domingo, 19 de febrero de 2017

Caleidoscópica yo.

"Cuando todo el mundo está loco, estar cuerdo es una locura"
A veces me apetece escribir historias de ficción, y no puedo. La realidad me pesa de tal manera que necesito sacudírmela primero, antes de poder echar a volar. Y hoy encima no he dormido. He visto pasar una tras otra, todas las horas de una larga noche silenciosa. En cambio mi cabeza era un hervidero. Infinidad de pensamientos y runrunes; a veces siento que sería capaz de volverme loca. O, perdonad, ¿acaso no lo estoy un poco ya? Porque no entiendo este mundo... y a días dan ganas de bajarse de él.

Anoche volvía a casa sobre las 22.30h. Sola. Luz y gente, una avenida transitada. Iba contenta, me lo había pasado muy bien, había sido un gran día. A lo lejos, me pareció ver demasiada gente formando un corro. No entendí la escena. Al acercarme, lo que no entendía se convirtió en un caos mental, porque comprobé lo que mi mente se había negado a entender: un grupo de unos seis o siete chavales estaban dando patadas a otro que permanecía en el suelo hecho un ovillo. Otros, sentados en un pretil, observaban la escena sin detenerlos. Al fondo, grupos de adultos que bien podrían ser sus padres, impasibles, con sus copas en la mano, comentando el fútbol o... a saber.

Me detuve frente a ellos sin pensarlo.
-¿Os parece normal?

Pararon. Varios se apartaron unos metros. El chico del suelo se levantó dolorido y los siguió. Entre las miradas de todos, que estaban descolocados porque alguien interrumpiera su "juego" o su "pelea", me encontré con la de un chaval al que había entrenado, que bajó la mirada ipso facto. Madre mía, pensé, ¿no pude enseñarte nada?

-¿Esto hacéis a los colegas? -les dije.
No se me ocurría qué hacer, ni qué decir. Estaba en shock.
-¿Quieres que te enseñe lo que hago, mamita? -me dijo un envalentonado chavalito de unos 15.
Después, me insultó.
El resto esperaba que él tomara una decisión para imitarle.
Le sostuve la mirada.
-Así no funciona esto... -atiné a decir, con calma, pero con mucha rabia por dentro, mientras él gritaba cosas que estoy segura jamás ha podido experimentar aún. ¡Qué atrevida es la ignorancia!

Y seguí hacia casa, con un nervio extraño en el cuerpo. ¿Y si de repente se les ocurría seguirme? ¿Y si me partían la cara? ¿Y si el chico del suelo hubiera sido mi sobrino, o mi hija? ¿Y si cualquiera de ellos fuera parte de mí? ¿Dónde encontrarían ellos la sonrisa en su vuelta a casa?

Al pasar al lado de esos adultos que continuaban con sus copas, también los miré. Me sentí sola en el mundo. ¿Nadie veía lo que acababa de pasar? ¿Nadie había sentido la necesidad de acercarse y parar? El resto del camino lo hice cabizbaja. ¿Qué mundo es este que vemos a una cuadrilla de chavales pegar a uno, indefenso, y nos quedamos quietos? ¿Qué mundo es este donde una maldita pantalla de televisión absorbe más atención que la propia vida?

En la cama, no pude conciliar el sueño. ¿Qué contarían esos chicos al llegar a casa? ¿Cómo explicaría la cojera el que después también calló? ¿Cómo entender que muchos de los que ayer hicieron la vista gorda en esa agresión, hoy estén tuiteando contra el gobierno, el ayuntamiento o el vecino del quinto? ¿Cómo aplaudir sus ansias de justicia cuando en el día a día son incapaces de ayudar al de al lado? Y digo lado, porque ayer el chaval estaba a su lado, solo que en el suelo, y Cristiano Ronaldo no le pasaba ningún balón. Ayer sentí vergüenza por una gran parte del mundo. Vergüenza, lástima, pena, angustia...

Gente que pide que se haga algo con los refugiados, los desahucios, los parados, ¡por Dios, los que pueden que se muevan! ¿Y tú? ¿Y TÚ? Sí, ayer una cuadrilla de chavalitos me podía haber partido la cara por meterme donde no me llamaban, pero no pude evitarlo. Aunque eran muchos, me sentí con muchos más recursos que ellos. Ni tengo necesidad de agredir a nadie, y en el caso de ser agredida o intimidada, también sé cómo debo actuar. Tampoco pensé. Las escenas surrealistas de la vida se crean de repente de la nada.

El mundo va muy rápido. Imagino que lo de anoche es solo un minúsculo episodio de lo que pasa cada día y a cada segundo en cualquier lugar del planeta. La violencia, el miedo, el abuso...

