jueves, 2 de junio de 2016

El lago de los cisnes

El lago de los cisnes - Michael Parkes
Siempre pensó que debería haber aprendido a tocar algún instrumento. Le parecía interesante poder expresarse de otra forma que no fuera con palabras. La gran mayoría de las veces se le quedaban cortas o erraba en su exposición y acababa diciendo lo que no quería decir. Perdía paciencia y personas, relaciones que se quedaban en el limbo extraño de los malentendidos.
Mil equívocos después, se detenía frente a los escaparates y miraba las guitarras, violines y flautas con un anhelo, mezcla de admiración y pereza. Nunca había sentido la apremiante necesidad de comunicarse con alguien tan desde dentro a pesar de todo.

Hasta que la vio. Como un cisne, apareció nadando en sus aguas oscuras e iluminó con su presencia el lugar y su mundo. ¿Cómo era posible? Él, que lo más que esperaba de la vida era que esta no le diera demasiados quebraderos de cabeza y le permitiera seguir manteniendo sus rutinas, de repente, se vio dentro de una espiral de deseo incontrolable.

-¿No serás una sirena, no?
-Puedo serlo, pero no.

Se sedujeron como lo hacen los animales, a base de olores y roces, hasta culminar en ese encuentro tan puro y salvaje como es el sexual. Tras un primer orgasmo que lo vació vinieron otros, y otros, y lejos de acallar el deseo, con cada encuentro, crecía.

-Es extraño esto que me provocas.
-Lo sé. Yo también lo siento.

Ella hablaba poco. Lo miraba mucho, parecía que lo analizara y sin embargo, ella solo lo observaba.

-Me gustaría encontrar las palabras adecuadas para cada momento y sensación -dijo un día-. Cuando tú crees que no tengo nada que decir, es al revés, me ocurre que no encuentro las palabras. Que temo equivocarme y decir lo que no es. Decir que te deseo menos de lo que lo hago o que te amo más de lo que siento.
-¿Cómo?
-¿Ves? No disponer de las palabras correctas es un problema.

Al día siguiente, gastó sus ahorros en un violín. Ella le había dado la clave. ¿Y si la compañía que le falta a mi presencia la pone mi música? Fue difícil aprender, costoso y frustrante. Cada tarde durante sus desastrosos ensayos, ella lo escuchaba paciente sin poner ningún gesto de aburrimiento o desesperación cuando las notas no sonaban con la cadencia que debían hacerlo.

-¿No te cansas de oírme?

Ella no respondía más que con sonrisas. Le seguían faltando palabras. Hasta que un día... la melodía sonó. Al principio él se sorprendió del sonido, ¡lo había conseguido! Ella, muy despacio, se acercó hasta él y lo besó.

-¿Quieres que hagamos el amor?
-Quiero que bailemos.
-No sabía que supieras bailar.
-Y no sé, pero necesito hacerlo.

Él dejó el violín en el suelo y sin música, bailaron hasta acabar, como cada vez que se tocaban, haciendo el amor sobre la alfombra.

-¿Así que te ha gustado que me haya convertido en un violinista, eh? -preguntó ufano.
-Lo que me ha gustado, ante todo, ha sido todo lo que cada día has hecho por nosotros.
-¡Wow! Vaya declaración... ¿no decías que te faltaban palabras?
-A veces solo es cuestión de encontrar el momento y el ritmo adecuado, mi amor.

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Anoche encontré este imagen de Michael Parkes. Puedo pasarme horas mirando sus pinturas. Están tan llenas de melancolía y belleza que no sé por qué me gustan tanto, quizá, porque me sugieren historias como esta. La de ese cisne que brilla más cuanto más se le permite brillar con sus luces y sus sombras. Cuando encuentra la vía de expresión adecuada, cuando comparte su soledad y se deja amar.

El mundo está cada día más loco. Cuesta encontrar la belleza en el día a día y a pesar de todo, sigo considerándome una soñadora incansable, porque busco la emoción constante, el placer estético y el amor. Me siento afortunada por tener quienes me sostienen cuando me tambaleo y quienes me permiten ser yo, en todas mis facetas, hasta en las más oscuras, dando sentido a mi locura particular.

El deseo, el sexo y el amor van estrechamente ligados. Pueden desligarse fácil, no obstante, pero acaban siendo como un violín tras un escaparate y una historia sin personajes. Una canción sin melodía. Tacto y contacto.

Sed buenos.

Os dejo esta vez un regalo de canción, que a su vez, me regalaron:
Cuando te empecé a querer, de Juanito Makandé. 

"...cuando estoy contigo, soy mejor persona y todo tiene más color..."

Me parece un tema sublime.
Que os guste.