miércoles, 20 de julio de 2016

Expresionistas del día a día

El grito - Munch
A primera hora de la mañana he leído un tuit de esos que me han dejado pensando:
"Fuerte es quien llora a escondidas y ríe en público". 

¡Uff! Mira que es una frase sencilla y mira que me ha hecho pensar. ¿En serio? ¿En la hipocresía de reír cuando uno llora radica la fortaleza de uno? Quizá debieran haber escrito que uno es valiente, o corajudo o... ¿humano?

¿Por qué está tan mal visto llorar en público? ¿No es natural? Dejamos para la recámara muchas de las emociones más normales y universales y vamos por la vida con la máscara de superhéroes y de pestañas haciendo ver que nunca pasa nada, cuando a veces, por circunstancias "equis", nos pasa de todo.

Siempre he envidiado a quienes caminan como si no se mojaran con la lluvia. ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo pueden usar ese chubasquero emocional y dejar aparcados los problemas en el rincón? Muchas de esas personas me han respondido: "también soy humano, ¿eh? No creas, pero lo oculto".

Ocultar. ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Ante quién?
Creo que muchos de los momentos más de verdad de mi vida tenían lágrimas. Felices y amargas. Pero lágrimas. Mías y de otros. O nervios, o uñas mordidas, o inseguridades, o retos, miedo... Y gritos. Muchos gritos. De rabia, de frustración y también de placer.

Fuerte no significa disimular. Fuerte significa volver a intentarlo a pesar de todo.
Fuerte es llorar, y sucumbir.
Porque fuerte es quien con el corazón encogido afronta el nuevo día y sigue hacia adelante sin rendirse aunque tenga ganas de tirarse al suelo.
Fuerte es quien abre su corazón de nuevo aunque éste aún tenga reminiscencias de antiguas heridas.
Y es que fuerte debería ser sinónimo de valiente, y de humano. De ti y de mí.

No conozco a ningún valiente ileso.
No puedo empatizar con quienes no muestran jamás sus sentimientos y ocultan sus emociones. Sin embargo, tengo una afinidad especial con todas aquellas personas que, sencillamente, viven como sienten, y se comparten.
Espejos de la realidad que vivimos y que te hacen aprender con su honestidad.

Gente bonita que avanza, antes o después, pero que continúa: a veces, con el empuje de la risa y otras, con la fluidez que aporta el llanto.

¡Qué bueno poder compartirte y sentirte acogido por otro "fuerte"!
¡Qué bueno tener un espacio donde gritar al vacío!
¡Expresionistas del día a día! Tal cual.

Un beso, y una canción para mis blogueros bonitos. La última de Depedro: Déjalo ir. 
La escuché ayer y hace eco en mí. Que os guste. A mí me encanta.

Sed buenos.
Muaks!


lunes, 18 de julio de 2016

Monotonía

Si usted aprende lo que el mago ya sabe, se acabó la magia.
No sé en qué momento pasó. No estoy segura de cómo llegué a sentir esto, pero sucedió. Un día empecé sin querer a pensar de más y me encontré ante un precipicio que sabía de antemano que jamás saltaría, y al que sin embargo, no dejaría de asomarme ni un solo día.

Sé que te quiero para el resto de mi vida. Sé que tú eres mi familia y mi amigo y mi todo. Que no podría elegir a nadie mejor que tú. El padre de mis hijos, ¡sí, el compañero perfecto! No obstante, llevamos tantos años juntos que a días siento que me he perdido una parte muy importante de la vida. ¿Recuerdas que nos besamos por primera vez hace más de treinta años? Fuiste mi primer beso con lengua. No he besado a nadie más. Te extraña que te hable de estas cosas y mira... tampoco he hecho el amor con nadie más. Y no, no es que quiera otra vida, pero sí ansío otras experiencias. Y a ese precipicio me asomo cada día. ¿Y cómo dejar de pensar en ello? Hay tanto que siento que me he perdido...

