viernes, 29 de enero de 2016

Aunque no sea conmigo.



“La mayoría de la gente realmente no quiere libertad, porque la libertad implica responsabilidad, 
y la mayoría de la gente tiene miedo a la responsabilidad”. (George Orwell)


A veces la gente no quiere escuchar la verdad 
porque no quiere que sus ilusiones se vean destruídas”. 
(Nietzche)

Responsabilidad, ilusiones y libertades. Podrían darse la mano. Uno tiene que ser responsable de mantener vivas sus ilusiones, LIBREMENTE, porque si no se siente feliz en su día a día... ¿para qué vivir? o ¿cómo?
Es increíble la cantidad de gente que se lamenta a diario de que las cosas no van como le gustaría, o peor aún, que pelea por las cadenas que aten corazones que, por error o egoísmo, creyeron que les pertenecían. Y es que cada día me sorprendo más de lo confundida que está la gente con respecto al Amor, y a lo que significa “respetarte y amarte hasta que la muerte nos separe”.
Respeto es ser sincero con el otro y decirle que lo amas, pero también lo es decirle que ya no. Respeto es intentar hacer las cosas bien, sin dañar, cuando sin querer dañamos de por sí. Respeto es valorar que se ha intentado, honrar lo vivido, y soltar lo asido, porque solo nos pertenecen nuestros pasos, nuestras ilusiones y nuestra libertad para ir abriendo caminos que nos hagan sentir bien cada día. No significa rendirse cuando las cosas no van bien, ni mucho menos. Existe realmente ese punto de inflexión a partir del cual uno sabe que ya no hay vuelta atrás, que por mucho que lo intente, no funcionará. Porque no somos quienes fuimos, ni quienes éramos, ni somos quienes seremos. El mismo día a día que queremos atar a una rutina nos va cambiando.
Creo que no hay sensación más asfixiante que la de sentir la responsabilidad sobre la felicidad ajena. Que otros esperen que cubramos sus expectativas y los nutramos sin fin, porque adquirimos un compromiso. Hay acciones que parecen tan sumamente condenadas de antemano... Como creer que todo es “para siempre”. Ojalá. Ojalá lo fuera y ojalá funcionara. Pero es que esperando ese final feliz van pasando los días y muchas veces nos hemos desinflado, o hemos despertado y hemos visto en perspectiva donde estamos y ¡oh! ya no es como era ayer, ni se parece siquiera un poco a lo que nos hacía ilusión.
El día a día nos hace madurar. Lo que sucede en el mundo nos afecta, la gente con la que compartimos las horas nos toca. Cambiamos de pensamientos y también de sentimientos, y cambiar no significa ir a peor, sino evolucionar. Y es necesaria mucha madurez emocional para aceptar que la evolución de quienes amamos, a veces, los aleja de nosotros.
Hay una frase de Voltaire que siempre me deja clavada en el suelo. Dijo: “no estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”. Creo que eso es Amor. Eso es “respetarte y amarte todos los días de mi vida”. Que aunque no me sostengan ni me sujeten tus nuevos pasos, te daré tu legítimo derecho a continuar en la búsqueda de la felicidad, aunque no sea conmigo.
Pd: este texto está dedicado a todas esas personas que luchan cada día por su felicidad, aún a riesgo de no ser comprendidos por muchos.
Creo que solo podemos ayudar haciendo visible lo invisible.
Besos mil y abrazos. Muchos, que siempre hacen falta.
La foto que acompaña al texto es de Paul Bond, estoy enamorada de sus pinturas. Ah! Bunbury cantaba esto, tomad nota. Temazo: Aunque no sea conmigo
"A placer, puedes tomarte el tiempo necesario 
que por mi parte yo estaré esperando 
el día en que te decidas a volver y ser feliz como antes fuimos.

Sé muy bien que como yo estarás sufriendo a diario 
la soledad de dos amantes que al dejarse 
están luchando cada quien por no encontrarse.
Y no es por eso que haya dejado de quererte un solo día,
 estoy contigo aunque estés lejos de mi vida por tu felicidad a costa de la mía. 
Pero si ahora tienes tan solo la mitad del gran amor 
que aún te tengo puedes jurar que al que te tiene lo bendigo. 
Quiero que seas feliz aunque no sea conmigo". (EB)


Itzi dixit

jueves, 14 de enero de 2016

Luciérnagas y héroes

"El hombre es parte de la familia de las luciérnagas:
un gusano que se transforma en luz cuando ama". Lucian Blaga
Pablo sale a pasear por el bosque cada noche desde que ella se fue. Camina junto al río y espera, como si de un milagro se tratara, que alguna luciérnaga alce el vuelo asustada y lo ilumine. Piensa que hoy día es lo único que puede sorprenderle. Luz en plena oscuridad. Y el sonido del río a su lado, constante, intenso cuando la noche acalla todo lo demás.
Ha decidido borrar su teléfono de la agenda y quemar todas las fotos e incluso los regalos que ella le hizo. Ha tirado a la basura las pocas cosas que aún quedaban en casa y aún así, siente su peso encima. ¡Malditos recuerdos! ¡Maldita!

