miércoles, 20 de septiembre de 2017

Equilibrios

"La vida es como montar en bicicleta,
si quieres mantener el equilibrio,
tienes que seguir avanzando".
Marco nació bajo la carpa del circo. Llegó al mundo mientras su padre retaba a la gravedad y un león rugía desde su jaula. Todos festejaron orgullosos su llegada. Era la quinta generación de equilibristas que veía crecer el Circo del Alma. Así que como no le quedó otra desde pequeño, aprendió el oficio de su familia: la cuerda floja. Él hubiera preferido ser trapecista y así, poder tener entre sus brazos aunque tan solo fuera durante un breve ejercicio, a Linda, pero sus deseos nunca se vieron satisfechos. A él le tocaba caminar solo sobre el alambre. 
Era un espectáculo que helaba la sangre del espectador.

Marco rehusó las sujeciones fantasma, como había hecho su abuelo, y asumía, con el coraje de quien se rinde a su destino, que cada vez que subía la escalinata, podía ser la última vez. Mientras ascendía tenía la mente en blanco. Al llegar arriba y ver cómo el foco central lo iluminaba, respiraba hondo, y se dejaba envolver por el silencio abrumador que envolvía la carpa.

-¿No tienes miedo? -le preguntaban muchas veces.
-Sí -respondía él sin dudarlo.
Todos se sorprendían de su respuesta, no esperaban que alguien como él lo tuviera.
-Tener miedo no me hace más débil -le explicó una noche tras su actuación a un joven que le esperaba para felicitarlo, admirado.
-Pero, ¿y si se cae? ¿No piensa en que puede morir?
-Tú también puedes morir, muchacho.
-Pero...
-No, chaval. Mis miedos no son tus mismos miedos.
-¡Tú eres "El Gran Marco"!
-Y "El Gran Marco" solo es un hombre que sabe caminar sobre un alambre a 30 metros del suelo. El equilibrio lo es todo, chico -añadió, antes de despedirse.

El joven se fue entusiasmado por haber intercambiado unas frases con su ídolo y Marco entró en su caravana cabizbajo, porque aunque la función había sido un éxito, su balanza no estaba equilibrada. Faltaba ella. Como si de un magnífico truco de magia se tratara, había desaparecido de repente. Ahora sí y ahora ya no. Ningún espectador había percibido la duda en sus pasos esa noche y él, sin embargo, había marcado cada uno sintiendo que le faltaba algo, que el alambre estaba incompleto. Ella había dicho que volvería, pero no volvió. Ella había dicho que lo quería, pero mintió.

Se afanó por olvidarla y seguir dando lo mejor de sí, pero no encontraba el centro. El director del circo le llamó la atención por la poca precisión que empezaba a tener en escena y semana a semana fueron bajando metros, hasta hacerlo caminar casi por el suelo.

-¡Gran Marco! -le gritaron tras la función.
A pesar de que no tenía ganas de hablar con nadie, reconoció la voz.
-¿Tú otra vez?
-Me dijeron que ya no subías hasta lo alto, no me lo podía creer. ¿Entonces? ¿Vas a dejar el Circo? ¿Te has cansado?
-No -dijo reparando en el peso de sus palabras-, he perdido la alegría.

Marco se dio cuenta de que el joven no había entendido nada y él, de repente, había comprendido todo. Uno no es solo la suma de quien es y quien ha sido, sino que también es la suma de quienes ha conocido y ha querido. Incluso es la ecuación resultante de cada desastre. Y él, afanado en ser siempre el mejor, había dejado escapar a la mujer que supo despejar sus equis, solo porque esa nueva sensación le hacía titubear.

-Tengo vértigo -había dicho ella.
Y él no había sabido qué contestar.

