jueves, 1 de diciembre de 2016

Fuegos y gatos.

Artista: Catrin Welz-Stein
Tengo un compañero de trabajo al que cada día le suceden mil cosas, y todas ellas relacionadas con las mujeres. No es un tipo especialmente atractivo, ni uno de esos hombres que llamarían la atención con su sola presencia. No destaca en altura ni en belleza, pero cuando habla... Cuando habla, transmite. Habla mucho y rápido. A veces parece incluso que trata de justificarse, las palabras le salen a borbotones. Su mente es ágil y enseguida comprende y replica.
Digamos que se llama Mr. Go.

Mr. Go no cree en el amor. Dice que es todo una pérdida de tiempo y una invención. Que incluso está reñido con la práctica de determinados deportes, porque tener pareja, implica un estar que el ejercicio necesita para mejorar.

-¿Y sólo crees que uno puede mejorar haciendo deporte?
-Ya sé por dónde vas, Lady. Me vas a decir que también se puede mejorar como pareja o persona pero, ¿si voy bien de valores?
-No iba a decirte eso.
-Escucha. Yo ya he estado en ambos lados de la vida. Jefe y empleado, parado y ocupado, he querido y me han dejado. Ya sé de qué va un poco todo esto.

Hoy le escuchaba sin saber muy bien qué decir. Ha entrado como un miura y necesitaba soltar todo aquello que sabe y ha aprendido. El resto de compañeros hemos sonreído. Algunos no han entendido nada y yo, sencillamente, le he dejado continuar.

-Imagina que me enamoro. Que pierdo la cabeza. ¡Eso es una auténtica putada si te gusta la vida que llevas! Mandar todo a la mierda, empezar de cero... ¡para que luego encima en cuanto se te pase tengas que arrepentirte! Me estás mirando con una cara...

No tenía espejo para verme pero intuía que mi ceja izquierda estaba alzada. Siempre me pasa cuando algo me sorprende. Mi ceja debe estar conectada con el asombro.
Cuando me ha dejado de nuevo sola con mis pensamientos, tenía su discurso en runrún.

No conozco a nadie que no se haya enamorado perdidamente alguna vez y que, a pesar de las heridas, rechace una sensación así. Puede impedirte mirar allá el miedo, pero renegar de un gran amor así...

Al despedirme de él me ha dicho:
-Lady, espero que no pienses que estoy loco.
-Bueno.
-¿Qué, lo piensas?
-No exactamente.
-¿Entonces?
-Creo que el simple hecho de que le pongas palabras ya habla de por sí.
-¡Anda no me jodas!

He conducido a casa riéndome. Somos un auténtico universo de personas interactuando. No sabemos ni la mitad de la mitad de la vida de los demás y a pesar de ello, incluso, creemos saberlo todo. Llevo días soñando con gatos. Gatos que se asoman por la ventana, gatos que se esconden tras las puertas o bajo la cama, gatos que caminan hacia mí... Gatos y no tengo gato. Ni perro. Ni a mi pobre pez.

Tenía 20 años cuando escribí que si había que morir, deberíamos morir de amor. Aún no conocía a Camilo Sesto, (ja), en todos estos años, me mantengo en aquella febril conclusión. No me habían roto el corazón en tantísimos pedazos todavía, no sabía de la media, la mitad. Y hoy día, que sigo caminando con cuaderno de notas en mano, aprendiendo a cada rato, volvería a garabatear que si he de morir, quisiera que fuera de amor. Con tiempo o sin él. Mandando a la mierda todo, empezando de cero y reinventándome. No conozco sensación más pura que esa entrega inicial sin paracaídas, cuando dentro de ti mismo sientes que ya no hay vuelta atrás. Y es que el amor es un gran viaje, del que nunca hay que regresar igual.

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Feliz comienzo de diciembre, mes de hacer balance. ¡Uf! ¿Ha ido bien? ¿Mal? A mí me está costando lidiar con mi propio caos. Cuadrar agenda, llegar a todo lo que quiero hacer y, ¡oh, vaya! Tan solo me ha durado el vacío literario unas semanas, la mente, ¡esta puñetera mente! , ya está de nuevo hilando fino para que escriba algo nuevo. ¡Y aún ni siquiera he mostrado el segundo proyecto! Así que 2017, como si de un nuevo amor se tratara... ¡agárrate los machos, que voy! ¡Qué expresión más fea! ¿No?
Mañana cuando vea a Mr. Go le diré lo que pienso. Le diré que pienso que aún no se ha cruzado en su vida la persona que lo desequilibre, que yo sigo creyendo en eso. Que tengo la certeza de que esos encuentros suceden, explosiones de luz a escala celular, epidérmica. Que creo en el amor y en toda pérdida de tiempo si es por, para o haciendo el amor.

Quizá mañana Mr. Go me mire diferente.
Quizá Mr. Go crea que la loca soy yo.

Cantan los maravillosos Vetusta Morla. Fuego.

"Pero, ¿quién quiere guardarse si no existe enemigo?
Pero, ¿quién quiere ocultarse de lo desconocido?
Fuego, siempre alrededor
Fuego, alguien olvidó que el fuego
Que el fuego, lo guardo yo".
 ¡Aún sigo vivo! 
Me cuesta retomar el blog y al acabar cada entrada, me cuesta apartar los dedos del teclado.
Sed buenos, besos mil e infinitas locuras bellas. 

2 comentarios:

  1. El amor es el matrix, la droga en la que vivimos. No existe más allá pero es la que nos cobija de la realidad de este mundo desquiciado

    Eso sí, hay momentos donde la ficción se confunde con realidad y son mágicos

    Besos

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  2. Mundo desquiciado, me gusta.
    Aunque me gusta muchísimo más que el matrix sea el amor.
    Besos, Mr. Plebeyo.
    Seguimos en la brecha.

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