Estamos dentro de una monotonía en sintonía, rutina llámalo si quieres. Me gusta, me aporta estabilidad, nos da seguridad. Todo permanece en su lugar si estamos juntos, como las fotografías que están desde siempre en la repisa del salón. Hay días que me aburro. Que me siento vacía. No puedo decírtelo. Pensarías que he dejado de quererte, o se instalaría la duda dentro de ti... ¡Y no tengo dudas! ¿Te queda claro? No dudo. Pero extraño algo que no tengo. ¿Quizá lo he idealizado? Puede ser.

También hemos sido educados para seguir un camino recto, sin bifurcarnos para no pecar. Imagina que tengo una noche loca. ¡O conozco a Christian Grey! ¡Qué escándalo! ¿Te acuerdas lo que te enfadaste porque leyera un libro así? No te gustó saber que me había puesto "cachonda". Incluso el término te hirió y a mí me costó decirlo. ¡Dios mío! Te sentó fatal. Era la primera vez que te expresaba un deseo tan reprimido. Cuando leíste el primer volumen dijiste que era nefasto, pero esa misma noche te giraste en la cama sin darme una ración mejor de cuerpo y piel. Los años hacen que el sexo se desvirtúe. O quizá nunca ha sido bueno, o quizá solo es simplón. O el porno nos ha hecho mucho daño en la imaginación... A lo que iba: imagina que salgo de la línea trazada. Solo un rato, solo una noche. No tengo dudas, te amo, te quiero para el resto de mi vida... ¿Me perdonarías? ¿Me perdonaría yo a mí misma? ¿Y si cuando entra una nueva corriente de aire en la vida uno ya no vuelve a ser el mismo?

Miro al precipicio mientras hago la comida. Llegarás a las dos. En quince días nos vamos a Lloret de Mar. Los niños bien, crecen. ¿Tú nunca has pensado en otra vida? Doy la vuelta a la tortilla. Cuando llegues te daré un beso. Todo estará bien. Todo está bien. Quizá después vuelva a fantasear. Quizá estoy en la cúspide de la felicidad y no lo sé apreciar. Quizá deseo demasiado para mí y la vida no es desear sino apreciar. Quizá un día me dejes. No, ambos sabemos que eso no pasará. Nos quedaremos solos cuando muramos y entonces seremos demasiado viejos como para desear otra vida. Desearemos el pasado que perdimos. A nosotros mismos. Y yo no consigo quitarme esta idea de la cabeza, como una canción del verano pegajosa donde alguien silba feliz y repite estribillo.

¿Dónde quedó el factor sorpresa? ¿Cómo dejar de pensar? ¿Cómo se evita la culpabilidad de lo no cometido? ¿Cómo se reprime el deseo? Igual te lo pregunto tras el postre, si me atrevo. No te temo. Temo tus dudas y que desconfíes de mí. Desearía que te pasara lo mismo. Aunque... ¿sería yo capaz de perdonarte? ¿Sería capaz de soportar que ha habido otras manos en tu piel?

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Temita de lunes: Quizás, quizás, quizás, cantada por Gaby Moreno. Curiosa versión.

Y curiosos pensamientos sobre las contradicciones y las dudas del ser humano. ¿Qué intensa, verdad? Runrunes e ideas que como siempre se mezclan y explotan en forma de entraditas. ¿Lo echábais de menos? Yo sí.

Cada decisión implica una renuncia. Cada día elegimos y renunciamos. Cada día sabemos por qué continuamos aquí o allá. Lo triste es cuando no tenemos respuestas de por qué seguimos donde estamos... ¡Ja!

Ahora a discurrir, a seguir disfrutando del verano y de quienes nos quieren. Aunque opto por disfrutar de poder querer y llevar la voz cantante en el amor. Amar... ¡ohhh!

Besos de lunes.
Sed buenos.

domingo, 3 de julio de 2016

De resacas, hielo y fiestas.

"Y me preguntan qué me pasa, y yo no sé qué contestar". Manolo Tena
Han pasado tres días desde que acabaron las fiestas. Mañana vuelvo al trabajo y la verdad, no me apetece. Sé que no soy la única que no está donde quiere estar, y por suerte, tampoco la única en soñar con un futuro mejor o más acorde a mi sentir. Pero a veces la vida es lo que te va tocando, hasta que reúnes el coraje suficiente como para dar otros pasos y soltar amarras hacia otro lugar. Y quien dice lugar, dice personas, o soledades.