Tengo sueño pero no consigo dormir; ya es de día.
Un caleidoscopio puede dar infinitas imágenes y formas. Como mi mente. Como el día a día. Como la capacidad que tenemos de hacer bellas cosas o... intentarlo.

Quería haber escrito algo bonito, pero hoy tocaba entrada de entraña. Os dejo la única canción que puedo poner a este texto. Los Monty Python y su "Always look on the bright side of life" o lo que es lo mismo, "mira siempre el lado brillante de la vida". Una escena absurda, que lo dice todo.

Besos.

pd: ¡Por cierto! Me he apuntado al concurso de la blogoteca, ¿no lo dije, verdad? Si os apetece, podéis votarme. Tenéis el enlace a la izquierda. ¡Gracias! Sed buenos.
Solo espero de esta entrada que dé qué pensar. Yo necesitaba soltarlo.

Muaks!

miércoles, 1 de febrero de 2017

Pañuelos en la lavadora


1 de febrero. Ya hemos consumido el primer mes de 2017 y no sé vosotros, pero el mío ha valido por 20.

Tal día como hoy hace un mes, mi madre (Mamá Jones) se debatía entre la vida y la muerte. Fue todo tan rápido y se complicó de tal manera, que el estado de shock en el que entramos los familiares nos permitía funcionar con el piloto automático, pero nada más. En mi página de face escribí un relato sobre todos esos días. Os dejo el enlace por si os apetece leerlo, hoy no quiero volver a ese momento. (Pinchad aquí).

Hoy quiero hablar de hoy. De todas las miles de cosas que pueden suceder en un "hoy". Desde la incertidumbre que uno siente por los malentendidos, la ternura con la que una mano amiga sana tus heridas, los gritos y el enfado en el trabajo, las lágrimas de alguien a quien quieres cayendo como fina lluvia por su rostro... y los pedacitos de papel mojado que salen de la lavadora, porque una vez más, algún pañuelo se quedó donde no tenía que quedarse. Y no, los pañuelos no pueden salir enteritos y hechos una bola, no. Tienen que pegarse como diminutos puntitos blancos a tu colada (por supuesto, la de color), y desparramarse por el suelo de la cocina, los armarios y la casa. Kleenex para trompas de elefantes, parecen.

Hoy me han dicho que algunas de mis asociaciones de ideas no son lógicas. No me he ofendido: hace tiempo dejé de preocuparme por ese tipo de comentarios. Aprendí hace mucho que puedes gustar y disgustar a tanta gente al mismo tiempo haciendo lo mismo... Estoy aprendiendo que la gente te mira según se ve, y les puedes parecer arriesgada, echada para adelante, chula o insulsa. Pero por la noche tu pijama solo te lo pones tú. Y duermes tú contigo y con tus manías, deseos y miedos.

Un pañuelo deshecho en la lavadora me ha hecho pensar en los runrunes que tenía ella para llorar así. En la cantidad de pedacitos de miedos que tuvo y que conserva. En todo lo que calla. En todo lo que ha aprendido con este bache, porque la vida no hace sino ponernos a prueba. Una y otra vez. Lavado tras lavado, centrifugado a tope de revoluciones y calma, silencio. No, no podemos detenernos en nada. Ni siquiera en lamentarnos, porque los pañuelos de papel de tanto secar las lágrimas, se rompen y quedan inservibles. Llorarlo, limpiarlo y continuar. En la vida siempre nos toca continuar...

Mi madre puede contarlo aunque se emocione. Hay quienes no salieron de esa unidad, y quienes en accidentes han perdido la vida y la capacidad para seguir contándola, como decía el gran Gabo. "Vivir para contarla". Y eso hago, y a ello animo. Vivid, amigos, vivid, para contarlo.

Hoy, el malentendido que me traía por la calle de la amargura, solo era un programa de lavadora que ya no funciona. Con tan solo una mirada, se ha resuelto. Y es que a veces nos alejamos de las personas que queremos porque contamos la historia según nos fue, y no tal cual "ES". Creo que el miedo fundamental a la hora de romper la baraja, es equivocarnos. ¿Pero no es mucho más erróneo no llegar siquiera a tocar las cartas? ¿Y si en vez de esperar a que el otro mueva ficha, jugamos nosotros nuestra propia partida? ¿Y si nuestro movimiento genera una luz que ayuda al otro a ver el camino por donde salir del atolladero? Quizá no era nada personal. De hecho, casi nunca suele ser algo personal. Cada uno anda lidiando con sus propios electrodomésticos internos, y sacando restos inesperados cualquier día, a cualquier hora, porque 24 horas son muchas horas si se viven aquí y ahora.

Cuando me preguntan (porque todavía a día de hoy lo hacen), para qué escribo un blog, o por qué, mi respuesta es la que os he puesto arriba en esta entrada. Lo dijo bien el maestro Sampedro. Provocar: a quien me lee y a mí misma.

