martes, 28 de febrero de 2017

Banquillo

Artista: Tomek Setowski
Hoy me he acordado de una anécdota de mi época basketera. Era una pipiola, 20 añitos recién cumplidos y por suerte, mucho basket en el cuerpo. Me fichó un equipo mejor, me habían prometido minutos, a mí, que hasta ese momento era parte del quinteto inicial en el club de mi corazón. Pero no fue así: vi pasar la temporada desde el banquillo. El entrenador no confiaba en mí. A mí, que me jugaba no sé cuántos balones en cada partido y tenía una estadística buenísima, en un entrenamiento, me dijo:
-Tú no estás aquí para tirar, tú tienes que pegarte con las demás. Eso es lo que tienes que hacer. Pegarte y coger rebotes.
Cada partido, cuando salía a pista, si veía clara la opción de tiro, doblada el balón o, presa de los nervios por lo que sucedería si encaraba el aro, perdía la bola.

Ir a entrenar se convirtió en un suplicio, en un auténtico Everest emocional, porque si bien en los entrenamientos hacía grandes cosas, sabía que en los partidos, lo tenía vetado. Hasta que me pregunté a mí misma qué pasaría si lo intentaba. Total, el banquillo lo tenía asegurado. Así que cuando me sacaron para que las otras pivots descansaran, yo empecé a jugármelas de nuevo. Y no de cualquier manera, no. Volví a la linea de tres. Siempre se me había dado bien.
Hoy he recordado ese tiro en el que me gritaron desde el banquillo: "¡No!" Y he recordado la ovación del público y la alegría de algunas de mis compañeras cuando la bola entró en la canasta, porque otras, también me repitieron la retahíla de "aquí tiro yo".

Poco a poco me fueron sacando más. Era osada y por suerte, había perdido el miedo al banquillo. Quizá, porque me había dado cuenta de que para mí el basket era pura diversión y si perdía la alegría por jugar, me perdía a mí misma.

Y así es un poco la vida. ¿No creéis? ¿No os dais cuenta de la cantidad de veces que sacrificamos nuestra alegría por mantenernos bajo el mandato de alguien que no confía en nosotros por equis motivos? ¿No os parece que nos pasamos la vida intentando mantener las formas en este mundo de normas absurdas donde no cabemos ni con calzador? Quizá toca replantearse, dejar de creer en lo que siempre has escuchado y lanzar ese tiro a la vida, porque como en los partidos, alguien pitará el final. No lo escucharemos, pero sonará. Y cuando queramos darnos cuenta, ya no tendremos tiempo de protestar ni aplaudir. Ya no seremos jugadores ni de banquillo ni de cancha. Solo seremos polvo. Y recuerdos, tal vez. Tal vez un buen tiro, un buen beso, un buen amor.

Hace no mucho tiempo, coincidí con ese entrenador. Me confesó que le había dolido mi marcha, que esperaba que hubiera aguantado un poco más.
-¿Para qué? -le pregunté.
-Hubiera llegado tu momento.
No respondí. ¿Acaso tenía algo que demostrar?

A cada uno nos mueven hilos muy distintos, nos excitan y nos emocionan cosas completamente distintas. Cada uno luchamos una batalla diferente a la del vecino. ¿Por qué hacerlo igual? ¿Por qué aguantar cuando sabes que no encajas?

No me gustan los días en los que tengo ganas de meterme a la cama para apagar. Días en los que la energía buena se diluye tratando simplemente de mantener el tipo ante los acontecimientos. Sí, sería más fácil acatar las órdenes y permanecer en el banquillo de la vida postrándome ante quienes quieren hacer de mí alguien que no soy. Pero no. Va a ser que no nací para estarme quieta, ni someterme a leyes injustas o malos humores. Va a ser que no voy a responder con la misma moneda que usa el resto. Que quizá a una le toque estar más sola, y sentirse más perdida, si cabe, por ser honesta consigo misma.
Podría entrar en ese juego de malas caras, reproches, excesos e hipocresías varias, pero con esos aires estoy segura de que no encestaría jamás. Porque la vida es una cancha de basket. Y cuando juegas, juegas. Cada acción necesita de técnica, por supuesto, pero cada segundo, sobre todo, necesita corazón. Hoy ha sido un día malo.