Las fiestas dan para mucho: reencuentros, charlas y encontronazos. Besos largos y también escupitajos. Realidades para llorar de risa y realidades para llorar con congoja. Muchos días, mucha exposición y mucha verdad en las personas con quienes te cruzas. A algunos, no les hace falta ni beber para mostrarse y otros, necesitan unas copas para hablarte. 

Gente que te deja helada con su actitud, gente a la que es imposible comprender porque está cegada por la ira, la envidia o los celos y personas, por suerte también, que te hacen flotar como cubitos de hielo en un océano, danzando libremente y sin control. Gente iceberg, que muestra poco pero esconde mucho y lágrimas que derriten fachadas construidas a base de orgullo y amor propio. 

Resacas emocionales, de amigos que pasan a ser desconocidos, de conocidos que se transforman en enemigos, de amores que siguen siendo amores: pasados, cuajados y presentes. 

Las fiestas son sinónimo de tradiciones, de días de la marmota que año tras año se repiten con escasas variaciones. Este año me ha asombrado sentirme tan distinta, tan ajena e incierta, tan perdida y confusa. Galeones abandonados o con las tripulaciones renqueantes o desmotivadas, luchando aún en viejas guerras, difícil panorama para encarar un presente común. 

Y los días pasan, y llueve y amanece y sale el sol, y ves a tu gente llorar, emborracharse, huir, pelear, soñar e intentar salir a flote como sea... Y te ves a ti misma igual y tan distinta, que deseas que el tiempo pase más rápido para poder escapar también y volver a la rutina que aborreces para sentirte cómoda, porque el desconcierto nos sienta fatal. 

Hay un gran poso de tristeza tras cada encontronazo y, al mismo tiempo, una gran satisfacción personal por ser quienes somos, coherentes y fieles a nosotros mismos, luchando por lo único que nadie nos podrá arrebatar jamás: la paz interior y nuestra particular manera de sentir.

No podemos ser quienes no somos, ni podemos volver a ser quienes fuimos. Todo pasa, hasta nosotros y, dentro de un tiempo, nadie hablará tampoco de esto. Los días se superponen, los sentimientos van cambiando y la persona que éramos se va modelando para encajar en este mundo que cada día está más loco. Un mundo donde unos abogan por los cambios y la cordura del amor y otros, defienden con violencia ideologías y egos que ni siquiera comprenden. 

Resaca de hielo y fiestas, de holas y adioses y de cambios que se producen en microsegundos. El "click" mental que te hace dar un paso adelante o un paso atrás. La alarma que se programa automáticamente en ti. Sin que pase nada, sucede todo. Y continúas viaje, porque sabes que hacia adelante es el único camino hacia donde tienes que mirar. Y en lo más remoto de ti, a pesar de todo, de todos y de muchos, sabes que no estás sola, aunque muchos días lo sientas así.

Es lo que tienen las resacas, dicen. Vienen y se van. Y hasta la siguiente ola. 

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Durante esta semana mucha gente me ha pedido que escriba. Ha sido curioso, porque inconscientemente, había dejado un poco de lado el blog y fijaos que siempre me reencuentro en estas historias. No obstante no tenía historias que contar o resumir. La madeja se ha hecho enorme entre tantas experiencias compartidas y vividas. Así que esto ha salido hoy, y por ello os pongo ahora este temazo:  https://www.youtube.com/watch?v=DRnMIFY_gVU
Mañana de Mikel Erentxun, versionada por el gran Manolo Tena. Pedazo versión se curró. 

"...Cuando no sean noticia las canciones que escribí 
pensando en ti 
cuando mi contestador esté vacío de gente 
que no me amó ...
Dejaré de hablar de cosas que no he conocido 
ni conoceré 
dejaré de hablar más alto para hablar más claro...
Siempre quedará mañana, la mañana de mañana, junto a ti."


Un beso a todos los que me seguís y leéis. Sé que siempre encontráis un pedacito de vosotros en estas letras y quizá por ello debería escribir más a menudo, pero la intensidad del día a día me puede y a veces, hasta a mí misma que me cuesta muy poco hablar de sentires y emociones, me bloquea. Pero lo haré. Creo que la única forma de alimentar la alegría es construyéndola y compartiéndola. 