Gracias por seguir al otro lado de la pantalla. Por compartir, por comentar y por ser esa lucecita que se ilumina cuando todo parece muy oscuro allá abajo. La canción perfecta para esta entrada, es una de esas canciones perfectas en general. "No estarás sola" de Ismael Serrano, y con vuestro permiso, se la dedico a mi guerrillera favorita porque hemos ganado esta batalla, ¡la has ganado! Y aunque el camino sea largo y cueste, "no estarás sola".

Muchos besos a todos y aseguraos de vaciar bien los bolsillos de la ropa antes de echarla a lavar. A no ser que queráis ser blogueros y copiarme las asociaciones de ideas absurdas.

Muaks!
Lady.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Navifan: to fan or not to fun.

Rafal Olbinski. 
Hay cosas que te pueden gustar o no: como el surrealismo, el cine de terror, las palomitas dulces o la Navidad. Desde siempre hemos escuchado eso de que "para gustos los colores" y en esas estamos, dividiéndonos constantemente en grupos de "esta sí, esta no": continuando con nuestra particular ruta del bakalao sin luces de discoteca. Y llega Navidad.

A mí siempre se me revuelve algo en estas fechas. No me gusta la Navidad. No me gusta la Nochebuena. No me gusta que parezca más un compromiso que una pasión. Los regalos forzosos, los "hay que" y "tengo que" que en estos días copan las agendas... Y sin embargo me considero una persona muy familiar. Quiero a mi familia y me gusta estar con ellos, pero no los miro estos días distinto a como los miro el resto del año. No por ser Navidad les quiero más, ni me siento más necesitada de amor o compañía, ni me parece esencial estar hoy y no mañana; porque creo en el día a día. Creo en la mesa llena de risas un día cualquiera de febrero o abril, un paseo en verano, asomarnos por la ventana una fría tarde de otoño a ver llover... Creo en los días en los que coincidimos todos y la alegría nos embarga. Creo más en la improvisación que en la elaboración, o el estrés de este día porque todo sea perfecto, el cansancio, el trabajo y ¡oh! olvidarse la ensalada en el frigo.

Mi abuela María hacía albóndigas. Buenísimas. Increíblemente buenas. Preparaba una cazuela grande y a medida que íbamos llegando nos hacía comer una o dos a cada uno. Después nos regañaba por haber comido y no tener hambre para el resto de la cena. Me encantaba esa reprimenda; contenía un poso de satisfacción porque cocinaba muy bien; era su forma de agradecerlo.

En mi familia, todas las mujeres cocinan genial. Me siento una privilegiada por poder disfrutar de sus guisos y lamento que mi hija no vaya a correr esa misma suerte conmigo, porque a mí se me da especialmente mal, y además, no me gusta. Pero no nos tiene que gustar todo: siempre he pensado que lo importante es lo que cada uno aporta. Quizá no cocino, pero siempre tengo una sonrisa y un "gracias" esperando o mil aventuritas que contar a quien quiera escucharme. Y soy de las que prefiere fregar y recoger, antes que preparar.

No, no me gusta la Navidad, pero me fascinan las luces y me despierta mucha ternura quien la vive con entusiasmo. No sé, supongo que a donde quiero ir a parar es a que, aunque no me gusten estos días (que considero de protocolo), procuro adaptarme a quienes sí les emociona, y me convierto en maleable. Dejo hacer y dejo vivir y creo que ese es el quid de toda cuestión. Aceptar al otro como es. Siempre y ante cualquier circunstancia. Siempre y ante cualquier fecha del calendario.

Muchas mesas este año no tendrán a todos los comensales del año pasado: se antojan dramas por lo perdido y también se presuponen disgustos por todo lo no vivido aún. Si mis palabras tuvieran la fuerza del eco, sólo os pediría que esta noche intentéis dar lo mejor de vosotros. Y mañana también. Que os olvidéis del pasado, del futuro, de si la abuela fumaba... ¡de todo! No sé si eso es el espíritu de la Navidad o del sentido común, porque mañana volverá a amanecer y habrá que volver a ponerse en pie y solo con la ilusión de ser mejores es como podemos enfrentar esta vida que a veces duele como un desgarro y otras... otras nos pierde en la locura.

Disfrutad del aquí y ahora. Brindad por la capacidad para poder hacerlo y procurad no dejaros llevar por la pena, ni la rabia, ni la frustración. Navifan, to fan or not to fun. ¡A divertirse, mi gente!

***Baby está siendo mi maestra y a veces se me olvida. Cuando se levanta cada mañana, no está enganchada a lo que ha pasado. Ni a un enfado, ni a una tristeza, ni tan siquiera a una alegría. Piensa en lo que va a hacer, en lo que le depara el día y solo tiene ganas de jugar y divertirse. Es como si cada día de su vida fuera Navidad. Ella ve luces y espumillón por doquier. Canciones que suenan bonito, sonrisas, y lo que no le gusta, lo aparta. ¿Seremos capaces de aprender?