Esa noche supo que si la distancia entre dos cuerpos se mide en miedos, quizá aún hubiera una oportunidad. Así que cogió su pequeña maleta y abandonó el Circo del Alma sin hacer ruido, mientras un león que ya no era ni fiero ni prácticamente león, rugió con envidia a su paso: "al menos eres libre para marchar"

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Escribí este relato hace casi un año y lo tenía entre borradores. Ahora al releerlo me han dado ganas de compartirlo, quizá porque tras la experiencia de este fin de semana en Hondarribia en el Encuentro de Blogueros en Acción, una pequeña parte de mí se ha despertado.

Y es que una escribe para contar historias y para compartirlas. Hay que olvidarse del alcance que puedan llegar a tener y volver al epicentro, a ese punto de equilibrio con uno mismo y escribir por el mero placer de hacerlo. Mi vieja guardia bloguera sigue escribiendo. Unos por aquí, otros desde diferentes cuentas, pero el caso es que todos seguimos sintiendo esa necesidad de poner palabras a la vida y a las sensaciones.

He conocido gente maravillosa estos días. Generosos, altruístas, soñadores, y sobre todo, luchadores. Su nivel de energía es elevadísimo. Me ha costado reubicarme (y me sigue costando), en este día a día donde priman las prisas y fallan las formas. He aprendido mucho. Muchísimo. Me he sentido como el Gran Marco, buscando mi equilibrio. Y en esas ando, tratando de encontrarlo, drenando ideas y compartiendo sentimientos, porque al final, solo cada uno de nosotros sabe cómo desenvolverse en su propio circo personal y qué necesita para ofrecer cada día, la mejor función posible.

Llevo tres días con esta canción en la cabeza. "Cuarteles de Invierno" de Vetusta Morla

"Fue tan largo el duelo que al final, casi lo confundo con mi hogar"

Sed buenos. Hacía mucho que no publicaba nada. ¡Perdón! Estaba acabando la que será mi segunda novela. ¡Sí, sí! Prontito verá la luz, muy muy pronto. ¡No me lo creo ni yo! Estoy deseando tenerla entre las manos, hablaros del título, de la historia y que la leáis. Veremos hacia donde nos llevan los vientos. Entre tanto, relatos y besos, siempre besos.

¡Nos leemos! 

martes, 11 de julio de 2017

Comerte la boca

De la red. 


No es lo mismo besar que comer la boca.

La boca se come a quien tiene hambre de ti. No es un beso casto y dulce, aunque puede contener trazas de dulzura. Ese primer contacto es un abordaje directo de deseo a incertidumbre, quizá ganas también; no obstante, el valiente es quien se lanza y con sus labios sella su intención

No es lo mismo besar que comer la boca. Ni por asomo, porque desde ese preciso instante en que las bocas se abren, comienza el capítulo 2. 
Y ya no hay vuelta atrás. 


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Capítulo 1.

Aquella noche ella no esperaba nada de la vida, estaba desencantada y quizá esa torpe frustración le hizo ser tan auténtica como nunca antes se había permitido ser. Cuando él llegó, se miraron, los presentaron y tras un par de copas, charlaron con la confianza que da el alcohol y el coincidir con alguien en iguales circunstancias. Era obvio que se atraían, que esa primera mirada había sido una descarga de adrenalina, pero no lo comentaron. A veces no hace falta comentar las evidencias. Tras la cena, cada uno volvió a su casa, pensándose, el encuentro había calado.
En el camino, se cruzaron con pandillas de adolescentes ebrios que se magreaban y besaban en mitad de la calle y continuaban bebiendo entre saliva y saliva, para no perder el hilo, el punto.

Besos que no trascenderían, besos nocturnos. 
Besos ansiosos por continuar el proceso del beso hasta llegar al sexo. 
Besos vacíos, besos huecos. 
Besos necesarios para descartarlos después. 
Tan solo besos.

Ambos, sin ver al otro, movieron las cabezas. ¡Qué poco valor se le otorgaba ya al besar! Un poco más adelante, cerca de casa de él, un grupo de chicas en posturas imposibles invertían la noche del sábado en sacarse fotos que post-retoque, publicarían alardeando la magia de una velada única. Ella, a su vez, antes de entrar al portal, observó a una pareja sentada en un banco que, para su decepción, en vez de estar hablando, consultaba la sección de noticias de sus respectivas redes sociales.
"¿Qué estarán pensando ahora mismo las estrellas?" , se dijo.

