martes, 16 de febrero de 2016

Más allá...

Fotografía: Óscar Rivera 

Más allá de "mundo adulto" existe un mundo olvidado. Más allá está ese precioso paraíso donde nos creíamos que todo era posible, que todo el mundo era bueno y que sobre todo, no había nada inalcanzable. Si no lográbamos algo, lo inventábamos, si estábamos solos, jugábamos con juguetes y  amigos imaginarios y si las cosas no iban bien alrededor, callados, mirábamos la escena y esperábamos pacientemente a que amainara el temporal, o sonreíamos a quien veíamos sufrir. Dulce empatía infantil cargada de ternura que en algún momento se pincha, como los globos de verdad al madurar. 
Más allá, en aquel "mundo niño", nos sabíamos invencibles. 
Más acá, solo abriendo bien los ojos hacia dentro podemos intentar romper las reglas de "lo correcto", "lo seguro", la puñetera estabilidad y los miedos adquiridos.

Uno crece y le copia lunares a sus padres, pero también miedos y pesares. Uno crece e imita gestos, repite errores y solo espera, como un niño, que no se los reprochen, sino que le enseñen a hacerlo mejor. Siempre he pensado que mis grandes entrenadores no fueron quienes más me chillaron, sino quienes mejor supieron explicar los conceptos, y quienes con sus movimientos, perfeccionaron los míos. 

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Llovía en Madrid este fin de semana. El Metro, como siempre, a rebosar. Y el ochenta por ciento de las personas miraba con desesperación su móvil. Nadie miraba a nadie. Bueno, sí. Yo. Miraba cómo todos esperaban ansiosos una notificación.
-¿Qué mensaje crees que esperan?
-No sé.
-Venga, va, ¿qué crees que espera escuchar la gente?
Y la respuesta flotaba en el aire que se esforzaban por evitar nada más pisar la calle. La respuesta estaba bajo la lluvia que no permitían que les calara protegiéndose con paraguas. 

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Esta mañana ha estado en el trabajo una mujer que lleva muchos meses muy triste. Hace un año celebraba la venta de una casa en Toulousse y treinta días después recibía los resultados de las pruebas realizadas a su marido, que explicaban sus frecuentes pérdidas de memoria. Un tumor cerebral. Hoy me ha contado que los médicos han dicho que son aproximadamente cuatro meses los que le quedan. 
-¿Y cómo estás?
Se ha echado a llorar y con sus lágrimas me ha respondido rotunda.
-¿Y él?
-Il commence à y penser.

Cuando se ha despedido, he visto que él esperaba en el coche medio escondido. No quería que viéramos su pérdida de pelo ni la enorme cicatriz que atraviesa de lado a lado su cabeza. ¿Ahora? He pensado. ¿Ahora es cuando él empieza a pensar en la muerte? ¿En su muerte? ¿De veras? ¿Cuando te dan una fecha programada como si fuera un parto? ¿En realidad la capacidad de vivir no la habéis adquirido hasta que no os habéis realmente creído mortales? 

**

Llovía en Madrid este fin de semana. En la Calle Fuencarral una pareja se quitó de nuestro camino para dejarnos paso. Me equivoqué de la mejor manera posible. Solo se apartaban de la muchedumbre para besarse con todas las ganas de detener el tiempo, resguardados también de la lluvia bajo las ramas de un árbol. Evitando interrupciones de seres que caminan absortos en los celulares o sus pies, o sus sombras. Me pareció sublime. ¡Se puede! ¡Se hace!

Y leo que hay personas que siguen buscando en los poemas de Benedetti la certeza de sus sentires. Me emociono con aquellos que se reinventan, que se mueven aunque les muelan los huesos. Con quienes apagan la televisión y dejan el teléfono en el bolsillo para fijarse de veras en quien tienen delante. En lo que tienen enfrente. 