Os lanzo esta pregunta antes de que os sentéis a la mesa.
Disfrutad de cada momento y que todo os sepa rico.
¡Felices fiestas, mi querido Mundo Blog!
Nos leemos, siempre.

Sed buenos.

pd: estoy feliz porque he descubierto a este autor. Rafal Olbinski y he tenido un flechazo surrealista.
Rafal Olbinski

¿Os gusta u os disgusta? ¿Os deja fríos? A mí me chifla. La imaginación vuela con cada obra. ¿Y qué canción? ¡Uff! ¡Difícil!

"Me olvidé de vivir", de Macaco. Siempre lo escucho cuando me cuesta echar p'alante. Cuando la vida se pone algo cuesta arriba y hay que revisar patrones que se han hecho viejos de repente y toca reinventarse.

Lo dicho, ¡sed felices y vivid! Con el corazón p'afuera a ser posible, y si resulta que es una cuerda floja, divertios encontrando el equilibrio. Brindo por ti. 


jueves, 15 de diciembre de 2016

A remar...

Arriondas, Asturias. Agosto 2015. Río Sella.
Fue todo muy rápido, íbamos riéndonos, pensando en maldades absurdas y bromas, cuando llegó la curva. Nos golpearon y volcamos. Él salió bien hacia la orilla y yo caí mal contra una roca y reaccioné aún peor, ya que me quedé paralizada recibiendo más golpes de otras canoas que pasaban y de las piedras del fondo. Recuerdo la sensación de desconcierto.
-¿Estás bien? -me preguntó en cuanto pude llegar a su lado.
-Me he hecho una avería importante, pero vamos.
-¿Segura?
-Hay que seguir remando.
Y es que aún nos quedaban unos 6 kilómetros de descenso. Fue en agosto de 2015.
Esa misma noche en mi cadera ya había un hematoma del tamaño de un balón de basket y unos días después me dieron la baja, estuve tres semanas parada.

Los accidentes ocurren de repente, inesperados, llevándote al "aquí y ahora" sin que tengas tiempo de decir "esta boca es mía". Le dí muchas vueltas a ese momento. Recuerdo perfectamente lo que iba pensando cuando volcamos incluso. Y sé también, que la metáfora es perfecta, que solo había que dejarlo fluir, que un río no se puede controlar, como las emociones o los sentimientos; sé que fue un "párate y valora", "párate y mira", "párate y disfruta".

Hoy el traumatólogo me ha confirmado lo que me negaba a aceptar, y es que aquel día, me rompí algo por dentro. Se llama "labrum". Me gusta cómo suena. No me gusta el dolor que me provoca. He salido del hospital con volantes para un TAC, analítica de preoperatorio, cita de revisión con él de nuevo y mi año 2017 marcado en tiempos: "la operación dura algo más de 2 horas, 1 noche de ingreso, 3 puntos de la artroscopia, 4 semanas de muletas y entre 4 y 5 meses de rehabilitación. Eso sí, ahora estás en lista de espera, y calcula entre 4 y 8 meses hasta que te opere". Tengo que empezar a prepararme físicamente para cuando sea.

Mentalmente, ahora que lo escribo empiezo a salir del shock. No esperaba que me dijeran esto. Pero en mi fuero interno sabía que el dolor no iba a desaparecer por arte de magia. Necesitaba una solución y hoy me la han dado. Y es que no se puede vivir con dolor, con una molestia constante, y yo llevo meses mal. Cabezona y tozuda, en mi línea, tirando de coraje hacia adelante negándome a aceptar que quizá debería parar, otra vez. La coherencia también tiene que ver con escuchar al cuerpo y lo que demanda. No, no se puede vivir rodeado de personas que no te valoran, de gente que te trata mal, desmotivado nada más levantarte de la cama, falto de energía y ganas, porque el cuerpo habla.
No se puede vivir con la contradicción constante de ir o no ir, hacer o no hacer y nuevamente, no dejando fluir las cosas, confiando en que siempre lo que sucede, es lo mejor que podía haber sucedido, porque dentro del plan, todo es perfecto. Quizá debo recuperar mi mentalidad zen y confiar más y preocuparme menos. Cuidarme más, y trabajar menos. O, al menos, no con la sensación de que todo es un esfuerzo.

Estos días las noticias que llegan del mundo son horribles. Hay un encabronamiento global que asusta y se están tomando unas decisiones que solo los poderes políticos entienden por sus propios intereses. Dan ganas de bajarse de este mundo e inventar otro, empezando desde cero. Dan ganas de gritar, de llorar y de rebelarse contra todos aquellos que han hecho estas normas y contra todos aquellos que las asumieron y ahora se quejan. ¿Todo lo que está sucediendo es la roca que nos hará parar?