Sed buenos y continuad el viaje, hasta la próxima parada.
¡Nos leemos! Un besazo. 

jueves, 2 de junio de 2016

El lago de los cisnes

El lago de los cisnes - Michael Parkes
Siempre pensó que debería haber aprendido a tocar algún instrumento. Le parecía interesante poder expresarse de otra forma que no fuera con palabras. La gran mayoría de las veces se le quedaban cortas o erraba en su exposición y acababa diciendo lo que no quería decir. Perdía paciencia y personas, relaciones que se quedaban en el limbo extraño de los malentendidos.
Mil equívocos después, se detenía frente a los escaparates y miraba las guitarras, violines y flautas con un anhelo, mezcla de admiración y pereza. Nunca había sentido la apremiante necesidad de comunicarse con alguien tan desde dentro a pesar de todo.

Hasta que la vio. Como un cisne, apareció nadando en sus aguas oscuras e iluminó con su presencia el lugar y su mundo. ¿Cómo era posible? Él, que lo más que esperaba de la vida era que esta no le diera demasiados quebraderos de cabeza y le permitiera seguir manteniendo sus rutinas, de repente, se vio dentro de una espiral de deseo incontrolable.

-¿No serás una sirena, no?
-Puedo serlo, pero no.

Se sedujeron como lo hacen los animales, a base de olores y roces, hasta culminar en ese encuentro tan puro y salvaje como es el sexual. Tras un primer orgasmo que lo vació vinieron otros, y otros, y lejos de acallar el deseo, con cada encuentro, crecía.

-Es extraño esto que me provocas.
-Lo sé. Yo también lo siento.

Ella hablaba poco. Lo miraba mucho, parecía que lo analizara y sin embargo, ella solo lo observaba.

-Me gustaría encontrar las palabras adecuadas para cada momento y sensación -dijo un día-. Cuando tú crees que no tengo nada que decir, es al revés, me ocurre que no encuentro las palabras. Que temo equivocarme y decir lo que no es. Decir que te deseo menos de lo que lo hago o que te amo más de lo que siento.
-¿Cómo?
-¿Ves? No disponer de las palabras correctas es un problema.

Al día siguiente, gastó sus ahorros en un violín. Ella le había dado la clave. ¿Y si la compañía que le falta a mi presencia la pone mi música? Fue difícil aprender, costoso y frustrante. Cada tarde durante sus desastrosos ensayos, ella lo escuchaba paciente sin poner ningún gesto de aburrimiento o desesperación cuando las notas no sonaban con la cadencia que debían hacerlo.

-¿No te cansas de oírme?

Ella no respondía más que con sonrisas. Le seguían faltando palabras. Hasta que un día... la melodía sonó. Al principio él se sorprendió del sonido, ¡lo había conseguido! Ella, muy despacio, se acercó hasta él y lo besó.

-¿Quieres que hagamos el amor?
-Quiero que bailemos.
-No sabía que supieras bailar.
-Y no sé, pero necesito hacerlo.

Él dejó el violín en el suelo y sin música, bailaron hasta acabar, como cada vez que se tocaban, haciendo el amor sobre la alfombra.

-¿Así que te ha gustado que me haya convertido en un violinista, eh? -preguntó ufano.
-Lo que me ha gustado, ante todo, ha sido todo lo que cada día has hecho por nosotros.
-¡Wow! Vaya declaración... ¿no decías que te faltaban palabras?
-A veces solo es cuestión de encontrar el momento y el ritmo adecuado, mi amor.

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Anoche encontré este imagen de Michael Parkes. Puedo pasarme horas mirando sus pinturas. Están tan llenas de melancolía y belleza que no sé por qué me gustan tanto, quizá, porque me sugieren historias como esta. La de ese cisne que brilla más cuanto más se le permite brillar con sus luces y sus sombras. Cuando encuentra la vía de expresión adecuada, cuando comparte su soledad y se deja amar.