Antes de apagar la luz, se pensaron. Con los días, también.

Un par de meses después, ella salió con unas amigas a charlar. Sí, se habían hecho mayores. Ya no salían a ligar, ni a publicar sus hazañas. Ya no necesitaban poner "bote" y comprar "litros", ahora bebían cocktails, fumaban e incluso alguna estaba a dieta y cada una además de hijos, tenía varias cicatrices en su haber, de corazones rotos y recompuestos, de piezas de una misma que nunca vuelven a ajustar en el mismo lugar.

A él le habían invitado a participar en un evento. Iba bien escoltado, con sus dos amigos de siempre. Contentos, alegres por tener un hueco en sus apretadas agendas y poder disfrutarse, recuperando la camaradería y la sencillez que la madurez te obliga a perder.

Entraron en el mismo bar donde ella charlaba con sus amigas. Al reconocerse se sonrieron. Giraron la cabeza para atender a sus respectivos grupos y a los pocos segundos sus miradas se encontraron de nuevo. Ella bajó la cabeza azorada y él sonrió para sí. Serendipia. Parecía la noche perfecta.

Al cabo de un buen rato de miradas furtivas, ella fue sola a pedir a la barra. Él dejó a medias la conversación para seguirla. Incluso la música del local pareció acallarse para escucharlos. El mundo giraba y solo permanecían sus ojos inmóviles, sus cuerpos, su atracción. Campo magnético de deseo e intriga.

-He venido a comerte la boca.
-¿Perdona?

Y la besó con todo. Con la pasión y las ganas del "quiero y puedo" y el coraje del "de aquí no me muevo". Fue un beso largo e intenso, húmedo, erótico y tierno. Fue un beso de giros a izquierda y derecha, de lenguas y dientes, de manos en la nuca y "abrázame que no me caiga".
Durante el tiempo que duró el beso no había pensamientos, no existía el "luego" ni el "ayer".

Capítulo 2.

-¿Cómo sabías que no me apartaría?
-Supongo que he sabido leer entre líneas. Ya no somos unos niños. Tú jamás te hubieras atrevido a darme un beso así.
-Voy a confesar que es cierto -dijo ella aún con el corazón al galope-; nunca te hubiera besado así. Te habría comido la boca, también.
-Hice bien en esperar.
-Podrías haberme besado la primera noche. Hubiera quedado ahí. Un beso. Una charla. Quizá nos hubiésemos dado el teléfono, hubiéramos chateado y... nada más. O sí. Sexo, pero nada más. Vacío. Adiós. En cambio... cuando quieres comerle la boca a alguien, así como lo acabas de hacer, en ese beso imprimes todas y cada una de tus preguntas, y todas y cada una de tus verdades.
-Touché. Entiendo entonces... que ahora podremos tomarnos algo juntos, ¿no? Me llamo...
-Aún no, ahora me toca a mí.

Sus respectivos amigos ya se habían ido del garito cuando dieron las luces y la madrugada los encontró abrazados, separados por el aliento necesario para respirar.

-Ten en cuenta que respirando se nos pierden besos.
-Menos mal que la boca no solo está para hablar.

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 Ayer vi a varias parejas besarse. Sí, se besaban. En la mejilla como saludo, en los labios también como saludo, y con babas como buen adolescente movido por las hormonas. Cada beso transmitía algo y sin embargo, sentí que a todos les faltaba la pasión de ese "comerte la boca". Esas ganas locas de perderte en otra boca y detener el mundo, relajarte al tiempo que te excitas o te emocionas, porque ojo, no todo beso acaba en cama, ¡y suerte! , porque entonces también el sexo acabaría perdiendo la gracia de descubrirse en cada tacto y caricia.