No dejéis que nadie os diga lo que podéis hacer o no. No dejéis que nadie os pise los sueños. Y si lo hacen, dormid, seguid durmiendo y al despertar, cambiad el rumbo. Quizá nos equivocamos de cancha y toca empezar otro partido.

¿Sabéis? Al tiempo, fiché por otro equipo aún mejor. Me ficharon con una de esas cláusulas que parecen de traca, promediar un mínimo de 14 puntos por partido. En ningún momento nadie me dijo que no podía. Al revés, me dijeron "como mínimo". Otro día os podría hablar de la presión... La vida del deportista no es tan sencilla como parece. Y sin embargo la echo tanto de menos...

Os dejo un beso. O dos.
Hoy me ha salido una de esas entradas diario que pienso, ¿y si algún día la lee mi hija? A saber...
Por ahora la podéis leer vosotros. Y comentar, o compartir. Estoy tan segura de que todos habéis tenido momentos de tener que sacar fuerzas de donde no las hay y fe de donde no se ve que, por mucho que algunos piensen que mostrar mi vulnerabilidad me hace una mujer débil, a mí me sirve para sentirme jugadora de equipo en este partido llamado Vida. ¿Me la pasas?

Temazo hoy de Amparanoia de mi corazón: La Fiesta. Y estas bellas imágenes de Tomek Setowski. Me chifla este autor. Os animo a curiosearlo.

"...para las mujeres sensibles 

no hay mision imposible 
prohibido instalarse 
prohibido aparcarse 
prohibido abusar



Seguiré caminando 

seguiré esperando, aunque me duela, amor. 
Algo que hacer, alguien a quien amar,
con quien contar y algo de esperanza. 
Seguiré caminando, seguiré soñando 
aunque me duela..."


Sed buenos.

domingo, 19 de febrero de 2017

Caleidoscópica yo.

"Cuando todo el mundo está loco, estar cuerdo es una locura"
A veces me apetece escribir historias de ficción, y no puedo. La realidad me pesa de tal manera que necesito sacudírmela primero, antes de poder echar a volar. Y hoy encima no he dormido. He visto pasar una tras otra, todas las horas de una larga noche silenciosa. En cambio mi cabeza era un hervidero. Infinidad de pensamientos y runrunes; a veces siento que sería capaz de volverme loca. O, perdonad, ¿acaso no lo estoy un poco ya? Porque no entiendo este mundo... y a días dan ganas de bajarse de él.

Anoche volvía a casa sobre las 22.30h. Sola. Luz y gente, una avenida transitada. Iba contenta, me lo había pasado muy bien, había sido un gran día. A lo lejos, me pareció ver demasiada gente formando un corro. No entendí la escena. Al acercarme, lo que no entendía se convirtió en un caos mental, porque comprobé lo que mi mente se había negado a entender: un grupo de unos seis o siete chavales estaban dando patadas a otro que permanecía en el suelo hecho un ovillo. Otros, sentados en un pretil, observaban la escena sin detenerlos. Al fondo, grupos de adultos que bien podrían ser sus padres, impasibles, con sus copas en la mano, comentando el fútbol o... a saber.

Me detuve frente a ellos sin pensarlo.
-¿Os parece normal?

Pararon. Varios se apartaron unos metros. El chico del suelo se levantó dolorido y los siguió. Entre las miradas de todos, que estaban descolocados porque alguien interrumpiera su "juego" o su "pelea", me encontré con la de un chaval al que había entrenado, que bajó la mirada ipso facto. Madre mía, pensé, ¿no pude enseñarte nada?

-¿Esto hacéis a los colegas? -les dije.
No se me ocurría qué hacer, ni qué decir. Estaba en shock.
-¿Quieres que te enseñe lo que hago, mamita? -me dijo un envalentonado chavalito de unos 15.
Después, me insultó.
El resto esperaba que él tomara una decisión para imitarle.
Le sostuve la mirada.
-Así no funciona esto... -atiné a decir, con calma, pero con mucha rabia por dentro, mientras él gritaba cosas que estoy segura jamás ha podido experimentar aún. ¡Qué atrevida es la ignorancia!