El mundo está cada día más loco. Cuesta encontrar la belleza en el día a día y a pesar de todo, sigo considerándome una soñadora incansable, porque busco la emoción constante, el placer estético y el amor. Me siento afortunada por tener quienes me sostienen cuando me tambaleo y quienes me permiten ser yo, en todas mis facetas, hasta en las más oscuras, dando sentido a mi locura particular.

El deseo, el sexo y el amor van estrechamente ligados. Pueden desligarse fácil, no obstante, pero acaban siendo como un violín tras un escaparate y una historia sin personajes. Una canción sin melodía. Tacto y contacto.

Sed buenos.

Os dejo esta vez un regalo de canción, que a su vez, me regalaron:
Cuando te empecé a querer, de Juanito Makandé. 

"...cuando estoy contigo, soy mejor persona y todo tiene más color..."

Me parece un tema sublime.
Que os guste.

viernes, 20 de mayo de 2016

Diarios de un día. Día 1

Nunca me ha gustado que suene el despertador. Ni aunque ante mí tenga el que considero en ese momento que va a ser el mejor día de mi vida. Si hiciera el cálculo de mejores días de mi vida quizá me sorprendería de la cantidad de buenos que ha habido, sobre todo, sin haberlos previsto. Llegaron.
Esta mañana cuando ha sonado, en cambio, no me ha molestado como otros días. Y no había nada atractivo en la jornada como para no protestar y dejarlo sonando. Tal vez que ayer cambié la música y como siempre, ésta me ha teletransportado directamente a una emoción. A una buena.

Iba en el tren. No había demasiada gente y solo se escuchaba el traqueteo. Nada más. El movimiento que te mece y tu mente que parece que se escapa de ti y te deja tranquila. Como cuando meditas o te relajas mucho, o justo ese momento etéreo antes de dormirte.

Anoche me acosté preocupada y sé que no debo. Que preocuparse es anticiparse a algo que posiblemente no vaya a suceder... pero ante determinados acontecimientos, cuesta parar la mente. Y la bola de nieve se va haciendo más y más grande hasta convertirse en alúd. Pasando de tener un simple runrún a luchar contra molinos de grandes aspas y a un Sancho que no viene a socorrerte.

La soledad es muy compleja. Uno se acostumbra tanto a ella que a la primera de cambio da un portazo y corta conexión. La paciencia es mínima, la tolerancia, también. Creo que los solitarios vocacionales se vuelven muy caprichosos. Estiman tanto sus espacios que no aceptan que nada les turbe, ni aunque sea por su propia evolución y mejora.

Entonces, ante nuevas tesituras, el solitario se remueve, se agita, se vuelve loco consigo mismo porque no se encuentra en su soledad y... no hay trenes suficientes para viajar, ni distancias tan largas como para recorrer. La ansiedad se queda en el pecho, la huída también. Uno aprende que el viaje siempre ha de ser hacia adentro para poder extrapolarlo y ahí, justo en ese trayecto, el peaje suele ser muy caro.

Suenan canciones, ves personas vibrando al ritmo del rock, abrazos, besos, lágrimas, despedidas y reencuentros y, giras como una noria, integrando que un adolescente se suicida de repente, que hay accidentes a todas horas, secuestros, violaciones, asesinatos, y llamadas de teléfono sin respuesta.

La vida, la puta vida con todos sus claroscuros. Luces y sombras y el terrible esperpento para algunos. A mí me sigue pareciendo maravilloso. La locura como único punto de cordura. La invención, la creatividad, las nubes.

Buscar para encontrar una sombra de quienes fuimos. Los recuerdos están tan decorados que ya ni los reconocemos con el tiempo. O a veces, duelen tanto, que preferimos silenciarlos. Los recuerdos en silencio no viajan. Solo viajas tú repitiendo el mantra: "aquí y ahora". Pero a veces no se puede. Te atrapan, te despiertan otros despertadores que le quitan las telarañas a tu olvido y recuerdas... Viejas ilusiones, viejos sueños, grandes fracasos y pérdidas, y un camino tan largo como pasado y un camino tan largo como futuro.

