jueves, 15 de diciembre de 2016

A remar...

Arriondas, Asturias. Agosto 2015. Río Sella.
Fue todo muy rápido, íbamos riéndonos, pensando en maldades absurdas y bromas, cuando llegó la curva. Nos golpearon y volcamos. Él salió bien hacia la orilla y yo caí mal contra una roca y reaccioné aún peor, ya que me quedé paralizada recibiendo más golpes de otras canoas que pasaban y de las piedras del fondo. Recuerdo la sensación de desconcierto.
-¿Estás bien? -me preguntó en cuanto pude llegar a su lado.
-Me he hecho una avería importante, pero vamos.
-¿Segura?
-Hay que seguir remando.
Y es que aún nos quedaban unos 6 kilómetros de descenso. Fue en agosto de 2015.
Esa misma noche en mi cadera ya había un hematoma del tamaño de un balón de basket y unos días después me dieron la baja, estuve tres semanas parada.

Los accidentes ocurren de repente, inesperados, llevándote al "aquí y ahora" sin que tengas tiempo de decir "esta boca es mía". Le dí muchas vueltas a ese momento. Recuerdo perfectamente lo que iba pensando cuando volcamos incluso. Y sé también, que la metáfora es perfecta, que solo había que dejarlo fluir, que un río no se puede controlar, como las emociones o los sentimientos; sé que fue un "párate y valora", "párate y mira", "párate y disfruta".

Hoy el traumatólogo me ha confirmado lo que me negaba a aceptar, y es que aquel día, me rompí algo por dentro. Se llama "labrum". Me gusta cómo suena. No me gusta el dolor que me provoca. He salido del hospital con volantes para un TAC, analítica de preoperatorio, cita de revisión con él de nuevo y mi año 2017 marcado en tiempos: "la operación dura algo más de 2 horas, 1 noche de ingreso, 3 puntos de la artroscopia, 4 semanas de muletas y entre 4 y 5 meses de rehabilitación. Eso sí, ahora estás en lista de espera, y calcula entre 4 y 8 meses hasta que te opere". Tengo que empezar a prepararme físicamente para cuando sea.

Mentalmente, ahora que lo escribo empiezo a salir del shock. No esperaba que me dijeran esto. Pero en mi fuero interno sabía que el dolor no iba a desaparecer por arte de magia. Necesitaba una solución y hoy me la han dado. Y es que no se puede vivir con dolor, con una molestia constante, y yo llevo meses mal. Cabezona y tozuda, en mi línea, tirando de coraje hacia adelante negándome a aceptar que quizá debería parar, otra vez. La coherencia también tiene que ver con escuchar al cuerpo y lo que demanda. No, no se puede vivir rodeado de personas que no te valoran, de gente que te trata mal, desmotivado nada más levantarte de la cama, falto de energía y ganas, porque el cuerpo habla.
No se puede vivir con la contradicción constante de ir o no ir, hacer o no hacer y nuevamente, no dejando fluir las cosas, confiando en que siempre lo que sucede, es lo mejor que podía haber sucedido, porque dentro del plan, todo es perfecto. Quizá debo recuperar mi mentalidad zen y confiar más y preocuparme menos. Cuidarme más, y trabajar menos. O, al menos, no con la sensación de que todo es un esfuerzo.

Estos días las noticias que llegan del mundo son horribles. Hay un encabronamiento global que asusta y se están tomando unas decisiones que solo los poderes políticos entienden por sus propios intereses. Dan ganas de bajarse de este mundo e inventar otro, empezando desde cero. Dan ganas de gritar, de llorar y de rebelarse contra todos aquellos que han hecho estas normas y contra todos aquellos que las asumieron y ahora se quejan. ¿Todo lo que está sucediendo es la roca que nos hará parar?

Él bromea al recordar ese día y me encanta que lo haga. Dice que si yo quedé así, cómo estará la pobre roca. Me vacila con los añicos que forman ahora parte del cauce del Sella y yo, veo cómo fluye el agua y la escucho en mi mente. Al final, pase lo que pase, aquí o allá, en este mundo loco o en un río, sólo nos va a quedar la opción de remar. Porque la vida sigue, siempre sigue, ¡ay, como el agua!

Todo va a salir bien. Tengo que romper el cuaderno de ruta que había trazado y quizá, atreverme a vivir sin él por una vez, tal vez funcione, no lo sé. Se trata solo de confiar, y remar.

Como no podía ser de otra manera, Rosendo  y su "a remar", es mi banda sonora indiscutible para esta entrada que etiquetaré como "diarios". Repetiré hasta la saciedad que si lo escribo, es que todo está bien, (así que no os preocupéis, que os conozco) que el problema siempre llega cuando hay silencios. Mañana empezaré a reír, como en la foto, recién terminado el descenso y con la marca del golpe en la cadera. Mañana asomará la payasa que habita en mí porque ya me habré hecho a la idea, tras descansar bien esta noche. Así que espero que vosotros también descanséis bien y soñéis bonito. Antes de apagar, yo escucharía la canción:

"Hombro contra hombro luchando en este mar 

Y a remar, a remar 
Llantos y alegrías que puedas entonar 
Y a remar, a remar.

Antes del asalto aguarda la señal 


Y a remar, a remar"

Sed buenos. 

Por cierto, el sábado y el domingo estaré en la Feria del Libro de Hondarribia, junto a otros autores bellos de la zona, con nuestro libro de relatos "Oskarbi 21". También, y cómo no, estará mi El Veto. ;)
¿Qué mejor que regalar sueños en papel? A remar, mi gente. Nos leemos. 


2 comentarios:

  1. hay que chequear ese cuerpo para que pueda emplearse a fondo en los quehaceres que el alma encomiende

    Pobre río...dejó de reirse cuando acometiste contra él

    cuídate

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  2. Rió, rió el río.
    Y ríe, ríe tú.
    Me parece maravilloso poder reír hasta de esto.
    Será que toca reposar y dejar al alma volar, o navegar en aguas libres...
    Besazos, Mr. Plebeyo.

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