Aunque a día de hoy las miradas están pegadas a las pantallas y no a otros ojos que nos miran. Bécquer se quedaría ciego buscando pupilas azules que se clavaran en las suyas.
Se pierden miradas que acercarían besos y almas.
(No acabo de entender qué buscamos dentro del móvil que no haya ahí fuera).

Mi capítulo 2 tras un beso de esos fueron preguntas, respuestas, abrazos y la luna.
Creo que le caímos bien. Que le gustó que hubiera pasado el tiempo, que no fuera un calentón típico de cualquier noche que acaba con un despertar atípico con ganas de huir y puerta. Le gustó que fuera un beso con alma, no solo beso de piel. Un beso de los que no se olvidan, beso de los de "un antes y un después". De haber podido imitarlo, la luna hubiera comido la boca al sol. ;)

Temazos, hoy dos, va, que os tenía abandonados.
"Un beso de esos" de Zenet con este vídeo que me maravilla.

"Un beso de esos que luego te marcan"

"Toda la vida" de Fuel Fandango. Un grupazo que se escucha a bocados.

"Tengo los pies en el cielo, el corazón vuela alto también"

Sed buenos. ¿Os acordáis de ese bocado de realidad que os dieron? ¿Fantasía, realidad? Ay... que hay que comerse a besos, (venga, va, Rozalén y su "comiéndote a besos" no podía faltar). Si es que...

"Quien siguió la consiguió y esta historia comenzó a brillar"


¡Ya es verano!
Disfrutad del sol y poneos gafas para protegeros la mirada de los rayos, pero JAMÁS DE LA VIDA. Requetemuaks! ¡Nos leemos! Y ya sabéis, si os gusta, comentad, compartid, y esas cositas. Hagamos cadenas de cosas bellas. Muaks!






viernes, 9 de junio de 2017

Alboradas

Hay que pasar a la acción. Siempre. "Alboradas" del DV hoy 09.06.17.
¡Publicado! Así amanecemos hoy, con la confirmación de que El Diario Vasco ha publicado mi carta en la sección "Alboradas". Y es que mi pequeña o gran conciencia social no me permitía quedarme callada con el tema del reciclaje de las jeringuillas.
Desde la cordura, la reflexión y con una exposición clara de la situación, espero que Osakidetza y la Mancomunidad de Servicios del Txingudi tomen nota y hagan algo para evitar riesgos a los ciudadanos.
Nunca me he considerado ni polémica, ni beligerante, y de hecho con esta carta no pretendo levantar ampollas, sino sacar a la luz un despropósito que no entiendo a qué se debe y proponer que se encuentre una solución.
Básicamente, unos contenedores en los centros de salud. Y empatía. Y que la gente piense un poco en el vecino antes de tirar a la basura sus jeringuillas, que no estamos solos en este mundo loco...
Si queréis leer el artículo en papel, en el DV edición Irún.
Y si no, aquí debajo.
En este tiempo en que he estado informándome sobre el tema del reciclaje, preguntando a diestro y siniestro, me ha sorprendido que más del 70% de las personas ni siquiera se han planteado que desechar las jeringuillas directamente en la basura puede generar un riesgo. Si con esta carta consigo que quienes mandan pongan los contenedores de residuos sanitarios donde corresponde o nos aseguren su correcto reciclaje modificando la normativa o, si logro que una sola personita se lo piense dos veces antes de tirar sus jeringas a la basura común, me doy por satisfecha. No podemos ir por la vida como si la vida no tuviera nada que ver con nosotros. En la medida en que podamos ayudar o contribuir a que las cosas vayan mejor, tenemos que hacerlo. 
Brother Jones me ha dicho hace un rato: "es tu causa, todos tenemos una". Y me he quedado pensando en que no se trata de causas sino de pasar a la acción positiva. Si solo me hubiera dedicado a poner a parir a unos y otros, no hubiera aprendido nada, ni tampoco podría haber contribuido de ninguna forma a hacer de este loco mundo un lugar más ético. 