Aquí y ahora, ante un folio en blanco, hoy toca hablar de soledad con uno mismo. De soledades en plural, una por cada uno de vosotros y vuestras circunstancias, y otras soledades, las que se suman entre dos que nunca más se encuentran y continúan el viaje.

Nubes, despertadores, sueños y pesadillas, holas y adioses y finales con punto final intenso. Y soledad de sentirte solo, pequeño y olvidado; soledad de saber que es pasajero, como cada fotograma del paisaje que visitamos. Por suerte, y también por desgracia.

Echar de menos. No sé si hay un sentimiento más desestabilizante. La nostalgia y la melancolía te atontan. ¿Dónde están mis amigos? Eso cantaban Los Suaves. También Manolo Tena gritaba al vacío y tantos... Es necesario viajar al centro de uno mismo de vez en cuando para reajustarse por dentro. Pero no os quedéis, no te quedes, no me quedo. Hay que vivir fuera. 

Diario de un día. Así nos va. Y el silencio me da la razón.

https://www.youtube.com/watch?v=KBPTOkKkDfo

Silencio. Aurora Beltrán y mi Bunbury. No podía usar otro tema hoy. A veces uno pierde el sentido de las cosas y la música y escribir son las únicas armas que conozco para recuperarlo, o al menos, para encontrar el camino de vuelta a casa, tras el viaje.

Un beso.

jueves, 12 de mayo de 2016

Pasen...

Fotografía: Estitxu Ortolaiz

-Pasen...
Y pasamos. Pasamos a una sala con un solo bolígrafo y muchos papeles. Las paredes parecía que caían sobre nosotros y había un silencio tan tenso como el filo de un cuchillo que ambos, y de diferente manera, sentíamos en la yugular. De no haberlo tenido, de no haberlo sentido, quizá no hubiéramos llegado a esta sala. Pero a veces sucede. Ni él ni yo éramos ya los mismos, distorsionados por el tiempo y los desencuentros, heridos por las mentiras y verdades, por la ruptura de proyectos comunes y sueños, por las palabras a destiempo y la frustración de no llegar a un acuerdo cuando lo que se necesita ante cualquier situación es comprensión. Aunque no nos guste lo que nos cuenten. Y así fue.

No, no había habido manera.

Unos años antes con un solo bolígrafo rubricábamos un comienzo y de nuevo ante la misma tesitura, firmamos un final tan denso como el sabor del fracaso y la amargura. Ni miradas, ni saludos, solo el proceso que nos requerían quienes habían tomado las riendas de nuestras vidas para esta fría situación, porque nosotros éramos incapaces de gestionarla en conjunto.
-Solo serán unos minutos.

No, jamás pensé que esto acabaría así.

En el primer café sonreías tanto... Te gustaba tanto lo que yo decía y me creías tan capaz de tanto bueno... Yo te admiraba. Eras alegre. Ese tipo de hombre que sabe hacer reír y te llena de buen rollo. No obstante nuestras peores caras se las vieron, al fin, por fin, en una sala con un bolígrafo, porque era impensable continuar alargando la agonía de una ruptura. Desprecios, broncas y problemas enanos convertidos en gigantes amenazadores.

-Pasen y firmen aquí y aquí.

¿Cómo habíamos llegado hasta ahí? ¿Murió primero el amor? ¿Tú? ¿Yo? ¿O los dos? ¿La culpa fue de otros, de las circunstancias o de nuestra incapacidad para quitarnos la venda y comprobar que hay veces que hay que darse de bruces con la realidad del camino elegido para confirmar que no era el correcto para nosotros como individuos? ¿Y qué debíamos hacer? ¿Apechugar con la decisión? ¿Continuar con la mentira? ¿O ser honestos con la verdad de nuestros sentimientos?

No, eso no es lo que ponía en el papel.

Ni en ninguno de los mensajes cruzados, ni en ninguna parte. Mis razones no eran las tuyas y mis sentimientos hacía mucho tiempo que habían dejado de ser importantes para ti, porque te obcecaste de tal forma en defender los tuyos, que me convertí en la desconocida mujer que aún recordaba cómo sabían tus labios o cuál era tu perfume favorito y el color de la camiseta de tu equipo, o la talla de tu pantalón.