Él bromea al recordar ese día y me encanta que lo haga. Dice que si yo quedé así, cómo estará la pobre roca. Me vacila con los añicos que forman ahora parte del cauce del Sella y yo, veo cómo fluye el agua y la escucho en mi mente. Al final, pase lo que pase, aquí o allá, en este mundo loco o en un río, sólo nos va a quedar la opción de remar. Porque la vida sigue, siempre sigue, ¡ay, como el agua!

Todo va a salir bien. Tengo que romper el cuaderno de ruta que había trazado y quizá, atreverme a vivir sin él por una vez, tal vez funcione, no lo sé. Se trata solo de confiar, y remar.

Como no podía ser de otra manera, Rosendo  y su "a remar", es mi banda sonora indiscutible para esta entrada que etiquetaré como "diarios". Repetiré hasta la saciedad que si lo escribo, es que todo está bien, (así que no os preocupéis, que os conozco) que el problema siempre llega cuando hay silencios. Mañana empezaré a reír, como en la foto, recién terminado el descenso y con la marca del golpe en la cadera. Mañana asomará la payasa que habita en mí porque ya me habré hecho a la idea, tras descansar bien esta noche. Así que espero que vosotros también descanséis bien y soñéis bonito. Antes de apagar, yo escucharía la canción:

"Hombro contra hombro luchando en este mar 

Y a remar, a remar 
Llantos y alegrías que puedas entonar 
Y a remar, a remar.

Antes del asalto aguarda la señal 


Y a remar, a remar"

Sed buenos. 

Por cierto, el sábado y el domingo estaré en la Feria del Libro de Hondarribia, junto a otros autores bellos de la zona, con nuestro libro de relatos "Oskarbi 21". También, y cómo no, estará mi El Veto. ;)
¿Qué mejor que regalar sueños en papel? A remar, mi gente. Nos leemos. 


jueves, 1 de diciembre de 2016

Fuegos y gatos.

Artista: Catrin Welz-Stein
Tengo un compañero de trabajo al que cada día le suceden mil cosas, y todas ellas relacionadas con las mujeres. No es un tipo especialmente atractivo, ni uno de esos hombres que llamarían la atención con su sola presencia. No destaca en altura ni en belleza, pero cuando habla... Cuando habla, transmite. Habla mucho y rápido. A veces parece incluso que trata de justificarse, las palabras le salen a borbotones. Su mente es ágil y enseguida comprende y replica.
Digamos que se llama Mr. Go.

Mr. Go no cree en el amor. Dice que es todo una pérdida de tiempo y una invención. Que incluso está reñido con la práctica de determinados deportes, porque tener pareja, implica un estar que el ejercicio necesita para mejorar.

-¿Y sólo crees que uno puede mejorar haciendo deporte?
-Ya sé por dónde vas, Lady. Me vas a decir que también se puede mejorar como pareja o persona pero, ¿si voy bien de valores?
-No iba a decirte eso.
-Escucha. Yo ya he estado en ambos lados de la vida. Jefe y empleado, parado y ocupado, he querido y me han dejado. Ya sé de qué va un poco todo esto.

Hoy le escuchaba sin saber muy bien qué decir. Ha entrado como un miura y necesitaba soltar todo aquello que sabe y ha aprendido. El resto de compañeros hemos sonreído. Algunos no han entendido nada y yo, sencillamente, le he dejado continuar.

-Imagina que me enamoro. Que pierdo la cabeza. ¡Eso es una auténtica putada si te gusta la vida que llevas! Mandar todo a la mierda, empezar de cero... ¡para que luego encima en cuanto se te pase tengas que arrepentirte! Me estás mirando con una cara...

No tenía espejo para verme pero intuía que mi ceja izquierda estaba alzada. Siempre me pasa cuando algo me sorprende. Mi ceja debe estar conectada con el asombro.
Cuando me ha dejado de nuevo sola con mis pensamientos, tenía su discurso en runrún.

No conozco a nadie que no se haya enamorado perdidamente alguna vez y que, a pesar de las heridas, rechace una sensación así. Puede impedirte mirar allá el miedo, pero renegar de un gran amor así...

Al despedirme de él me ha dicho:
-Lady, espero que no pienses que estoy loco.
-Bueno.
-¿Qué, lo piensas?
-No exactamente.
-¿Entonces?
-Creo que el simple hecho de que le pongas palabras ya habla de por sí.
-¡Anda no me jodas!