Os dejo el artículo, y mis mejores deseos para que tengáis un maravilloso fin de semana, ¡que ya es viernes! 
Y una canción, no penséis que me olvido. Macaco, Madre Tierra. Es perfecta. ¡Grande, Macaco!

"No se trata de romper ventanas, 

ni farolas ni de cara, 
mejor romper conciencias equivocadas... 
Nadie nos enseñó ni a ti ni a mi, 
nadie nos explicó ni a ti ni a mí; 
mejor aprender, que corra la voz y quizás conseguir..."


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OSAKIDETZA, LA MANCOMUNIDAD DEL TXINGUDI Y EL SENTIDO COMÚN

            Hace un par de meses pasé por quirófano y las instrucciones sobre cómo reciclar la Heparina en Osakidetza fueron muy claras: “metes las jeringuillas en un bote de cristal y las llevas al acabar el tratamiento a la farmacia o a tu ambulatorio más cercano”. En el prospecto también aparece por escrito.  Mi sorpresa llega cuando en la farmacia me dicen que no las recogen desde hace años y en el ambulatorio, ¡que tampoco! Instándome a tirarlas a la basura.

             ¿A la basura? ¿Cómo voy a tirarlas a la basura?.¿Y si resulta que alguien se contamina con ellas? ¡Los trabajadores de la limpieza sin ir más lejos! ¡O algún animal¡ ¡O algún niño! Pero es que además… ¿no se supone que estamos constantemente preocupándonos por el medio ambiente? ¿O sea, tengo que separar cartón y plástico, pero las jeringuillas que pueden estar infectadas -de “vete tú a saber qué”- no? ¿Un lugar con contenedores de residuos sanitarios no los acepta en base a…? ¿Qué?

            Puse una queja en el ambulatorio de Dunboa y recibí una llamada desde la misma centralita donde me confirmaron que la normativa desde hace unos años entre Osakidetza y la Mancomunidad del Txingudi es “no recoger residuos procedentes de los domicilios”. ¿Perdón? No me dieron más información. Me dejaron con la boca aún más abierta. Según la ley sobre residuos de tipo III, es obligatoria su recogida. 

            Y aquí sigo, alucinada a más no poder porque me parece un sinsentido que un ambulatorio con contenedores específicos para ello no lo haga, y sorprendida de que la Mancomunidad proponga esta normativa y acepte que sus empleados puedan correr esos riesgos en la recogida de basuras cada día.

¿Podría alguien poner los puntos sobre las íes en este tema? ¿O lo del medio ambiente solo es para llenarnos la boca sobre nuestra conciencia ecológica al igual que el tema de los riesgos laborales? Porque desechar las jeringuillas usadas en las papeleras, para mí y para cualquier hijo de vecino con dos dedos de frente no es ni ético, ni cívico, ni ecológico. Es una atrocidad que pone en riesgo, innecesariamente, la salud del resto de ciudadanos. Ojalá pueda alguien hacer algo al respecto. Expuesto queda. Gracias. 

ITZIAR SISTIAGA 
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viernes, 12 de mayo de 2017

Imagen

"Nuestro carácter es el resultado de nuestra conducta". -Aristóteles-
Fotografía: Estitxu Ortolaiz
Es curioso esto de la imagen. La que damos y la que sentimos que damos y sobre todo, la que los demás perciben de ti. Y digo curioso porque si la gente fuera 100% honesta quizá no nos abrumarían con el asfixiante "¿qué dirán?", y aún mejor, dejaría de importarnos lo que piensen de nosotros Fulanito y Menganito. 

Hay gente a la que nunca le ha afectado, que ha sabido avanzar sin la presión social y, a decir verdad, a día de hoy con la perspectiva que da la madurez, les envidio. Sanamente. Porque olé ellos por haber vivido hasta hoy como les ha dado la real gana sin tener que vivir esperando contentar a todos. Olé ellos y sus decisiones erróneas y acertadas. Olé ellos y su honestidad vital; olé ellos y su autoestima. Y olé ellos y su capacidad para aceptar que uno puede cometer errores, pero que no eres el error y que la culpa no existe, por muchas etiquetas que sobre tu espalda intenten ponerte.