Irene llegó a su vida para ordenarla. Él vivía en el más absoluto caos y cuando apareció, con su sonrisa de dientes torcidos y esa gracilidad que lo embelesaba, siguió la senda de sus pasos, olvidándose por completo de sí mismo. Volcado por completo en complacerla, subyugado por su alegría. Al cabo de un par de meses, Irene se cansó de tanta sumisión, de tan poca iniciativa. 
-Me aburro, Pablo. Esto empieza a no tener sentido.
-No entiendo por qué. Estamos bien.
Pablo entendía que "estar" ya era sinónimo de "bien". Que el mero hecho de tener alguien con quien hacer planes ya era una garantía de felicidad que otros no tenían. Eran afortunados. Irene en cambio no pensaba igual.
-No se trata de estar, Pablo. Se trata de sentir. 
-¿Sentir qué? ¿Qué quieres? ¿Qué más quieres de mí?
-Tus luciérnagas. Tus paseos. A ti pero contigo.
-No te entiendo. ¿Quieres que pasemos menos tiempo juntos?
-No, no es exactamente eso.
-¿Quieres dejarlo?
Ante el drama que leía en sus ojos, Irene se callaba y dejaba pasar un poco más de tiempo, esperando en vano que él comprendiera lo que intentaba decirle. 
-Si me dejas me muero, Irene. 
-Nadie se muere de amor. No digas eso.
-Eso es que lo estás valorando, ¿vas a dejarme?

Un día no mucho después de esa conversación, Irene le contó entre lágrimas a Pablo que había conocido a otra persona que la hacía brillar. 
-¿Brillar? ¿Me estás vacilando? ¿Crees que soy gilipollas?
-Pablo, por favor...
-¿Me dejas por otro? ¡Eres una hija de puta!
-¡Pablo! 
Pero él no quiso escuchar nada más. Estaba furioso, dolido y completamente ofuscado. "Otro, otro, otro, que la hace brillar. ¿En la cama? ¿En la jodida puta cama? ¿En qué? ¿Dónde? ¿Por qué? ¿Y ahora?". 
Durante días estuvo encerrado en su habitación escuchando a David Bowie. Lo calmaba. Le ayudaba a evadirse de su nueva realidad que apestaba, caótica y gris, sucia y solitaria. De camino al trabajo en el coche subía el volumen del cd a tope y viajaba con la música de Space Odity:

"...Aquí estoy sentado en esta lata de aluminio 

muy por encima del mundo 
el planeta tierra es azul 
y no hay nada que pueda hacer..."

Retomó sus paseos cuando empezó a asfixiarse en el silencio. Hacía semanas que no respondía siquiera las llamadas o mensajes de sus amigos. Obcecado en la traición, sin ganas de venganza, pero confiando en que alguien lo hiciera por él. Un abandono igual, barro en la boca y las entrañas. 

Ese día, el que la luz de miles de luciérnagas lo sorprendió como a un niño, alzó la mirada al cielo y bajo la suave lluvia que empezaba a caer, giró sobre sus pasos y fue en busca de Irene. No sabía si ella lo querría ver o no. Se habían estado evitando. 
Cuando llegó a su casa, ella por el telefonillo le dijo que la esperara, que bajaba enseguida. Él estaba seguro de sí mismo, tranquilo, al fin. 
-Hola, Pablo. ¿Vienes a reprocharme algo? Yo...
-No, Irene. Vengo a pedirte perdón. 
-¿Perdón? 
-Sí. Ya he entendido lo que me estuviste diciendo durante mucho tiempo. Creo que la mayor heroicidad es decirte que aunque no sea por mí, mereces brillar y tienes que hacerlo. Todos tenemos que hacerlo.
-¡Pablo! -dijo emocionada abrazándolo-. El lunes no dejé de pensar en ti. Cuando me enteré de la muerte de Bowie quise llamarte, sabía que te habría afectado, era tu Duque Blanco... 
Pablo sonrió. 
-Sí, fue un shock. Llevo desde el lunes escuchando Heroes. 
-Y has decidido venir justamente hoy.
-¿Qué sucede hoy? ¿Es un día especial? ¿Me vuelvo a olvidar de algo?
-No, no... Bueno, mi vida continua, ya sabes... 
-Sí -respondió con cautela mirándola detenidamente-, ya lo sé.
-Estoy embarazada. Acabamos de hacerlo público.
Pablo abrió los ojos como platos y soltó una enorme carcajada. Irene no entendió la risa y se quedó esperando a que él se explicara.
-¡Hostia, Irene! -se explicó-, ¡una cosa es que venga y te pida perdón y otra es que me coma hasta las patatas fritas de tu plato! Deseo que seas muy feliz y todo vaya bien. Pero ya me voy -dijo riéndose aún.
-Perdona, Pablo -alcanzó a decir mientras le veía caminar con paso decidido, de nuevo hacia el bosque, donde bajo la sorprendente luz de la primera luciérnaga que vio en su vida, se enamoró de él. Pero eso fue ya hace mucho tiempo, y cada día se encienden y se apagan millones de luciérnagas, héroes y estrellas. 

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¡Hola de nuevo a todos! Casi un año sin publicar nada y lo primero que me ha salido es esto. Rumiando desde el lunes esta historia. ¿Oxidada? Quizá. Como el mundo, girando en un eje que hace mucho ruido, ¡demasiado!
"Podemos ser héroes por un día". Me encanta esa frase. Las nubes están poblándose de talentos, ¡menudas fiestas se tienen que estar pegando! Héroes y heroínas por un día.
Mejor luchar por iluminar el camino que por apagar la luz de otros.
Sed buenos.
Nos leemos pronto.
Besos mil.

In memoriam, Mr David Bowie.
Thank you very much.
¿En serio iba a dejar esto aquí sin poneros un temita? 
No, no pondré a Bowie, esta entrada es él, no es necesario.
Pongo a mis Vetusta, para vosotros. Puntos Suspensivos. Me chifla. Que os guste. 

"...Harto de hacer verdad de mis delirios 

Tan solo te dejé el principio del capítulo final. 

En este hoy falta un ayer 
Duele y tal vez, mañana pueda volver..."


Itzi