He conducido a casa riéndome. Somos un auténtico universo de personas interactuando. No sabemos ni la mitad de la mitad de la vida de los demás y a pesar de ello, incluso, creemos saberlo todo. Llevo días soñando con gatos. Gatos que se asoman por la ventana, gatos que se esconden tras las puertas o bajo la cama, gatos que caminan hacia mí... Gatos y no tengo gato. Ni perro. Ni a mi pobre pez.

Tenía 20 años cuando escribí que si había que morir, deberíamos morir de amor. Aún no conocía a Camilo Sesto, (ja), en todos estos años, me mantengo en aquella febril conclusión. No me habían roto el corazón en tantísimos pedazos todavía, no sabía de la media, la mitad. Y hoy día, que sigo caminando con cuaderno de notas en mano, aprendiendo a cada rato, volvería a garabatear que si he de morir, quisiera que fuera de amor. Con tiempo o sin él. Mandando a la mierda todo, empezando de cero y reinventándome. No conozco sensación más pura que esa entrega inicial sin paracaídas, cuando dentro de ti mismo sientes que ya no hay vuelta atrás. Y es que el amor es un gran viaje, del que nunca hay que regresar igual.

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Feliz comienzo de diciembre, mes de hacer balance. ¡Uf! ¿Ha ido bien? ¿Mal? A mí me está costando lidiar con mi propio caos. Cuadrar agenda, llegar a todo lo que quiero hacer y, ¡oh, vaya! Tan solo me ha durado el vacío literario unas semanas, la mente, ¡esta puñetera mente! , ya está de nuevo hilando fino para que escriba algo nuevo. ¡Y aún ni siquiera he mostrado el segundo proyecto! Así que 2017, como si de un nuevo amor se tratara... ¡agárrate los machos, que voy! ¡Qué expresión más fea! ¿No?
Mañana cuando vea a Mr. Go le diré lo que pienso. Le diré que pienso que aún no se ha cruzado en su vida la persona que lo desequilibre, que yo sigo creyendo en eso. Que tengo la certeza de que esos encuentros suceden, explosiones de luz a escala celular, epidérmica. Que creo en el amor y en toda pérdida de tiempo si es por, para o haciendo el amor.

Quizá mañana Mr. Go me mire diferente.
Quizá Mr. Go crea que la loca soy yo.

Cantan los maravillosos Vetusta Morla. Fuego.

"Pero, ¿quién quiere guardarse si no existe enemigo?
Pero, ¿quién quiere ocultarse de lo desconocido?
Fuego, siempre alrededor
Fuego, alguien olvidó que el fuego
Que el fuego, lo guardo yo".
 ¡Aún sigo vivo! 
Me cuesta retomar el blog y al acabar cada entrada, me cuesta apartar los dedos del teclado.
Sed buenos, besos mil e infinitas locuras bellas. 

martes, 8 de noviembre de 2016

REPLANTEAMIENTOS

"Hace tiempo que descubrí que una mujer es muchas mujeres..." -Maite González Esnal
Viajes, frutas, barrios.
¿No os ha pasado alguna vez que os habéis descubierto a vosotros mismos contradiciendo vuestras propias creencias? ¿Disfrutando de algo que previamente habíais censurado? ¿Haciendo algo que siempre habíais dicho que jamás haríais?

"Donde dije digo digo Diego".

Creo que esta parte de la película la aprendemos tarde. Que nos educan para vivir estables en un mundo donde todas las figuritas deben permanecer igual en la estantería después de pasar el polvo y... claro, el día que una de ellas mira hacia la pared o se rompe, el pequeño micromundo de estabilidad, se tambalea.

Creo que el capítulo de cambiar la decoración lo aprendemos tarde también, como el de las rupturas, las pérdidas o lo poco importantes que son las figuritas en sí; porque lo verdaderamente importante es quién las puso ahí.

Los decorados cambian y nosotros, también. De a pocos, brusca, constantemente. Y nos convertimos en quienes dijimos que no seríamos jamás sin darnos cuenta y entonces entendemos a aquellos que fuimos y nos permitimos ser aquel en el que nos convertiremos. ¿Galimatías? Yo a día de hoy lo llamo evolución. Replanteamientos, ensayo y error. Comprobar en qué balda reposamos mejor, mirando hacia qué sol.

Estos días me estoy replanteando muchas cosas. Muchas. Demasiadas. La vida tiene un cariz tan intenso que no me permite relajarme. Al menos no me siento sola, sé que como yo hay muchos buscando dónde recolocarse, o valorando por qué es mejor este lugar o el otro. Es momento de preguntas, de espejos que devuelven respuestas que obligan a ponerse en movimiento. Veo el mundo tal y como está y no consigo quedarme quieta. "Las palabras se quedan cortas para decir todo lo que siento...". Sí, mi chiquilla también es lo más bonito del firmamento.

