo no se hubiera agitado. Pero la vio: despistada mirando sin mirar, tanto, que pasó de largo sin verlo, como nunca antes.
Si no la hubiera vuelto a ver, las últimas noches habría dormido a pierna suelta, despertándose tan solo queriendo recordar los sueños que nunca recordaba.

Había pasado un largo año. Un año entero lleno de días grises, de días de pensamientos perdidos y culpas.
-¿Entonces, esto acaba aquí?
-No sé qué más hay que añadir.
-Después de tanto... ¿quedamos relegados a la nada?
-Después de tantas "nadas", hemos perdido todo.

Ella se giró antes de que él la viera llorar, pero la conocía tan bien que sabía que aunque aparentara entereza, por dentro estaba rota. Él sabía que las fracturas comenzaron con sus dudas y su maldita costumbre de dejar todo para más tarde, de callar, de esperar...
Sí, él era uno de esos hombres que solo actúa cuando ya no queda más remedio. O cuando a la fuerza le hacen responder, incapaz de coger la sartén por el mango y decidir antes de verse contra la espada y la pared.

Supo entonces que uno pierde mucho más por cobarde que por noble, porque la vida ya no es cuestión de valentía sino de nobleza; de coherencia entre el decir y el hacer, y él carecía de ella. Le falló. Y se falló a sí mismo.

-No me escribas, no me llames, no me busques.
-...
-Nada, ¿vale? Nada.
-Pero...
-Cuando sientas que me necesitas o que quieres comentarme una estupidez que te recuerde a mí... Solo piensa en las miles de estupideces que yo me callé por no poderlas compartir contigo, por no llegar a tus espacios, por no formar parte de ti.
-Pero...
-¡No! Si entonces no hubo tiempo, ahora lo hay menos.
-La pareja del autobús -dijo en un último intento desesperado de evitar lo inevitable.
-¿Qué pareja?
-La que vimos aquella tarde, los ancianos.
-¿Qué les pasa?
-Dijimos que seríamos como ellos, ¿lo recuerdas?
-También dijimos mentiras -respondió mordaz.

Las conversaciones de ruptura son crudas como las guerras o un accidente. Son conversaciones que tienen el peso de uno mismo multiplicado por el infinito al que uno nunca llegará con quien amó. Son liberadoras y atroces. Son tristes y tiernas a veces, y otras, están cargadas de violencia verbal y por desgracia, física.

-¿Y si no nos volvemos a ver?
-Que pase el tiempo, de veras. Yo no puedo más.
-¿Y si nos volvemos a ver, qué?
-No lo sé, ¡no insistas!

Y él no comprendía, jamás había sentido su dolor en realidad. Jamás se había puesto en su lugar.

-Saldré de esta -le dijo-. Te superaré.

Tras tantos días de frío, había dejado de llover y él se había detenido un momento para dejarse acariciar por sol. Ella solía hacerlo y después sonreía. "¿No sientes paz?" decía.

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Siguen sucediéndose las rupturas en Mr. Jones Country, en el mundo en general, y sigue habiendo encuentros y desencuentros de personas que se pierden en una mirada. Parejas que sin serlo, se paran en mitad de un paso de peatones mientras el resto camina a su alrededor, y el semáforo torna verde y ellos se miran, sin tocarse porque no pueden hacerlo, deseando una proximidad que determinadas decisiones no les permite disfrutar.
Besos en la calle, abrazos y llantos desconsolados de personas a las que jamás hubiésemos imaginado sucumbir. Roturas internas, enfermedades, enfados y gritos varios.

Fotografía: Vivien Maier
Yo no sé si llegaremos a ser esa pareja que abrazada sigue el viaje o seremos quienes lloran en un banco dejándose tímidamente consolar. No sé si seremos los que aún se duelan o los que hagan doler. Si seremos valientes o cobardes, si seremos, siquiera, ser...
Solo sé que entre toda la gama de posibilidades existentes, solo quiero ser noble y rodearme de personas que lleven la coherencia como bandera, a pesar del mundo. A pesar de ellos mismos.

Estos días observo el panorama como si la vida no fuera conmigo. Me cuesta encajar en la dinámica de esta vida. A días incluso no sé ni cuál es. Entonces, me empapo de otras lecturas, de otras músicas y otros artistas para ventilarme con el aire de otras ventanas, que airee el espacio cuando oprime. Me encantan mis nuevos descubrimientos. Quizá debería haberlos conocido antes, pero estoy cada día más segura de que todo llega cuando tiene que llegar y, que se va, también, cuando se tiene que marchar. Y después, PAZ.

Esta vez me ha dado por esta fotógrafa que desconocía, Vivien Maier
Fotografía. Vivien Maier
y que esconde todo un historión. Me hizo pensar en tantas cosas su anonimato, el descubrimiento de todo su material y que ahora sea tan del mundo... No os perdáis su trabajo si no la conocéis.

Y para esta entrada, Los Suaves. "No me mires" Anoche me acosté con este tema y no puedo sacarlo de mi mente. Me hace sentir bien. Y me gusta todo aquello que me provoca bienestar instantáneo. Como un rayo de sol entre las nubes. Como un beso.

"Mírame cuando la luna se asoma por la ventana y te dejas abrazar acostada aquí en mi almohada. 
¡Qué pena me da, qué pena! Cuando te veo marchar. 
¡Qué solo y triste me dejas! 
No te escondes, no te marches, como estrellas entre nubes". 

Besos y abrazos y ternura para esta recta final de invierno que aquí en Irún, al menos, está siendo horrible. ¡Que llegue el calorcito! Sed buenos...