Llega el invierno ahora a mitad de febrero y parece que todo sigue igual y sin embargo, siempre es distinto. Si hoy volviera a ser niña, jugaría y buscaría reírme hasta de mi sombra. No pondría excusas para la alegría ni le diría a nadie que "no puede". Es más, me sumaría a su locura y le diría que le ayudo, porque puede ser muy divertido jugar a otros juegos, aprovechando la imaginación de los demás. Asumiendo sin cuestionármelo siquiera que otros mundos también son válidos. Si hoy volviera a ser niña... me recordaría a mí misma todo lo bueno que aún me queda por hacer. Lo mucho que me puedo reír y lo mucho que me queda por inventar y llamaría a mis amigos para compartirlo. 

Un momento. Ya lo hago. ¿Y vosotros? Un gran bloggero al que admiro mucho desde que empecé en esto, escribió una vez un poema que se llamaba "la fiesta del instante". Plagio ese concepto. ¿Festejáis que estáis? ¿O esperáis a que se agraven los hechos? 

Me cansa la gente seta. Me gustan los adultos y adultas que se hacen cada día dos coletas. 

De paso, solo estamos de paso...

Fotografía: Óscar Rivera
Esta semana me ha dado por los fotógrafos amigos y me siento muy afortunada de que confíen en mí para dejarme utilizar sus imágenes para "soportar" mis textos. Jaja. Gracias, Óscar. Me encanta tu trabajo y tus proyectos. ¡Y lo sabes! Me gusta poder enseñarlos a mi gente. 
Os dejo aquí el enlace de su web por si queréis echarle un vistazo. Seguro que no os deja indiferentes. 


¿Y qué canción le pongo yo a esto? Ya que me ha dado por escribir un "max-mix" de los míos, os dejo este "max-mix" de Vetusta Morla y Xoel López. Profetas de la mañana y Tierra. Maravillosos. Los adoro.

"...cuando nadie cierra por dentro y el Sol hace de bisagra 
comparto tu misma noria, la giro si no te enfadas..."

"...yo soñaba cada día poder alcanzar la playa..."

Sed buenos, ¿vale? Y comeos las bocas y las rabias a besos. 
El mundo será un lugar más bello, seguro. Hagámoslo. 
Volvamos a jugar como los niños. ¡Te la paras!

Besos de Lady.

4 comentarios:

  1. Me apunto, hay que poner el mundo del revés y sacudirle las entretelas, o sacudirle a secas, a ver si espabila. Y ya puestos, recoger la calderilla que se le caiga de los bolsillos. ¡Ay! Que no viene a cuento, pero he visto en tu perfil que eres ama y se me ha ido el hipotálamo a los cueros y al látex y a unos zapatos de tacón de aguja en esas piernas infinitas y me ha entrado una vena masoquista que me obliga a infligirme puñetazos mientras te leo. ¡Ay! Cada vez escribes mejor ¡Ay! Muy chulas las fotos ¡Ay! ¡Ay!
    Te dejo que se me ha saltado un ojo ¡Ay!
    Un beso

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    1. jajaja, me encantan sus lecturas, Mr.
      He de decir que prefiero que traiga todas esas flores y se ahorre todos esos golpes, y no por zalamería, sino porque el pisito queda mejor con luz y sin sangre, y es que me gusta muy poquito limpiar manchas difíciles. Ya sabe.
      Mejor que todo sea sencillo, como la vida que queremos, el nuevo mundo.
      Muchos besos, Mr. Y gracias por venir.

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  2. el mundo es una caja de bolas de chicle que algunas han sido masticadas, otras se han colado y las que más pisoteadas por los pies que no ven más que teclas en el móvil. Ser niño en clase

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    1. ¿Ser niño en clase, Mr. Plebeyo? Yo elegiría ser el niño que descubre el chicle y hace globos y los hace estallar como acto de irreverencia.
      Buscando la alegría de vivir, siempre.
      Ser profe, Mr. Ser profe.
      Besos y gracias. Siempre.

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