Si hace muchos años no hubiera encontrado respuestas en un libro a través de la voz de sus personajes, creo que jamás hubiera encontrado mi lugar en el mundo. Los libros me resituaron, me pusieron voz, decoraron mis espacios interiores. Llenaron de luz mi oscuridad y acunaron tanto las penas como las alegrías dando en la diana de mis emociones. Palabras que un día alguien necesitó escribir. Historias que muchos necesitaron contar y compartir.

En el 2009, cuando abrí mi primer blog, me convertí sin pretenderlo (y honestamente confieso que fue más una necesidad vital de escribir para mí misma) en el abrazo de mucha gente anónima que me leía desde diferentes lugares del planeta. En mis pensaderas de esta temporada está el motivo para que ahora no me entregue igual. ¿Miedos? ¿Vergüenzas? El anonimato era un lugar tan cómodo... Giré la figurita para ver el mundo y aún ando acostumbrándome a la luz. ¿Me daréis tiempo? No puedo dejar de replantearme volver.

Mr. Jones Country tiene tantas historias por contar...

En breve, exclusivas literarias que me alegran hasta el infinito. Talleres de escritura creativa con nuevas personitas, proyectos en colaboración con artistas que admiro, en marcha... ¿se puede uno quedar quieto realmente viendo la vida pasar? ¿Esperando a que alguien venga y lo sacuda con un trapo? Yo necesito movimiento, desempolvarme sola, replantearme, mirar al horizonte y ser yo la que sorprenda. "Soy el dueño de mis ruidos". Leo a la que fuera mi profesora, Maite González Esnal y la elegancia de sus letras me transporta. "Escribir es re-escribir, Itzi, no lo olvides". Y sonrío al imaginarme la cara que me pondrá cuando vea que le doy al botón de publicar con avidez, posiblemente habiendo dejado más de un cabo suelto en esta entrada. "Yo soy de otra generación, Itzi". ¿Qué hubiera sido de este mundo sin el don de la palabra?

Cuando Mundo Blog se hizo carne y hueso.
¿Conocéis a Gotan Project? Os dejo una de sus canciones que me transportan y me hacen sentir bien. "Vuelvo al Sur".
Y dice:
"Vuelvo al Sur como se vuelve siempre al amor. Vuelvo a vos, con mi deseo, con mi temor. Llevo el Sur como un destino del corazón. Te quiero, Sur".

Me chifla. Como la gente mediterránea a la que prontito visitaré y abrazaré, para volver a coincidir. Nos encontramos en las letras, nos leemos. Besos.


domingo, 25 de septiembre de 2016

Ódiame

Fotografía de Estitxu Ortolaiz

Él siempre sacaba la misma foto cuando paseaba. Nunca le pregunté por qué lo hacía. Me hacía gracia caminar a su lado y saber que iba a pararse, mirar hacia la montaña y tomar la imagen. Supuse que algún día me lo contaría. Todos estamos hechos de pequeñas manías.

Él decía que conmigo todo era muy sencillo. Que era divertida, que lo calmaba y que sobre todo, le permitía sentirse él mismo. Libre. Yo callaba. Sentía que muchas de esas frases no requieren de respuestas. Él afirmaba cosas que me conmovían. Pero tampoco se lo dije.

Él me deseaba como se desea una piedra preciosa, o un gran viaje, o... ese algo que cada cual puede desear mucho. Tampoco le dije que temía al deseo. Que el deseo es una ilusión que de no alimentarse se funde, como una bombilla tras el resplandor.

Anoche me escribió. Eran las cinco de la mañana cuando recibí su mensaje:
-¿Duermes?
-...
-¿Te he despertado?
-...
-Bueno, solo quería decirte que sigo pensando en ti.

Me revolví en la cama no sin antes estampar el teléfono contra la pared. Solo tardé dos minutos más en levantarme, reiniciarlo y responder.
-¿Sigues pensando en mí a las cinco de la mañana?
-Perdona, no me atrevía a escribirte antes.
-Si lo haces a las diez quizá podamos charlar un rato. Ahora no tengo nada que decirte. Buenas noches.
-He sido muy torpe otra vez.
-...
-¿Sigues ahí?

Cuando le conocí me pareció un hombre que sabía lo que quería. Al menos, conmigo. La vida ya es demasiado compleja como para saber hacia dónde tirar. No obstante, él tenía muy claro el rumbo conmigo, el problema es que yo nunca lo supe. O lo interpreté mal, o a mi manera. Cuanto más me quiso, peor me cuidó. Y cuando más me necesitó, más sucumbí yo a un papel que no me correspondía.
-¿Puedo ir a verte?
Remoloneaba, me miraba en el espejo, me daba cabezazos contra la pared preguntándome por qué continuaba con aquello y finalmente decía:
-Bien.

