martes, 11 de julio de 2017

Comerte la boca

De la red. 


No es lo mismo besar que comer la boca.

La boca se come a quien tiene hambre de ti. No es un beso casto y dulce, aunque puede contener trazas de dulzura. Ese primer contacto es un abordaje directo de deseo a incertidumbre, quizá ganas también; no obstante, el valiente es quien se lanza y con sus labios sella su intención

No es lo mismo besar que comer la boca. Ni por asomo, porque desde ese preciso instante en que las bocas se abren, comienza el capítulo 2. 
Y ya no hay vuelta atrás. 


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Capítulo 1.

Aquella noche ella no esperaba nada de la vida, estaba desencantada y quizá esa torpe frustración le hizo ser tan auténtica como nunca antes se había permitido ser. Cuando él llegó, se miraron, los presentaron y tras un par de copas, charlaron con la confianza que da el alcohol y el coincidir con alguien en iguales circunstancias. Era obvio que se atraían, que esa primera mirada había sido una descarga de adrenalina, pero no lo comentaron. A veces no hace falta comentar las evidencias. Tras la cena, cada uno volvió a su casa, pensándose, el encuentro había calado.
En el camino, se cruzaron con pandillas de adolescentes ebrios que se magreaban y besaban en mitad de la calle y continuaban bebiendo entre saliva y saliva, para no perder el hilo, el punto.

Besos que no trascenderían, besos nocturnos. 
Besos ansiosos por continuar el proceso del beso hasta llegar al sexo. 
Besos vacíos, besos huecos. 
Besos necesarios para descartarlos después. 
Tan solo besos.

Ambos, sin ver al otro, movieron las cabezas. ¡Qué poco valor se le otorgaba ya al besar! Un poco más adelante, cerca de casa de él, un grupo de chicas en posturas imposibles invertían la noche del sábado en sacarse fotos que post-retoque, publicarían alardeando la magia de una velada única. Ella, a su vez, antes de entrar al portal, observó a una pareja sentada en un banco que, para su decepción, en vez de estar hablando, consultaba la sección de noticias de sus respectivas redes sociales.
"¿Qué estarán pensando ahora mismo las estrellas?" , se dijo.

Antes de apagar la luz, se pensaron. Con los días, también.

Un par de meses después, ella salió con unas amigas a charlar. Sí, se habían hecho mayores. Ya no salían a ligar, ni a publicar sus hazañas. Ya no necesitaban poner "bote" y comprar "litros", ahora bebían cocktails, fumaban e incluso alguna estaba a dieta y cada una además de hijos, tenía varias cicatrices en su haber, de corazones rotos y recompuestos, de piezas de una misma que nunca vuelven a ajustar en el mismo lugar.

A él le habían invitado a participar en un evento. Iba bien escoltado, con sus dos amigos de siempre. Contentos, alegres por tener un hueco en sus apretadas agendas y poder disfrutarse, recuperando la camaradería y la sencillez que la madurez te obliga a perder.

Entraron en el mismo bar donde ella charlaba con sus amigas. Al reconocerse se sonrieron. Giraron la cabeza para atender a sus respectivos grupos y a los pocos segundos sus miradas se encontraron de nuevo. Ella bajó la cabeza azorada y él sonrió para sí. Serendipia. Parecía la noche perfecta.

Al cabo de un buen rato de miradas furtivas, ella fue sola a pedir a la barra. Él dejó a medias la conversación para seguirla. Incluso la música del local pareció acallarse para escucharlos. El mundo giraba y solo permanecían sus ojos inmóviles, sus cuerpos, su atracción. Campo magnético de deseo e intriga.

-He venido a comerte la boca.
-¿Perdona?

Y la besó con todo. Con la pasión y las ganas del "quiero y puedo" y el coraje del "de aquí no me muevo". Fue un beso largo e intenso, húmedo, erótico y tierno. Fue un beso de giros a izquierda y derecha, de lenguas y dientes, de manos en la nuca y "abrázame que no me caiga".
Durante el tiempo que duró el beso no había pensamientos, no existía el "luego" ni el "ayer".