Hoy he salido a pasear por mi city, con mi muleta y mi nuevo ritmo, al tran-trán, y he tenido una mañana de locos. Mr. Jones Country no dejará nunca de sorprenderme cuando sale el sol: parece que se activa la vida y la alegría de la gente. Será también que es primavera... no lo sé. El caso es que he dado el paseo como si fuera jugando a la oca, de una a otra casilla enlazando compañías y charlas agradables, risas, gente bonita que me ha dado ánimos, apoyo y confesiones con sabor a café. Una mañana de esas que te hacen sentir conectada con la vida y el mundo. Una mañana en la que sientes que tu camino ha sido hasta la fecha un gran camino, porque ¡oye, tienes un mundo de personas distintas con quienes hablar! Nada de conversaciones banales, nada de superficialidad: te saben y les sabes. Una imagen transparente y real. 

Y de repente, cruzas una esquina y una calle estrecha se convierte en un túnel. Frente a ti una persona que no se alegra de verte, es más, alguien que desearía que fueras invisible e incluso, que no existieras. "Lady, sigue adelante y saluda. Aunque no te respondan. No tienes nada que demostrar", te repites. Y mi discurso mental se ha quedado en mental porque a falta de diez metros para pasar el uno al lado del otro, él ha preferido cambiarse de acera. Curioso. 

No diré que no he estado un buen rato con runrún, ¿para qué mentir? ¿Cómo llega alguien a quitarse de tu camino de esa forma solo por evitar un saludo? Ese gesto, ¿qué habla más, de ti o de mí? 

Durante mucho tiempo, tuve miedo de expresar lo que sentía. Un bloqueo emocional en toda regla. El mundo había dejado de ser un lugar donde sentirme segura para zarandearme de la forma más cruel que podía imaginar. Después se estabilizó, o quizá yo aprendí a moverme bien con turbulencias. No rompí las reglas cuando era joven porque no tenía capacidad ni confianza suficiente para hacerlo. No sabía salir del camino marcado, no creía en mí. Me habían educado para ser alguien que no sentía. Me costó mucho asomarme al mundo de verdad. Y cuando digo mucho, es muchísimo. Quizá porque sacar la patita implicaba romper compromisos y empezar de cero y por desgracia, en esta vida, hay mucha gente que opina que salirte de lo preestablecido tiene que suponerte algún tipo de castigo, merecido. Cada día tengo más claro que existen dos mundos: el de los que te juzgan y el de los que te allanan el camino. 

En esta jodida vida, siempre hay personas que entran y salen de ella. Es ley de vida. Ciclos. El mismo día que alguien me evita, cae de un libro prestado una vieja carta de amor. El mismo día que alguien me rehuye, recibo un abrazo inesperado veinte metros después. No, no podemos pensar en lo que los demás nos hacen porque imagino que ellos andan lidiando con sus propios fantasmas. Supongo que tengo que rescatar mi capacidad para no haber sido yo la que ha cruzado la calzada. La que prefería seguir hacia adelante, porque por suerte, ya no tengo que huir de nada ni de nadie, aunque esta nueva yo a algunas personas les desconcierte o no les guste. Yo no supe romper las reglas cuando era más joven ni tampoco hay por qué romperlas, pero quizá, si sientes que tu mundo se te queda pequeño, es porque puedes construir uno mejor y más a tu medida, donde la imagen que das y la que muestras son mucho más acordes a quien eres y a cómo te perciben. Sintonía. Ajustar los canales y conectar. El resto son interferencias y bueno, no está mal saber que existen, pero ¡ojo! tan solo para recordar, RECORDAR, que la vida es larga y cuál es la senda que nunca has de volver a pisar. Machado dixit. 