En efecto, solo podíamos claudicar y firmar. Pasar, y firmar.

El último café que tomamos juntos fue un desastre. Ambos habíamos ido con idea de acercar posturas y no para hacer del final un abismo y... salió mal. La distancia aún se hizo más larga. ¿Por ti? ¿Por mí? ¿Porque ya no sabíamos a quién teníamos delante y cómo hablarnos? El caso es que solo dejaste claro que no me perdonarías jamás.

No, tampoco pensaba que el castigo duraría tantos años.

Pero a veces hay historias que salen mal y con las que tenemos que aprender a vivir.
Porque SÍ, porque nunca sabemos lo fuertes que somos hasta que no nos queda más remedio que serlo.

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Anoche leí esta frase: "la nostalgia funciona, pero a veces es una ciénaga". Es de Javier Caballero. Me enviaron un enlace para mostrarme su forma de escribir y me gustó esa frase a rabiar. El odio es mucho más sucio y turbio que la nostalgia, si bien es cierto que sentirla te puede llevar a un remolino muy profundo de tristeza, el odio es destructor y limitante porque no te deja avanzar de pantalla en este videojuego que es la vida.

Pasen y compartan...
De ahí nació esta historia. De las ganas de partirte la camisa y decir: "esto soy", "esto tengo", "¿necesitas entrar en un lugar donde haya rasguños para no sentirte tan miserable?" , "¿quieres que te preste un poco de la sangre de mis heridas?" o "¿crees que eres el único que la ha cagado o al único al que han fallado?", "¿solo contigo la vida ha sido injusta?".

Pasen... y abran la puerta los valientes que heridos no tienen vergüenza de mostrar su camino y elegir acompañar a otros en el suyo, porque a fin de cuentas, de eso, creo, que sigue tratando todo esto. De vivir y compartir. De reír y compartir, de llorar y compartir. De abrir la puerta y dejar entrar y cuando ya no quepa más o nos duela o nos condicione, dejar salir, para volver a compartir.

Juzgamos y detestamos sentirnos juzgados. Los motivos que mueven un corazón solo los puede entender uno mismo. No existe perdón posible sin esta comprensión previa del funcionamiento del mundo. Así que pasen... y compartan. Pasen, y sigan buscando la felicidad. Si existe el día del Juicio Final, no creo que en sus puertas nadie nos vaya a reprochar haber querido ser honestos con nosotros mismos. Las penitencias ya se pagan con los castigos que te impone la sociedad y las personas que no saben gestionar sus emociones, ni sus prejuicios.
He dicho.

En el Paraíso viviremos en pelotas, de piel y alma. Y aquí, hasta entonces, seguiremos vistiendo ropa, pero solo por no escandalizar al personal, que el alma en cueros está preciosa.

Y que suene Clocks, de Coldplay en versión de Buena Vista Social Club. Esta canción me transporta a ese lugar donde reside la belleza y el buen rollo y todo lo bueno. Que os ayude a viajar.

Besos a todos en este mayo florido.

pd: fotón de Estitxu Ortolaiz. Me encanta usar su trabajo para mis textos, y esta foto es tan, tan, que contiene tanto... Milesker Esti. Muxus!

y POSTDATA 2: Pasen y dejan las tonterías a un lado. En estas salas los malentendidos y las pequeñeces sobran, rebotan, salen escaldadas. Se habla en otra lengua.




martes, 19 de abril de 2016

La soledad entera

Catrin Welz-Stein


Soledad fuerte, soledad entera.
La que no te incapacita. La que te ofrece perspectiva.
Como la del saltador de longitud antes de emprender la carrera. 
Observa, respira, visualiza y se lanza con el ímpetu, la energía y la confianza del que sabe lo que quiere conseguir.

La soledad prolongada a veces, solo es una forma de mirar mucho más allá del horizonte, 
de eliminar barreras y de armar el primer paso.

Soledad fuerte, soledad entera. 
Bendita soledad...

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Hoy solo dejo este enlace, que lo disfrutéis, que os haga pensar...




Sed buenos.
Muaks!

pd. venga va, que sin música las entradas quedan muy vacías.

Coldplay, Viva la Vida. Me pone las pilas.