domingo, 19 de febrero de 2017

Caleidoscópica yo.

"Cuando todo el mundo está loco, estar cuerdo es una locura"
A veces me apetece escribir historias de ficción, y no puedo. La realidad me pesa de tal manera que necesito sacudírmela primero, antes de poder echar a volar. Y hoy encima no he dormido. He visto pasar una tras otra, todas las horas de una larga noche silenciosa. En cambio mi cabeza era un hervidero. Infinidad de pensamientos y runrunes; a veces siento que sería capaz de volverme loca. O, perdonad, ¿acaso no lo estoy un poco ya? Porque no entiendo este mundo... y a días dan ganas de bajarse de él.

Anoche volvía a casa sobre las 22.30h. Sola. Luz y gente, una avenida transitada. Iba contenta, me lo había pasado muy bien, había sido un gran día. A lo lejos, me pareció ver demasiada gente formando un corro. No entendí la escena. Al acercarme, lo que no entendía se convirtió en un caos mental, porque comprobé lo que mi mente se había negado a entender: un grupo de unos seis o siete chavales estaban dando patadas a otro que permanecía en el suelo hecho un ovillo. Otros, sentados en un pretil, observaban la escena sin detenerlos. Al fondo, grupos de adultos que bien podrían ser sus padres, impasibles, con sus copas en la mano, comentando el fútbol o... a saber.

Me detuve frente a ellos sin pensarlo.
-¿Os parece normal?

Pararon. Varios se apartaron unos metros. El chico del suelo se levantó dolorido y los siguió. Entre las miradas de todos, que estaban descolocados porque alguien interrumpiera su "juego" o su "pelea", me encontré con la de un chaval al que había entrenado, que bajó la mirada ipso facto. Madre mía, pensé, ¿no pude enseñarte nada?

-¿Esto hacéis a los colegas? -les dije.
No se me ocurría qué hacer, ni qué decir. Estaba en shock.
-¿Quieres que te enseñe lo que hago, mamita? -me dijo un envalentonado chavalito de unos 15.
Después, me insultó.
El resto esperaba que él tomara una decisión para imitarle.
Le sostuve la mirada.
-Así no funciona esto... -atiné a decir, con calma, pero con mucha rabia por dentro, mientras él gritaba cosas que estoy segura jamás ha podido experimentar aún. ¡Qué atrevida es la ignorancia!

Y seguí hacia casa, con un nervio extraño en el cuerpo. ¿Y si de repente se les ocurría seguirme? ¿Y si me partían la cara? ¿Y si el chico del suelo hubiera sido mi sobrino, o mi hija? ¿Y si cualquiera de ellos fuera parte de mí? ¿Dónde encontrarían ellos la sonrisa en su vuelta a casa?

Al pasar al lado de esos adultos que continuaban con sus copas, también los miré. Me sentí sola en el mundo. ¿Nadie veía lo que acababa de pasar? ¿Nadie había sentido la necesidad de acercarse y parar? El resto del camino lo hice cabizbaja. ¿Qué mundo es este que vemos a una cuadrilla de chavales pegar a uno, indefenso, y nos quedamos quietos? ¿Qué mundo es este donde una maldita pantalla de televisión absorbe más atención que la propia vida?

En la cama, no pude conciliar el sueño. ¿Qué contarían esos chicos al llegar a casa? ¿Cómo explicaría la cojera el que después también calló? ¿Cómo entender que muchos de los que ayer hicieron la vista gorda en esa agresión, hoy estén tuiteando contra el gobierno, el ayuntamiento o el vecino del quinto? ¿Cómo aplaudir sus ansias de justicia cuando en el día a día son incapaces de ayudar al de al lado? Y digo lado, porque ayer el chaval estaba a su lado, solo que en el suelo, y Cristiano Ronaldo no le pasaba ningún balón. Ayer sentí vergüenza por una gran parte del mundo. Vergüenza, lástima, pena, angustia...

Gente que pide que se haga algo con los refugiados, los desahucios, los parados, ¡por Dios, los que pueden que se muevan! ¿Y tú? ¿Y TÚ? Sí, ayer una cuadrilla de chavalitos me podía haber partido la cara por meterme donde no me llamaban, pero no pude evitarlo. Aunque eran muchos, me sentí con muchos más recursos que ellos. Ni tengo necesidad de agredir a nadie, y en el caso de ser agredida o intimidada, también sé cómo debo actuar. Tampoco pensé. Las escenas surrealistas de la vida se crean de repente de la nada.

El mundo va muy rápido. Imagino que lo de anoche es solo un minúsculo episodio de lo que pasa cada día y a cada segundo en cualquier lugar del planeta. La violencia, el miedo, el abuso...

Tengo sueño pero no consigo dormir; ya es de día.
Un caleidoscopio puede dar infinitas imágenes y formas. Como mi mente. Como el día a día. Como la capacidad que tenemos de hacer bellas cosas o... intentarlo.

Quería haber escrito algo bonito, pero hoy tocaba entrada de entraña. Os dejo la única canción que puedo poner a este texto. Los Monty Python y su "Always look on the bright side of life" o lo que es lo mismo, "mira siempre el lado brillante de la vida". Una escena absurda, que lo dice todo.

Besos.

pd: ¡Por cierto! Me he apuntado al concurso de la blogoteca, ¿no lo dije, verdad? Si os apetece, podéis votarme. Tenéis el enlace a la izquierda. ¡Gracias! Sed buenos.
Solo espero de esta entrada que dé qué pensar. Yo necesitaba soltarlo.

Muaks!

2 comentarios:

  1. En esta sociedad deshumanizada, los héroes y heroínas deben estar dispuestos a relucir en el anonimato.

    Ahí queda llamar a la policía y denunciar a los padres...

    Lo bueno de no dormir, es que tarde o temprano cae una inesperada siesta

    Besos

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    Respuestas
    1. ¡Siesta! ¡Y re-siesta!
      Sociedad deshumanizada, pero ya ves, también hay hueco para la esperanza. ¿No crees, Mr. Plebeyo?
      También pasan cosas preciosas y se conoce a personas excepcionales.
      Un beso.

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