Quereos mucho, con todo. Con las luces y las sombras que nos conforman. Con la audacia y la cobardía, con el miedo y el valor, con la risa y el llanto, con la verdad y la franqueza de reconoceros en el espejo y ese objetivo que os apunta y dispara. Porque vida, solo hay una. No hay una prueba y luego ya... ¡la vida! Es ahora o nunca. Eres tú o la versión que el mundo espera de ti. Quienes de verdad os quieran estarán a pesar de todo, incluso del tiempo que haga que no compartís un café. 

A veces la imagen que damos solo es una pequeña distorsión, nada real, porque no olvidéis que la gente nos mira según se ve. Así que lo importante es rodearse de gente bonita que lucha por ser cada día un poco mejor, no hay espejo más honesto que el del verdadero amor. 

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Siempre que pasa mucho tiempo entre entrada y entrada me siento oxidada y sin embargo, la sensación de liberación es total. Podría haber escrito una historia de ficción, inventar a María y a Pepe y ponerles a hacer el amor o a discutir, pero ¿sabéis? Creo que la forma de conectar sigue siendo un de tú a tú, con estas experiencias vitales que, por suerte, tengo facilidad para compartir sin drama, porque la vida... ¡ay, la vida es un carnaval!

Tema, temita, tema... "El pensamiento circular", de Iván Ferreiro. No puedo sacármelo de la cabeza. Me parece sencillamente espectacular. Max mix primaveral. Que os guste.
Y la foto, la mirada bella de mi admirada fotógrafa Estitxu Ortolaiz. ¡Gracias, guapa!


"Hay veces, no muchas ni tampoco pocas, 
que pienso en ti. 

Hay algo retorcido desde esta alegre impunidad. 
Hay noches, proclives a las averías, 
que pienso en ti. 

El pensamiento circular con la cabeza vacía. 
Hay noches que todo es una porquería 
y pienso en ti. 

En el deseo, en la bendita oscuridad 
hay veces, no muchas ni tampoco pocas, 
que pienso en ti". 



¡Nos leemos!
Lady.


martes, 28 de febrero de 2017

Banquillo

Artista: Tomek Setowski
Hoy me he acordado de una anécdota de mi época basketera. Era una pipiola, 20 añitos recién cumplidos y por suerte, mucho basket en el cuerpo. Me fichó un equipo mejor, me habían prometido minutos, a mí, que hasta ese momento era parte del quinteto inicial en el club de mi corazón. Pero no fue así: vi pasar la temporada desde el banquillo. El entrenador no confiaba en mí. A mí, que me jugaba no sé cuántos balones en cada partido y tenía una estadística buenísima, en un entrenamiento, me dijo:
-Tú no estás aquí para tirar, tú tienes que pegarte con las demás. Eso es lo que tienes que hacer. Pegarte y coger rebotes.
Cada partido, cuando salía a pista, si veía clara la opción de tiro, doblada el balón o, presa de los nervios por lo que sucedería si encaraba el aro, perdía la bola.

Ir a entrenar se convirtió en un suplicio, en un auténtico Everest emocional, porque si bien en los entrenamientos hacía grandes cosas, sabía que en los partidos, lo tenía vetado. Hasta que me pregunté a mí misma qué pasaría si lo intentaba. Total, el banquillo lo tenía asegurado. Así que cuando me sacaron para que las otras pivots descansaran, yo empecé a jugármelas de nuevo. Y no de cualquier manera, no. Volví a la linea de tres. Siempre se me había dado bien.
Hoy he recordado ese tiro en el que me gritaron desde el banquillo: "¡No!" Y he recordado la ovación del público y la alegría de algunas de mis compañeras cuando la bola entró en la canasta, porque otras, también me repitieron la retahíla de "aquí tiro yo".

Poco a poco me fueron sacando más. Era osada y por suerte, había perdido el miedo al banquillo. Quizá, porque me había dado cuenta de que para mí el basket era pura diversión y si perdía la alegría por jugar, me perdía a mí misma.