Y seguí hacia casa, con un nervio extraño en el cuerpo. ¿Y si de repente se les ocurría seguirme? ¿Y si me partían la cara? ¿Y si el chico del suelo hubiera sido mi sobrino, o mi hija? ¿Y si cualquiera de ellos fuera parte de mí? ¿Dónde encontrarían ellos la sonrisa en su vuelta a casa?

Al pasar al lado de esos adultos que continuaban con sus copas, también los miré. Me sentí sola en el mundo. ¿Nadie veía lo que acababa de pasar? ¿Nadie había sentido la necesidad de acercarse y parar? El resto del camino lo hice cabizbaja. ¿Qué mundo es este que vemos a una cuadrilla de chavales pegar a uno, indefenso, y nos quedamos quietos? ¿Qué mundo es este donde una maldita pantalla de televisión absorbe más atención que la propia vida?

En la cama, no pude conciliar el sueño. ¿Qué contarían esos chicos al llegar a casa? ¿Cómo explicaría la cojera el que después también calló? ¿Cómo entender que muchos de los que ayer hicieron la vista gorda en esa agresión, hoy estén tuiteando contra el gobierno, el ayuntamiento o el vecino del quinto? ¿Cómo aplaudir sus ansias de justicia cuando en el día a día son incapaces de ayudar al de al lado? Y digo lado, porque ayer el chaval estaba a su lado, solo que en el suelo, y Cristiano Ronaldo no le pasaba ningún balón. Ayer sentí vergüenza por una gran parte del mundo. Vergüenza, lástima, pena, angustia...

Gente que pide que se haga algo con los refugiados, los desahucios, los parados, ¡por Dios, los que pueden que se muevan! ¿Y tú? ¿Y TÚ? Sí, ayer una cuadrilla de chavalitos me podía haber partido la cara por meterme donde no me llamaban, pero no pude evitarlo. Aunque eran muchos, me sentí con muchos más recursos que ellos. Ni tengo necesidad de agredir a nadie, y en el caso de ser agredida o intimidada, también sé cómo debo actuar. Tampoco pensé. Las escenas surrealistas de la vida se crean de repente de la nada.

El mundo va muy rápido. Imagino que lo de anoche es solo un minúsculo episodio de lo que pasa cada día y a cada segundo en cualquier lugar del planeta. La violencia, el miedo, el abuso...

Tengo sueño pero no consigo dormir; ya es de día.
Un caleidoscopio puede dar infinitas imágenes y formas. Como mi mente. Como el día a día. Como la capacidad que tenemos de hacer bellas cosas o... intentarlo.

Quería haber escrito algo bonito, pero hoy tocaba entrada de entraña. Os dejo la única canción que puedo poner a este texto. Los Monty Python y su "Always look on the bright side of life" o lo que es lo mismo, "mira siempre el lado brillante de la vida". Una escena absurda, que lo dice todo.

Besos.

pd: ¡Por cierto! Me he apuntado al concurso de la blogoteca, ¿no lo dije, verdad? Si os apetece, podéis votarme. Tenéis el enlace a la izquierda. ¡Gracias! Sed buenos.
Solo espero de esta entrada que dé qué pensar. Yo necesitaba soltarlo.

Muaks!

miércoles, 1 de febrero de 2017

Pañuelos en la lavadora


1 de febrero. Ya hemos consumido el primer mes de 2017 y no sé vosotros, pero el mío ha valido por 20.

Tal día como hoy hace un mes, mi madre (Mamá Jones) se debatía entre la vida y la muerte. Fue todo tan rápido y se complicó de tal manera, que el estado de shock en el que entramos los familiares nos permitía funcionar con el piloto automático, pero nada más. En mi página de face escribí un relato sobre todos esos días. Os dejo el enlace por si os apetece leerlo, hoy no quiero volver a ese momento. (Pinchad aquí).