Capítulo 2.

-¿Cómo sabías que no me apartaría?
-Supongo que he sabido leer entre líneas. Ya no somos unos niños. Tú jamás te hubieras atrevido a darme un beso así.
-Voy a confesar que es cierto -dijo ella aún con el corazón al galope-; nunca te hubiera besado así. Te habría comido la boca, también.
-Hice bien en esperar.
-Podrías haberme besado la primera noche. Hubiera quedado ahí. Un beso. Una charla. Quizá nos hubiésemos dado el teléfono, hubiéramos chateado y... nada más. O sí. Sexo, pero nada más. Vacío. Adiós. En cambio... cuando quieres comerle la boca a alguien, así como lo acabas de hacer, en ese beso imprimes todas y cada una de tus preguntas, y todas y cada una de tus verdades.
-Touché. Entiendo entonces... que ahora podremos tomarnos algo juntos, ¿no? Me llamo...
-Aún no, ahora me toca a mí.

Sus respectivos amigos ya se habían ido del garito cuando dieron las luces y la madrugada los encontró abrazados, separados por el aliento necesario para respirar.

-Ten en cuenta que respirando se nos pierden besos.
-Menos mal que la boca no solo está para hablar.

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 Ayer vi a varias parejas besarse. Sí, se besaban. En la mejilla como saludo, en los labios también como saludo, y con babas como buen adolescente movido por las hormonas. Cada beso transmitía algo y sin embargo, sentí que a todos les faltaba la pasión de ese "comerte la boca". Esas ganas locas de perderte en otra boca y detener el mundo, relajarte al tiempo que te excitas o te emocionas, porque ojo, no todo beso acaba en cama, ¡y suerte! , porque entonces también el sexo acabaría perdiendo la gracia de descubrirse en cada tacto y caricia.

Aunque a día de hoy las miradas están pegadas a las pantallas y no a otros ojos que nos miran. Bécquer se quedaría ciego buscando pupilas azules que se clavaran en las suyas.
Se pierden miradas que acercarían besos y almas.
(No acabo de entender qué buscamos dentro del móvil que no haya ahí fuera).

Mi capítulo 2 tras un beso de esos fueron preguntas, respuestas, abrazos y la luna.
Creo que le caímos bien. Que le gustó que hubiera pasado el tiempo, que no fuera un calentón típico de cualquier noche que acaba con un despertar atípico con ganas de huir y puerta. Le gustó que fuera un beso con alma, no solo beso de piel. Un beso de los que no se olvidan, beso de los de "un antes y un después". De haber podido imitarlo, la luna hubiera comido la boca al sol. ;)

Temazos, hoy dos, va, que os tenía abandonados.
"Un beso de esos" de Zenet con este vídeo que me maravilla.

"Un beso de esos que luego te marcan"

"Toda la vida" de Fuel Fandango. Un grupazo que se escucha a bocados.

"Tengo los pies en el cielo, el corazón vuela alto también"

Sed buenos. ¿Os acordáis de ese bocado de realidad que os dieron? ¿Fantasía, realidad? Ay... que hay que comerse a besos, (venga, va, Rozalén y su "comiéndote a besos" no podía faltar). Si es que...

"Quien siguió la consiguió y esta historia comenzó a brillar"


¡Ya es verano!
Disfrutad del sol y poneos gafas para protegeros la mirada de los rayos, pero JAMÁS DE LA VIDA. Requetemuaks! ¡Nos leemos! Y ya sabéis, si os gusta, comentad, compartid, y esas cositas. Hagamos cadenas de cosas bellas. Muaks!






2 comentarios:

  1. los besos robados son los más recordados

    Y expresan lo que dificilmente se dice

    Un beso.Feliz verano

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  2. Me gusta. Aunque hay cierto tipo de besos que no son exactamente "robados", sino que son besos consentidos por falta de audacia o valentía. Menos mal que en el mundo hay valientes.
    Igualmente, Mr. Plebeyo.
    Feliz verano, merecido.

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