Y así es un poco la vida. ¿No creéis? ¿No os dais cuenta de la cantidad de veces que sacrificamos nuestra alegría por mantenernos bajo el mandato de alguien que no confía en nosotros por equis motivos? ¿No os parece que nos pasamos la vida intentando mantener las formas en este mundo de normas absurdas donde no cabemos ni con calzador? Quizá toca replantearse, dejar de creer en lo que siempre has escuchado y lanzar ese tiro a la vida, porque como en los partidos, alguien pitará el final. No lo escucharemos, pero sonará. Y cuando queramos darnos cuenta, ya no tendremos tiempo de protestar ni aplaudir. Ya no seremos jugadores ni de banquillo ni de cancha. Solo seremos polvo. Y recuerdos, tal vez. Tal vez un buen tiro, un buen beso, un buen amor.

Hace no mucho tiempo, coincidí con ese entrenador. Me confesó que le había dolido mi marcha, que esperaba que hubiera aguantado un poco más.
-¿Para qué? -le pregunté.
-Hubiera llegado tu momento.
No respondí. ¿Acaso tenía algo que demostrar?

A cada uno nos mueven hilos muy distintos, nos excitan y nos emocionan cosas completamente distintas. Cada uno luchamos una batalla diferente a la del vecino. ¿Por qué hacerlo igual? ¿Por qué aguantar cuando sabes que no encajas?

No me gustan los días en los que tengo ganas de meterme a la cama para apagar. Días en los que la energía buena se diluye tratando simplemente de mantener el tipo ante los acontecimientos. Sí, sería más fácil acatar las órdenes y permanecer en el banquillo de la vida postrándome ante quienes quieren hacer de mí alguien que no soy. Pero no. Va a ser que no nací para estarme quieta, ni someterme a leyes injustas o malos humores. Va a ser que no voy a responder con la misma moneda que usa el resto. Que quizá a una le toque estar más sola, y sentirse más perdida, si cabe, por ser honesta consigo misma.
Podría entrar en ese juego de malas caras, reproches, excesos e hipocresías varias, pero con esos aires estoy segura de que no encestaría jamás. Porque la vida es una cancha de basket. Y cuando juegas, juegas. Cada acción necesita de técnica, por supuesto, pero cada segundo, sobre todo, necesita corazón. Hoy ha sido un día malo.

No dejéis que nadie os diga lo que podéis hacer o no. No dejéis que nadie os pise los sueños. Y si lo hacen, dormid, seguid durmiendo y al despertar, cambiad el rumbo. Quizá nos equivocamos de cancha y toca empezar otro partido.

¿Sabéis? Al tiempo, fiché por otro equipo aún mejor. Me ficharon con una de esas cláusulas que parecen de traca, promediar un mínimo de 14 puntos por partido. En ningún momento nadie me dijo que no podía. Al revés, me dijeron "como mínimo". Otro día os podría hablar de la presión... La vida del deportista no es tan sencilla como parece. Y sin embargo la echo tanto de menos...

Os dejo un beso. O dos.
Hoy me ha salido una de esas entradas diario que pienso, ¿y si algún día la lee mi hija? A saber...
Por ahora la podéis leer vosotros. Y comentar, o compartir. Estoy tan segura de que todos habéis tenido momentos de tener que sacar fuerzas de donde no las hay y fe de donde no se ve que, por mucho que algunos piensen que mostrar mi vulnerabilidad me hace una mujer débil, a mí me sirve para sentirme jugadora de equipo en este partido llamado Vida. ¿Me la pasas?

Temazo hoy de Amparanoia de mi corazón: La Fiesta. Y estas bellas imágenes de Tomek Setowski. Me chifla este autor. Os animo a curiosearlo.

"...para las mujeres sensibles 

no hay mision imposible 
prohibido instalarse 
prohibido aparcarse 
prohibido abusar



Seguiré caminando 

seguiré esperando, aunque me duela, amor. 
Algo que hacer, alguien a quien amar,
con quien contar y algo de esperanza. 
Seguiré caminando, seguiré soñando 
aunque me duela..."


Sed buenos.