Hoy quiero hablar de hoy. De todas las miles de cosas que pueden suceder en un "hoy". Desde la incertidumbre que uno siente por los malentendidos, la ternura con la que una mano amiga sana tus heridas, los gritos y el enfado en el trabajo, las lágrimas de alguien a quien quieres cayendo como fina lluvia por su rostro... y los pedacitos de papel mojado que salen de la lavadora, porque una vez más, algún pañuelo se quedó donde no tenía que quedarse. Y no, los pañuelos no pueden salir enteritos y hechos una bola, no. Tienen que pegarse como diminutos puntitos blancos a tu colada (por supuesto, la de color), y desparramarse por el suelo de la cocina, los armarios y la casa. Kleenex para trompas de elefantes, parecen.

Hoy me han dicho que algunas de mis asociaciones de ideas no son lógicas. No me he ofendido: hace tiempo dejé de preocuparme por ese tipo de comentarios. Aprendí hace mucho que puedes gustar y disgustar a tanta gente al mismo tiempo haciendo lo mismo... Estoy aprendiendo que la gente te mira según se ve, y les puedes parecer arriesgada, echada para adelante, chula o insulsa. Pero por la noche tu pijama solo te lo pones tú. Y duermes tú contigo y con tus manías, deseos y miedos.

Un pañuelo deshecho en la lavadora me ha hecho pensar en los runrunes que tenía ella para llorar así. En la cantidad de pedacitos de miedos que tuvo y que conserva. En todo lo que calla. En todo lo que ha aprendido con este bache, porque la vida no hace sino ponernos a prueba. Una y otra vez. Lavado tras lavado, centrifugado a tope de revoluciones y calma, silencio. No, no podemos detenernos en nada. Ni siquiera en lamentarnos, porque los pañuelos de papel de tanto secar las lágrimas, se rompen y quedan inservibles. Llorarlo, limpiarlo y continuar. En la vida siempre nos toca continuar...

Mi madre puede contarlo aunque se emocione. Hay quienes no salieron de esa unidad, y quienes en accidentes han perdido la vida y la capacidad para seguir contándola, como decía el gran Gabo. "Vivir para contarla". Y eso hago, y a ello animo. Vivid, amigos, vivid, para contarlo.

Hoy, el malentendido que me traía por la calle de la amargura, solo era un programa de lavadora que ya no funciona. Con tan solo una mirada, se ha resuelto. Y es que a veces nos alejamos de las personas que queremos porque contamos la historia según nos fue, y no tal cual "ES". Creo que el miedo fundamental a la hora de romper la baraja, es equivocarnos. ¿Pero no es mucho más erróneo no llegar siquiera a tocar las cartas? ¿Y si en vez de esperar a que el otro mueva ficha, jugamos nosotros nuestra propia partida? ¿Y si nuestro movimiento genera una luz que ayuda al otro a ver el camino por donde salir del atolladero? Quizá no era nada personal. De hecho, casi nunca suele ser algo personal. Cada uno anda lidiando con sus propios electrodomésticos internos, y sacando restos inesperados cualquier día, a cualquier hora, porque 24 horas son muchas horas si se viven aquí y ahora.

Cuando me preguntan (porque todavía a día de hoy lo hacen), para qué escribo un blog, o por qué, mi respuesta es la que os he puesto arriba en esta entrada. Lo dijo bien el maestro Sampedro. Provocar: a quien me lee y a mí misma.

Gracias por seguir al otro lado de la pantalla. Por compartir, por comentar y por ser esa lucecita que se ilumina cuando todo parece muy oscuro allá abajo. La canción perfecta para esta entrada, es una de esas canciones perfectas en general. "No estarás sola" de Ismael Serrano, y con vuestro permiso, se la dedico a mi guerrillera favorita porque hemos ganado esta batalla, ¡la has ganado! Y aunque el camino sea largo y cueste, "no estarás sola".

Muchos besos a todos y aseguraos de vaciar bien los bolsillos de la ropa antes de echarla a lavar. A no ser que queráis ser blogueros y copiarme las asociaciones de ideas absurdas.

Muaks!
Lady.