Después todo era muy predecible. Junto con la ropa también me desvestía del corazón y cuando tras un par de horas de sudores varios se iba, procuraba olvidarme de reponer mi órgano fundamental. Porque sabía que la talla de mi alma había cambiado, que apretaría, que me ahogaría. Esto, él tampoco lo supo.

Siempre he pensado que debió imaginarlo. Que debía intuir el estado en el que me dejaba después de cada encuentro. Pero cuando al cabo de unas semanas e incluso meses, regresaba como si todavía fuéramos dos desconocidos tratando de descubrirse, con mi ropa, ya mi corazón no se caía. Me había vuelto tan de piedra que ni podía con él.

-Estoy seguro de que me odias.
-No.
-Sé que esto es una mierda, es poco, es insuficiente, es... Venga, por favor, dime que me odias.

Continuamos durante un tiempo siendo mucho peor que dos desconocidos. Librando batallas que a día de hoy me parecen ilógicas tan solo por no soltarnos, por no hacernos más daño, por no ser francos el uno con el otro. La última vez que nos vimos, él llevaba a su hijo al colegio. Como cada día, paré en el "stop" mientras los veía entrar en el edificio. Tenía tutoría, llegué un poco más tarde. Nos estrechamos la mano y ella empezó a formularme preguntas sobre el niño como si las llevara todas apuntadas en una libreta. Yo me concentraba en la respiración mientras él miraba al suelo.

-Por último, quería preguntarle una cosa. No sé cómo darle la noticia de que va a tener un hermanito.
-¿Sí? -exclamé de repente, sorprendiéndoles a ambos-. Vaya, felicidades.
-Gracias -dijo ella emocionada poniendo la mano sobre la rodilla de él.
Parecía ridículo sentado en una silla de primaria, haciéndose por segundos más y más pequeño ante mí. Me envió un mensaje al salir que decía "lo siento". ¿Lo sientes? Tampoco respondí.

-¿Sigues ahí? Entiendo que no quieras ni verme. Que me odies. Yo...

Mientras veía cómo en la pantalla ponía "escribiendo", le respondí. Hablé con sinceridad por primera vez en muchos meses. Su mensaje no me llegó, porque paró en seco cuando las dos flechas se tornaron azules y leyó mi texto.
-No te equivoques, me odio a mí misma.

Nunca he sabido si siguió sacando fotos al mismo lugar.

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Esta tarde una mujer en silla de ruedas me ha pedido que la ayudara. Había empezado a llover, iba en tirantes y me ha pedido si podía sacarle de la mochila un jersey.
-¿Lo tienes aquí?
-Sí.
Al sacarlo, me he dado cuenta de que pesaba un poco. Llevaba la alarma que suelen poner a las prendas en las tiendas.
-Esto... quizá deberías quitar esto de aquí.
Me ha mirado un par de segundos antes de responder mientras accedía a que le pusiera la chaqueta.
-Sí, algún día me pasaré para no tener problemas.
Cuando ha seguido su camino, no he podido dejar de pensar en las múltiples circunstancias que hacían que ella siguiera llevando la alarma puesta. Ninguna ha sido buena.

Al igual que ninguna es buena para justificar el odio, ni el rencor. Conozco personas maravillosas que se odian a sí mismas por haberse dejado herir. Por haber confiado, por haber dañado a quienes querían. Creo que es muy triste cargar con esa culpa, atacarse a uno mismo cuando en el peor momento es cuando más necesitas abrazarte. Y no digo que te abracen, digo que te abraces tú. Que te aceptes, que te permitas tus errores, tus aciertos, tus meteduras de pata y todas esas alarmas que no sonaron cuando abandonaste algún lugar. Lo que nos llevamos de bueno es aquello que seguirá abrigándonos cuando llueva, cuando llores. Porque somos la suma de alarmas que sonaron y no quisimos escuchar en determinados momentos. El libre albedrío consiste en elegir y ser consciente de las consecuencias de cada elección.

El mundo está muy revuelto esta temporada, no os agobiéis. Son sólo alarmas que suenan, como despertadores. Después, te levantas y continuas. Siempre es igual.

Sed buenos, gracias por leerme  y escuchad esta canción. Hoy me ha dado por buscar un tema que tenga tanta fuerza que digas ¡sí! Los Black Sabbath a los que debo muchas más escuchas. Y el Ódiame de Bunbury, que nunca me deja indiferente.

"ódiame por piedad yo te lo pido 
ódiame sin medida ni clemencia 
odio quiero mas que indiferencia porque 
el rencor quiere menos que el olvido"
Nos leemos, besos mil en este septiembre de tantos proyectos en marcha.
¡Ah! La imagen, otra de Estitxu. Conecto con su sensibilidad. ¿Por qué esta? Por lo que os sugiera. A mí me dice tantas cosas...

Muaks!